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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

VOX, un nuevo proyecto político

"Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas, para remedio a ellas”, M. de Cervantes
Miguel Massanet
jueves, 16 de enero de 2014, 08:40 h (CET)
Existe un proverbio chino que dice así: “El dragón inmóvil en las aguas profundas se convierte en presa de los cangrejos”. Es obvio señores, y estos días pasados hemos tenido plena constancia de ello, que la situación interior en España es manifiestamente mejorable. No pasa día sin que los españoles nos levantemos con una nueva sorpresa, con un sobresalto que añadir a los acumulados de las jornadas anteriores, con una nueva muesca que marcar en el tronco del árbol de nuestras desgracias. El país empieza a quejarse de la inoperancia de sus políticos, ha perdido la confianza en quienes los gobiernan y se siente defraudado por el sistema de partidos ya que, ninguno de ellos, tanto el del Gobierno como el resto de los de la oposición; han sido capaces de dar la talla en unos momentos en los que, fuere por la crisis mundial, fuere por el mal gobierno de los socialistas de Zapatero; por las insidiosas maniobras de los separatistas; por las intrigas de los antisistema o por una cierta miopía del actual gobierno del señor Rajoy (obsesionado por el tema económico), que parece que prefiere dejar que el resto de problemas acuciantes que vienen afectándonos sigan su camino, en la confianza de que, el tiempo y Santa Rita de Casia, abogada de imposibles, lo solucionarán todo.

Lo que ocurre es que, la degradación de nuestra democracia está adquiriendo tintes tan sombríos que, muchos, nos empezamos a cuestionar si los que dirigen la nación viven en una especie de nube, en la más pura inopia o es que tienen miedo, no se atreven o dudan de sus capacidades, para enfrentarse a una situación que se va convirtiendo, a medida que transcurre la legislatura, en una verdadera amenaza para la estabilidad, la unidad, la convivencia entre españoles, la seguridad ciudadana, el mantenimiento del orden y el normal funcionamiento de las instituciones que, cada vez más, se convierten en el objetivo de aquellos cuyo objetivo es crear el caos, alterar el orden, destruir la convivencia y provocar enfrentamientos con las fuerzas del orden público; de lo que esperan conseguir crear una situación insostenible, propicia a la revolución izquierdista que, en nuestro caso, el de España, viene favorecida por ,las trapisondas del nacionalismo separatista que piensa que, una situación de inestabilidad de la nación, podría favorecer sus proyectos soberanistas.

En un comentario que hicimos hace unos días, mencionamos un anteproyecto, en sus primera etapas, de constitución de una nueva formación de carácter político, heredera de los valores, los principios, los ideales y las buenas maneras de Alianza Popular, libre de las servidumbres que, el PP del señor Rajoy, ha venido acumulando al incorporar a algunos miembros de su ejecutiva que, al parecer, no comulgan con el viejo ideario que reunió a unos millones de españoles bajo la batuta de don Manuel Fraga Iribarne. Los efectos de la doble moral que pretenden imponer estas personas, que actúan de topos dentro del partido del Gobierno, no han tardado en hacerse notar y así es que, los asombrados votantes del PP, hemos contemplado con pasmo como, en las discusiones que han tenido lugar con motivo del proyecto del señor Gallardón, sobre la Ley del Aborto, los ha habido que más parecían seguidores del señor Rubalcaba que miembros de un partido de evidente tradición cristiana.

No podemos dejar de sentir una inicial simpatía por el nuevo proyecto del señor Abascal y del señor Ortega Lara, que parece que ya se ha convertido en una realidad, por el que se crearía una nueva formación de carácter nacional, denominada VOX. La idea sería recoger a todos los desencantados del PP del señor Rajoy que, como rezan las más recientes encuestas, suman millones, y reconducirlos hacia un nuevo partido en el que se siguieran, se respetaran, se protegieran y se les diera impulso a todos aquellos ideales que hicieron que una multitud de votantes optara por el antiguo PP, para intentar contrarrestar lo que se ha demostrado ser una izquierda con distintos collares pero con idénticos propósitos laicistas, igualitarios, relativistas, doctrinarios y frente populistas; en definitiva, aquellos que hace apenas dos años nos llevaron al borde de la ruina y que, si se continúa transigiendo y aceptando que vayan avanzando en sus intentos, acabarían por convertir a España en un nuevo nido de comunistas, terroristas e independentistas, con lo que la unidad de la nación quedaría a merced de los sediciosos nacionalistas.

Sin embargo, sin querer insistir en las recomendaciones que hicimos en nuestro anterior comentario, a nadie se le oculta la dificultad que lleva inherente el que, a dos años de las elecciones legislativas, se tenga que dar a conocer, dejar evidenciados sus propósitos e ideales y las normas por las que se va a regir, una nueva formación; en unos momentos en los que el desencanto sobre los políticos ha llegado a cuotas nunca vistas. Sin duda que lo más urgente sería sumar, con la mayor rapidez posible, a figuras ilustres y capacitadas, sobradamente conocidas y de gran prestigio, que han demostrado últimamente no estar en sintonía con la forma de gobernar del actual ejecutivo. Cuantos más mejor, aunque ello suponga un plus de generosidad de quienes han tomado la iniciativa. Por encima de intereses personales y de egoísmo, es preciso que quien encabece el nuevo partido sea capaz de ganarse la confianza de sus futuros electores, que pueda presentar un currículo político y personal impoluto, lo mismo que se les debería exigir al resto de la junta directiva.

No se puede despreciar la cuestión económica lo que, en ocasiones, puede constituir un cierto handicap, porque la financiación no suele conseguirse sin contraprestaciones. Es impensable para una formación que se inicia, empezar debiendo favores a banqueros o mecenas que no sean miembros y no compartan, con el desprendimiento necesario, los valores que han inspirado a quienes han promovido el nuevo partido. Por supuesto que será una labor dura abrirse camino entre esta pléyade de partidos, la mayoría de ellos afectados por casos de corrupción, que no dejarán que la competencia les reste votantes; por lo que es de esperar que pongan todo su empeño en desprestigiar, ningunear, atacar y menospreciar a cualquiera que supongan que les va a restar protagonismo y, en este caso, el que más va a cargar las tintas en esta tarea va a ser, lógicamente, el partido del Gobierno, el PP.

Ahora nos queda conocer, cuanto antes, el ideario por el que se va a regir; su organización interna, sus estatutos y la fórmula democrática por la que se van a elegir los cargos directivos y la participación que en estas elecciones van a tener los ciudadanos de a pie. Es posible que fuera conveniente tantear a otros partidos marginales, de ideas parecidas, las posibilidades de participar en coalición en determinadas elecciones, como pudiera ser el caso de las Europeas, aunque, dada la proximidad de las mismas, es poco probable que esto pueda darse.

No sé las posibilidades de éxito que pueda tener este nuevo intento de acercarse a las bases y escuchar sus voces; pero lo cierto es que, si no se intenta, si no se corren riesgos y no se echa valor, nada en este Mundo se conseguiría. La intención es buena y no hay duda de que, a priori, es muy posible que se ganen la simpatía de muchos españoles asustados y desengañados de la actual clase política. Todo dependerá de la inteligencia y generosidad de quienes han iniciado este proyecto. O así es, señores, como veo este nuevo reto político.
Comentarios
Manuel Ramírez Fernández 16/ene/14    18:00 h.
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