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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Ana Pastor, una ministra que se gana su sueldo

“Sean tus agudezas sin mordacidad, tus bromas sin vileza, tu risa sin carcajadas, tu voz sin alboroto, tu andar sin atropellamiento”, L.A. Séneca
Miguel Massanet
lunes, 13 de enero de 2014, 08:44 h (CET)
Ministra de Fomento, fiel colaboradora del señor Rajoy, de talante conciliador, de aspecto sencillo, discreto y agradable, con gran capacidad de trabajo, inasequible al desánimo, inteligente y bien considerada por todo el mundo; lo cierto es que, Ana Pastor, creo que puede ser considerada de las únicas políticas, del PP y de la propia oposición, que ha conseguido mantenerse alejada de los grandes debates, de los ataques furibundos y de las descalificaciones brutales a las que han sido sometidos, por los partidos de la oposición, todos los otros ministros del equipo del actual Presidente del gobierno español. Una señora a la que no se la tiene que reclamar cuando se presencia es conveniente o necesaria, porque siempre es de las primeras en acudir a los lugares en los que se la precisa; la que toma las riendas del asunto y la que imparte las instrucciones para que, sin demora, se ponga en funcionamiento la maquinaria del Estado para ponerla al servicio de aquellos que precisan de ella.

Una veterana de la política ( fue ministra de Sanidad y consumo entre los años 2002 y 2004) licenciada en medicina y cirugía por la Universidad de Salamanca; no se arredra ante las dificultades, al contrario, su figura parece que se crece cuanto mayor es el reto al que enfrentarse. De carácter moderado se enfrenta con serenidad a los problemas y, como ha demostrado en innumerables ocasiones, especialmente en los últimos años, desde que el PP asumió las riendas del Gobierno de la nación; tiene la habilidad y mano izquierda para sacar provecho de cualquier entrevista, reunión o conferencia, aunque trate con personas de distinta ideología a las que sabe meterse en el bolsillo con su simpatía y carácter afable. En su trabajo sabe buscar aquellos partes o elemento en los que pueda tener coincidencia con sus interlocutores y, partiendo de estas bases, poco a poco, se los va ganando hacia sus propias tesis, que siempre están presididas por la sensatez, su sentido práctico de las cosas y la buena fe que preside todos los actos de su vida política.

Cuesta encontrar puntos de coincidencia con sus compañeras del PP y, menos aún, con las belicosas, desaforadas, extremistas y poco negociadoras ministras del PSOE, que todavía no han logrado encontrar el hueco en su coraza de honradez, su escudo de efectividad y preparación y, sobre todo, la seguridad con la que trata todos los temas que ha de resolver, lo que deja constancia de que se los prepara muy bien, se asesora a fondo y no deja flecos sueltos que les dieran bazas a sus oponentes para refutarla. Ni en Catalunya, donde sólo mencionar a Madrid o a cualquiera del resto de ministros del PP se les erizan los vellos y les coge el terebrante, sin embargo, a ella se la recibe con todos los honores, se negocia afablemente y, por supuesto, se dejan aparte otros temas que no vengan al caso; lo que demuestra que, en muchas cuestiones, la proximidad entre los interlocutores, el centrase en los temas concretos que se tienen que resolver y el obviar cuestiones que sólo pueden significar un obstáculo en la negociación de que se trate, es una sabia práctica.

Si querer restarle mérito a nadie y sin establecer comparaciones, que siempre son odiosas, creo que el señor Rajoy cometió una equivocación a la hora de elegir al vicepresidente del Gobierno, en este caso vicepresidenta. El país necesitaba además de una persona de buena preparación, como es el caso de la señora Saez de Santamaría (una excelente Portavoz y parlamentaria), una persona con algunos años más que, sin ser demasiado mayor, tuviera más experiencia en los temas públicos; que inspirase más respeto y que, llegado el momento, tuviera la autoridad necesaria para tomar en sus manos asuntos de Estado que, en principio, correspondiera resolver al propio Presidente del Gobierno.

Vayan ustedes a saber si, precisamente, estas cualidades de la ministra Pastor pudieron influir en su contra en el momento de la elección de don Mariano que, en esto de hacerse el gallego, es un verdadero as. Sin embargo, dudo que haya en España un ministerio, como en la actualidad es el de Fomento, donde los problemas ( casi todos ellos relacionados con la falta de dotaciones para llevar a cabo la obra pública necesaria para el mantenimiento y realización de nuevas estructuras) se vayan reproduciendo con más continuidad y requiera establecer unas prioridades a las que ceñirse, aún sabiendo que muchas obras de infraestructuras que serían convenientes, útiles y provechosas, deberán quedar en espera de que se lleven a cabo las más urgentes, rentables y, si es posible, que tengan ayudas presupuestadas por la CE.

En todo caso, aún tratándose de un problema que no es de incumbencia propia de su ministerio, como ha sido el de la empresa SACYR, constructora de la ampliación del Canal de Panamá, que ha venido amenazando con parar la obra por diferencias con el gobierno de la República de Panamá en cuanto a quien le correspondería pagar un enorme desfase, atribuido a errores en la información geológica de la zona, que produce un sobrecoste de unos 1.600 millones de dólares. Evidentemente, este contencioso ha llegado al propio gobierno de Panamá que, a través de su presidente, señor Ricardo Martinelli, expresó su disgusto y su alarma por la situación creada, lamentándose de que el desfase fuere tal que suponga un incremento de coste del orden del 30% del presupuesto aprobado. Un asunto difícil, en el que se tenía que actuar con mucho tiento ya que el interrumpir una obra de tal magnitud y la imagen que una reclamación de una cuantía semejante (es corriente que en semejantes presupuestos se produzcan diferencia de entre un 10% o un 15%) podría resultar extremadamente dañina para la marca España y, en consecuencia, se precisaba enviar a un hábil negociador para intentar poner sensatez y sentido común en semejante asunto.

La señora Ana Pastor, en plenas fiestas navideñas, cogió el avión y se fue a ver directamente, sobre el terreno, lo que estaba ocurriendo; escuchó los informes de los técnicos, se enteró de los argumentos del gobierno panameño y, finalmente, se entrevistó directamente con el señor presidente de la República, señor Martinelli. Un tema de una gran envergadura que, solo en los primeros contactos con la cúpula gobernante del Panamá, ya se ha conseguido un primer preacuerdo; rebajar la tensión entre España y Guatemala y establecer unos cauces de actuación que abran el camino a conseguir una solución que satisfaga a ambas partes. El cambio de actitud del señor presidente Martinelli ha sido asombroso, pues ha pasado de un estado de plena irritación contra la compañía española, algo que anunciaba malos vientos para ella, a entrar en una fase de cordialidad, que ninguno se hubiera esperado que, en tan corto espacio de tiempo, se pudiera conseguir.

Pues este milagro, o como ustedes prefieran calificarlo, se le debe a esta ministra, no muy alta, pero muy grande por su eficacia y preparación, que sin apenas hacer ruido, refugiándose en su despacho del ministerio y sin crear los problemas en los que otros ministros incurren; viene cubriendo, con notable acierto, la función que se le encomendó en el ministerio de Fomento. Justo es que, en un mundo de críticas a los políticos, hagamos la excepción con esta señora, ejemplo de lo que la labor bien hecha, la perseverancia, la honradez y el amor por su país significa para la nación. ¡Bien hecho señora Pastor! Me alegro de, por una vez, comentar algo agradable.

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