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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Del ruido de sables al desgobierno de las masas

“Toda revolución comienza en los idealistas y acaba en los tiranos”, L. Latzarus
Miguel Massanet
jueves, 16 de enero de 2014, 08:30 h (CET)
Las tácticas para erosionar la Democracia no consisten en atacar sus valores y principios directamente, en renegar de sus reglas de convivencia ni en apoyar otros sistemas de gobierno y esto, sin duda, lo saben a la perfección los viejos revolucionarios del frente popular, los antisistema o los progres agitadores de masas o, lo que es lo mismo, los enemigos acérrimos del orden, de la libertad, del gobierno elegido democráticamente y de los derechos individuales de las personas. Aquellos que reclaman el derecho a manifestar sus opiniones libremente, a ocupar las calles para dar a conocer sus ambiciones o que intentan imponer sus criterios por encima del de los demás, ejercitando la opresión física o psicológica para conseguir sus objetivos revolucionarios; saben que la mejor baza con la que cuentan es, precisamente, actuar en nombre de la “sacrosanta democracia”; claro que, entendida como el poder ilimitado de las masas que está por encima del de las urnas y que tiene la ventaja, para quienes lo utilizan, que puede ser dirigido fácilmente por los grupos minoritarios de agitadores, que saben como conseguir que, ciudadanos pacíficos, lleguen a convertirse en verdaderos arietes contra el orden, la seguridad y las mismas normas de convivencia que, por medio de sus órganos democráticamente elegidos, se han dado a sí mismos.

La izquierda, en este país, no tiene nada que ver con la SPD alemana, los demócratas estadounidenses o el mismo socialismo del señor Holande, en Francia; nuestra izquierda viene de una monarquía fracasada que condujo a una República dominada por extremistas que, cuando llegó al poder la derecha de Gil Robles en 1933, utilizó los mismos métodos extraparlamentarios y revolucionarios (Revolución de Asturias de Octubre de 1934), con desmanes y huelgas salvajes invadiendo las calles de las grandes ciudades y que culminó con las elecciones de 1.936, amañadas por las izquierdas, que dieron paso al llamado Frente Popular de carácter ácrata y comunista. La lucha de clases que llevó a la Guerra Civil española, no terminó con la finalización de la contienda y, los rencores que habíamos dado por superados con la llegada de la democracia y la ley de reconciliación nacional; en realidad han sido mantenidos, a través de las generaciones, por aquellos que no tuvieron, como la tuvieron los del bando vencedor, la grandeza de renunciar a las heridas heredadas de la guerra y supieron perdonar a sus adversarios con el reconocimiento del PC y la Ley de Amnistía.

De lo que no hay duda, y lo hemos mencionado en varios de nuestros comentarios, es de que, el sentido democrático que se le ha querido dar a nuestro país, al establecer la Monarquía Parlamentaria por medio de la Constitución de 1.978; no ha sido aceptado de hecho, por partidos de izquierdas como el PSOE del señor Rubalcaba o la IU del señor Cayo Lara, en cuya formación continúa el señor Llamazares, por cuya boca hemos podido escuchar las expresiones del más absurdo, fanático y desnortado revanchismo, impropio de una situación de normalidad institucional y de respeto a las leyes; como es la que tenemos en nuestra nación. Como capítulo aparte, pero por motivos distintos, podemos mencionar otro tipo de fanatismo que es el que vienen esgrimiendo los partidos nacionalistas, empeñados en ir hacia su propia destrucción al intentar, incumpliendo las leyes estatales, conseguir la independencia de España.

Pero lo que está sucediendo últimamente en este país es fruto inequívoco de una alianza de, prácticamente, todos los partidos del ámbito parlamentario español, que están intentando combatir una de las consecuencias de la democracia, que consiste en que un partido, legítimamente, a través de una consulta en las urnas, haya conseguido una mayoría parlamentaria que le permita gobernar con mayor soltura. Aunque no es lo habitual, lo cierto es que, en situaciones de grave quebranto de una nación, cuando es preciso usar mano firme para enmendar una situación que puede ser muy grave para toda la ciudadanía de un país, es cuando la sabiduría popular decide otorgar a un partido toda la confianza, para que pueda llevar a cabo aquellas actuaciones y reformas precisas en orden a lograr la recuperación económica, financiera o social, amenazada por la crisis. Evidentemente, si se tuviera que acudir a coaliciones con otras fuerza políticas, dada la especial idiosincrasia de los españoles, la tarea de conseguir acuerdos sería mucho más difícil y con el peligro de que, las urgencias, no pudieran ser atendidas con la debida ductilidad o rapidez, debido a las posibles diferencias entre los partidos coaligados.

Esta situación ha llevado a que, en la mayoría de los casos apoyados por partidos de izquierdas, estén empezando a adquirir una cierta notoriedad, yo diría que una desagradable y poco ejemplar notoriedad, los corpúsculos, asociaciones cívicas, grupos disidentes (los del 15M), antisistemas, estudiantes o agitadores profesionales, que han empezado una especie de guerra de guerrillas para obstaculizar cualquier acción de gobierno, sea a nivel estatal o lo sea a nivel municipal o autonómico.

El intento de vaciar de contenido la labor de los mandatarios electos por sufragio popular e intentar asumir el protagonismo y la facultad de usurpar funciones que no les competen, para decidir sobre temas de interés general; por parte de pequeños grupos aislados de ciudadanos, políticos marginales o presuntos intelectuales; se está convirtiendo en una epidemia que, cada día que pasa, parece que se va contagiando de un lugar a otro de la geografía nacional; poniendo en cuestión la autoridad, la responsabilidad, el mantenimiento del bien común y la defensa de los intereses nacionales, otorgados a quienes democráticamente han sido elegidos para ello; pretendiendo que sean usurpados por pequeñas comunas, sin preparación ni representatividad alguna, aparte de la que ellos, temerariamente, se auto otorgan; se está convirtiendo en una preocupante costumbre capaz de poner en un brete a la policía, suscitar enfrentamientos entre ciudadanos, crear el caos callejero y llegar a producir efectos nefastos en la vida y convivencia de los ciudadanos de una ciudad.

Lo que está ocurriendo en Burgos; la manifestación a favor de los presos etarras en Bilbao; los desplantes separatistas en Catalunya y el País Vasco ( con apoyo de los partidos nacionalistas); las incitaciones de algunos políticos a la desobediencia civil o al incumplimiento de las leyes; los chantajes al Gobierno legítimo o determinados comportamiento levantiscos de algunos ex jueces, que pretenden crear un clima de descontento aprovechándose de la difícil situación en la que se encuentra España, sólo por despecho, rencor y fanatismo filo comunista son, señores, una muestra de la irresponsabilidad de todos aquellos que, a diferencia de la mayoría de ciudadanos y desempleados que están pasando por momentos difíciles y, no obstante, dan un ejemplo de solidaridad y patriotismo; quieren sacar tajada en beneficio propio o de sus formaciones políticas, aunque sepan que, con tales comportamientos, lo que pueden conseguir es que el desorden, los enfrentamientos entre españoles y la destrucción de nuestro entramado económico, político y social se conviertan en una realidad que, como se puede colegir, no tendría otro final que el ser excluidos de la UE, de la Zona Euro y de las ayudas que venimos recibiendo de Europa.

No podemos menos que recordar las gravísimas consecuencias que para España y los españoles trajeron aquellos hechos, tan similares a los que se están reproduciendo en la actualidad, que tuvieron lugar hace 75 años. Esperemos que el Gobierno sepa poner remedio antes de que la situación se le escape de las manos.
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