Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Laborismo británico: ¿de Blair a Brown?

Isaac Bigio
Isaac Bigio
sábado, 30 de septiembre de 2006, 01:42 h (CET)
La conferencia anual laborista está concluyendo y despejando el camino para quien ha de suceder a Tony Blair en el premierato británico.

Peculiaridades británicas
En Reino Unido la conferencia anual del partido gobernante siempre abarca el centro de la atención. Esto se refuerza en una ocasión, como la actual, en la cual el primer ministro anuncia su retiro y la única fuerza que puede elegir a su sucesor no es realmente el electorado, la reina o el parlamento, sino el laborismo, el cual controla más del 60% de la Cámara de los Comunes.

El sistema parlamentario uninominal británico es muy distinto al republicano de las Américas. El Reino Unido carece de una constitución escrita y de un presidente electo por un periodo determinado. Su jefe de Estado es hereditario y vitalicio y la reina es quien oficialmente nomina al primer ministro en base al líder del partido que obtiene más del 50% de la Cámara de los Comunes.

El sistema parlamentario británico está diseñado de tal manera que garantiza un bi-partidismo y que el que gana se queda con la mayoría absoluta. El partido gobernante tiene la potestad de mantenerse en el poder hasta durante un quinquenio, pero en medio de éste puede cambiar al primer ministro o adelantar elecciones. De allí que el laborismo sea hoy el único que pueda decidir quien remplazará a Tony Blair.

La conferencia laborista que se realizó entre el 24 y 28 de Septiembre no resolvió hasta que día Blair se quedará en su puesto ni quien lo remplazará. Sin embargo, los hechos que le precedieron y que le procederán han abierto una importante lucha interna.

Blair vs Brown
Pocas semanas antes de la conferencia una serie de funcionarios y de parlamentarios (algunos de ellos provenientes del entorno leal a Blair) fueron pidiendo al primer ministro una fecha para su retiro. Lo que más les asusta es la perspectiva de que el desgaste oficialista ha logrado por primera vez en casi dos décadas colocar a un líder conservador por encima del laborismo en las encuestas.

Blair, presionado, se vio obligado a anunciar que se iría en menos de doce meses. Esto satisfizo a Gordon Brown, su secretario del Tesoro, quien aspira a remplazarle. Sin embargo, abrió grandes heridas entre Blair y Brown.

Ambos ocupan los dos principales cargos en todo gobierno británico. El primero vive en el número 10 de la calle Downing y el segundo al lado en el número 11. En público Blair dice que Brown es el mejor canciller del tesoro que ha tenido su país y Brown dice lo mismo de Blair como primer ministro. Ambos se ufanan de haber logrado hacer que la economía británica crezca cada año y que se haya disminuido la inflación y el desempleo heredado de los conservadores.

Sin embargo, detrás de las adulaciones mutuas, existe una fuerte rencilla. Blair inicialmente manifestó que hubiese querido mantenerse todo lo que dura un tercer mandato, es decir hasta cumplir 13 años en el premierato. Sin embargo, Brown siempre le ha presionado para que le ceda el paso.

Mientras Blair es el mejor orador que tiene el mundo anglo-parlante, Brown le queda muy atrás en retórica pero ha demostrado dotes de administrador. Entre ambos hay diferencias de estilo y ambiciones, pero también hay distintas posibles tendencias, las mismas que hoy no aparecen muy demarcadas.

El discurso de Brown
El lunes 25 de Septiembre Brown dio lo que muchos llaman el más importante discurso de su vida. En una hora debió convencer a miles de delegados y cientos de miles de televidentes que él debe ser el siguiente primer ministro. Allí se arrepintió por sus pugnas con Blair a quien llenó de halagos, aunque tuvo la suficiente habilidad como para hacer que decir que Blair también se retracta de ello.

Su discurso fue muy cauto al no referirse a espinosos temas como la guerra iraquí, el planteo de Blair de dotarse de más armas nucleares o del submarino atómico Trident, las reformas de la seguridad social, etc.

Para muchos ello implicaría que él podría estar quizás más permeable a retirar tropas de Iraq. Sin embargo, Brown votó por la guerra y en su discurso manifestó la necesidad de seguir la cruzada antiterrorista en alianza con EEUU. No obstante, buscó ligarse al campo pacifista que existe en el laborismo insinuando que no se volverá a declarar una guerra sin que el parlamento la vote.

Brown reivindicó el ‘nuevo laborismo’ (la ‘renovación’ que hizo Blair de su partido al apartarlo del proteccionismo social para abrazar el monetarismo) pero también insinuó que él tenía valores del ‘viejo’ laborismo. Para The Guardian Brown quiere combinar ‘blairismo’ con ‘confianza’ y ‘conciencia social’, cosas que muchos activistas laboristas sienten que se han ido perdiendo.

Sostuvo que sus ejes serán ir hacia lo más cercano que se pueda del pleno empleo y a convertir al sistema educativo británico como el mejor que haya para poder competir mejor en la globalización. Brown insinuó que podía favorecer una constitución escrita.

Dudas ante Brown
Su discurso, sin embargo, no convenció a muchos blairistas ni a muchos izquierdistas. En el primer sector Cherrie, la esposa de Blair, agrió dicha presentación acusando a Brown de ‘mentiroso’ ante un grupo íntimo (ella desmintió eso tras 7 horas que la prensa lo había convertido en la comidilla del día; algo que no ha sido creído por la media). Para The Times el discurso de Brown logró hacer las paces solo con uno de los dos Blairs.

En el segundo sector hay disatisfacción por el hecho que Brown persiste en reclamarse blairista, en mantener la guerra antiterrorista y la introducción de los carnés de identidad, y en que no se pronunció sobre la privatización parcial del servicio nacional de salud (NHS).

Esto último es un punto muy sensible. Al igual que en el 2005 la conferencia laborista volvió a pronunciarse contra ello, algo que enfureció a Brown y que el gobierno seguirá sin hacer caso.

Para el comentarista Simon Hoggart la reacción de la Blair fue un ‘desastre’ que afectó al discurso de Brown. Horas después de dicho discurso Newsnight, el mayor programa político del país, reprodujo un sondeo ante votantes laboristas donde Brown se quedaba sin votos mientras el socialista John MacDonnell superaba el 10% y la estrella naciente es el ministro del interior John Reid.

La secretaria de relaciones externas Margaret Beckett y el vice-primer ministro John Prescott han salido a declarar que ellos apoyan a Brown en la sucesión. Esto implica romper el pacto de no hacer tal clase de declaraciones en medio de la conferencia. Sin embargo, muestra el intento de algunos sectores de buscar parar la posibilidad que emerja una candidatura blairista.

Hasta el momento solo se ha presentado una precandidatura para enfrentarse a Brown por la sucesión de Blair. Se trata de la de John McDonnell representando al ala socialista y anti-guerra. En el campo blairista se oscila entre aceptar a Brown o darle la lucha con un candidato alterno.

Blair no se pronuncia al respecto. El oscila entre dejarle la cancha libre a Brown evitando que una pugna interna pueda deteriorar la unidad partidaria y el poder alentar a alguno de sus mayores lealistas para evitar que Brown sea presionado por la izquierda y mantenga su lealtad al ‘nuevo laborismo’.

Blair debe jugar con una escopeta de dos cañones. El hecho que mantenga la expectativa en que alguno de sus ministros más cercanos pueda disputarle a Brown el premierato obliga a éste a no distanciarse de su reclamo de querer continuar las ‘reformas’ blairistas. Si Brown se aleja de ello para buscar el voto del ‘viejo laborismo’ entonces sí podrían lanzarle una candidatura alternativa.

Para Neil Kinnock, ex líder laborista, no es viable una candidatura blairista contra Brown. El debe estar calculando que en caso que ésta se diese y hasta pudiese ganar, heredaría un partido dividido con un ala brownista que se aliaría a la hoy débil ala izquierda.

De allí que para los blairista el escenario ideal sería que Brown solo compitiese con candidaturas mínimas (como la de John McDonnell ) y que fuese aclamado pero manteniendo una plataforma blairiana.

El discurso de Blair
El martes 26 fue Blair quien discurseó ante la conferencia laborista. El fue aún más aplaudido que Brown demostrando que pocos tienen en el mundo tan buena retórica como él. El tardó en devolverle los cumplidos a Brown. En todo momento se mostró modesto y no altanero. El tono que dio al partido fue de sugerencia y no de imposición.

Sin embargo, él fue muy claro en afirmar que el laborismo debía mantenerse en el centro, mantener su actual alianza con EEUU (que no exige medias tintas), las reformas pro-mercado en la seguridad social y la introducción del carné de identidad. El manifestó odiar al laborismo de los ochentas, es decir el que planteaba defender el estado de bienestar social y el auto-desarme nuclear. Blair planteó que en política es importante mantener decisiones firmes, aunque equivocadas, que es mejor que no tener ninguna.

El mensaje de Blair era claro. El no quiere acrecentar la división interna y está dispuesto a apadrinar a Brown si él continúa sus políticas. El volvió a centrar su discurso en atacar a los conservadores y de manera indirecta atacó a los izquierdistas de su partido quienes tienen políticas que hoy los ‘tories’ tratan de tomar (como ser críticos a la diplomacia de EEUU y a la introducción de carnés de identidad). Para él la única manera de derrotar a los conservadores es siguiendo apareciendo como un partido pro libre empresa y no meramente sindical.

Al día siguiente fue el ex presidente norteamericano Hill Clinton quien fue el protagonista. Según The Guardian él fue el gran espaldarazo de Blair y también un buen abogado de Brown.

Avances
Blair ha logrado en esta conferencia dos avances. Se ha despedido con aplausos con lo cual podrá buscar estirar su mandato hasta después de las elecciones municipales y regionales de mayo 2007 (y no antes como hubieran querido los brownistas) y ha mostrado su gran convocatoria interna y su capacidad de obligar a Brown a reivindicar su herencia.

Brown también ha obtenido dos grandes avances. Ha demostrado que puede ser un líder alterno y ha conseguido importantes adhesiones, mientras que aún viene logrando evitar que surja un contendor blairista por la conducción del partido y del país.

Lo que podría estropear los planes de Brown sería distanciarse mucho de Blair provocando la irrupción de Jon Reid u otro blairista, y el hecho que las encuestas muestren que el tory David Cameron le acrecienta en ventaja.

La izquierda laborista también ha logrado dos avances. Por un lado viene creciendo lo que se evidencia en la marcha de más de 50,000 personas contra la guerra en la inauguración de la conferencia y en el hecho que esta vez presenta un candidato contra la dirección. Por otra parte, volvieron a derrota al gobierno con una moción en contra de la privatización de áreas de la seguridad social.

Ni el blairismo ortodoxo ni la izquierda son capaces de derrotar a Brown. El sabe que debe esperar.

Incertidumbres
Sin embargo, Brown no tiene el camino asegurado. Es mas, incluso de llegar al premierato él no podría demostrar que podría conseguir un cuarto mandato para el laborismo sea en el 2009 ó 2010. Tres son las herencias negativas que recibe de Blair:

1) Desgaste del gobierno y en las guerras, en particular la afgana, que viene causando mayor número de víctimas británicas.

2) Que esto último siga haciendo crecer a las oposiciones conservadora y liberal, así como al ala roja interna antibelicista (la misma que lidera con Livingstone la alcaldía de Londres y tiene en John McDonnell a un candidato por el premierato).

3) Que por primera vez en casi dos décadas los conservadores tienen un líder (David Cameron) que si tiene la capacidad de copiarse postulados laboristas y de restarles sobrepasando en las encuestas.

Para el laborismo el gran susto es que les pase lo mismo que a sus camaradas socialdemócratas suecos que acaban de perder el gobierno, pese a atener una buena perfomance económica, debido a que la derecha se tornó centrista y ‘juvenil’ y le ganó plagiando parte de su programa.

Muchos creen que Blair estaría entrando en una fase final tipo Thatcher en su año último y onceavo en el poder. La diferencia está en que Blair ha tenido el suficiente tino de anunciar su retiro antes que forzar una guerra interna y en que las diferencias internas dentro del laborismo entre sus alas mayores no son muy profundas.

Sacando las lecciones suecas el laborismo buscará una renovación. La cuestión será en que dirección irá y cuantas concesiones hará Brown a Blair y a la izquierda anti-guerra y anti-privatizaciones. El deberá buscar arbitrar entre ambas pero pegándose más al ‘nuevo laborismo’.

________________________
Isaac Bigio escribe desde Londres y Manchester. Proviene de la London School of Economics.

Noticias relacionadas

Cataluña del futuro

Mientras Cataluña vive la campaña del 21-D, el heredero de Fortuny, el ex-president Puigdemont sigue como un exiliado en Bélgica

Perpetuar nuestro cáncer

La autarquía, la corrupción, la des-justicia, los privilegios

El 9 de diciembre de 2017

El Dia Internacional contra la Corrupción y para la Conmemoración y Dignificación de las Víctimas de Crimen de Genocidio y para la prevención del mismo no estaban en la actualidad española de este domingo

Sin acatamiento de las leyes no hay Estado de derecho

“Seamos esclavos de la Ley para que podamos ser libres” Cicerón

Puigdemont y los encantadores

Puigdemont ya no contempla sublimadoramente un horizonte de independencia pero sigue aduciendo turbias estratagemas
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris