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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Luces naturales

La cansera nos invade con inusitada perseverancia
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 10 de enero de 2014, 08:40 h (CET)
Hoy, miren por donde, empiezo con un soneto. Si resulta destructivo, fatal. Que es meramente descriptivo de una situación, no está mal. ¡Ah! En el caso de que resulte estimulante, ¡Sensacional! Entremos en materia.

Luz Natural
Cansados de líos y de monsergas,
Levantamos la mirada anhelante;
Manera de obviar lo desesperante,
Fiel al compromiso de mis entregas.

Ante la luna, el sol y las estrellas,
Propicios a la verdad rutilante;
Con limpieza de ánimo y buen talante,
El magnetismo evanescente atrapas.

Estimulado por aquellas ráfagas
Emprendí la ventura fascinante,
Altivo frente a las trochas tortuosas.

Alcancé decidido mi montante,
Reticente a las vidas endosadas,
Con todo el bagaje del caminante.

La CANSERA nos invade con inusitada perseverancia. Canta una reiterada canción en la que domina el agotamiento. Esa mañana en la que cuenta desperezarse, total para qué, si la rutina nos acecha. Cuando llega la noche en una fiel exposición de nuestras limitaciones, el cuerpo ya no da para mayores esfuerzos al notar las inquietudes y resquemores que acumulamos. El resumen de los sinsabores es amplio, de tal forma que los horizontes permanecen cegados, bajamos los hombros y decaen los ánimos. Sí, sí, la cansera nos acompaña en demasiadas ocasiones.

Por cada esquina asoman los subterfugios, equívocos y maledicencias, en una competición de rasgos demoníacos. Ni cuando escuchamos referencias a los Derechos Humanos, cobran mejores significados las palabras. Con lo sencillo que es llamar a la noche, noche; pues no lo duden, le llamarán luces foscas o cualquier otra lindeza. Con tal desbarajuste, las referencias sirven para poco, ¿A qué se refieren en realidad? A pesar de tener los ojos desorbitados, no damos crédito. Tampoco lo tienen fácil los tímpanos, recibimos más ruidos que sonidos bien articulados. Pobre neuronas las que han de tramitar semejantes mensajes. La DESORIENTACIÓN entra dentro de la lógica. Y ahora, ¿Qué hacemos?.

Seguro que puestos en estas tesituras, la ubicación geográfica de cada ciudadano importará menos. El plan desaprensivo de sus entornos tendrá un grado de intensidad mayor o menor, pero los trazos generales se repiten. Algo REBULLE por dentro en los individuos afectados, al menos en la gente de bien; su vitalismo no está inclinado a la resignación, aunque a veces flaqueen las fuerzas. Al menos, hierve ese reconcomio interior de que las cosas podrían circular por otras vías, con mejores disposiciones. Es un sentimiento vital muy resistente, a pesar de que la tozudez de los acontecimientos pliegue las alas de mucha gente.

A pesar de los numerosos entuertos, desánimo y frustraciones; el mencionado VITALISMO que nos acompaña, cansado de mirar desperfectos, decide levantar la mirada con el anhelo de nuevos horizontes. ¿A quién preguntar? ¿En qué podremos apoyarnos? No es fácil disponer de buenas respuestas. Abundan los mensajes indiscriminados, en los que uno puede hurgar; pero lo tiene muy crudo si pretende servirse de ellos, la misma abundancia dificulta los análisis adecuados que serían necesarios.

De las pocas cosas que todavía brillan, algunas lo hacen de forma rutilante; algo nos podrán transmitir. Con la vista orientada por encima de lo cotidiano nos deslumbran el sol, la luna y las estrellas; en un dinamismo panorámico, en una subyugante animación. Constituyen los auténticos FAROS de un Universo tendente al infinito. Desde la nada a La Tierra propagan a diario sus verdades. ¿Sólo serán las que contemplamos desde lejos? Quizá debamos vencer la torpeza de las malas costumbres adquiridas para percibir todas las dimensiones que su presencia pone de manifiesto.

Por si no lo teníamos asimilado, pronto captamos al contemplar las potentes señales naturales, que lo nuestro no es la totalidad. Estamos muy limitaditos en cuanto a capacidades; con el añadido de que cada uno saca las conclusiones según sus particulares perspectivas. Aunque tratemos de un valoración decisiva e intransferible de cada persona, sí sabemos, que la FUENTE incontaminada de los mencionados mensajes está a nuestra disposición. Podemos no hacerles caso o incluso reaccionar en sentido contrario a lo aconsejable; no cabe duda. Luego no serán válidas las excusas, cargaremos con las consecuencias sobrevenidas y seguro que echaremos las culpas a los demás.

Otro asunto descollante derivado de la aproximación al mundo natural es que desaparecen los códigos rígidos. Son los CUIDADOS adoptados por cada persona, a través de su preparación, atención prestada, compromiso y tenacidad. Los que confluyen en el convencimiento particular de ciertas conclusiones. La imposición o la violencia, las excesivas leyes, son medidas que anulan la personalidad de quienes intervengan en las relaciones con la Naturaleza. Más allá de la ingenuidad inicial, el camino adecuado gira en torno a la convicción. Educación y convencimiento verdaderos, que modelen la responsabilidad; la cual vendrá de perlas para aplicarla al resto de actuaciones sociales.

Uno percibe que los caminos pueden ser tortuosos. Hemos de estar avispados para tenerlos ubicados y perfilar bien los obstáculos. Es evidente que todo el bagaje cultural disponible nos ayudará en los trayectos. El ansia de APRENDIZAJE multiplicará nuestros hallazgos y el magnetismo o duende necesario no están disponibles en el mercado. El toque de la sensibilidad propia es fundamental.

Frente a los abusivos intentos de conducirnos por unas vidas endosadas de antemano, con los detalles del recorrido ya escritos; como cada partícula del Universo, cada persona es PROTAGONISTA, para bien o para mal, de su cuota de libertad. Vivir y dejar vivir en todas las actividades existenciales.
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