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A la mañana siguiente
Eduardo Cassano
Cuando se fue por fin la luna
y desperté solo y cansado,
el estrépito de tus dudas
y su magia me había abandonado.
De haber sido real tu fotografía,
que de tanto mirarla me siente,
de haber dicho esta boca es mía
a la mañana siguiente…
Donde todo era mucho
y un café demasiado,
para decir ‘te escucho’,
aquí un amigo apasionado.
Para qué molestar la calma,
si dice más cuando calla
quien con parcas palabras
es capaz de avivar la llama.
Y mirarte con buenos ojos
me resulta cada vez más complicado,
pues la buena suerte es para otros
y yo sólo vine en calidad de invitado.
Aunque entre confesiones
aflore el miedo y la fiebre
de recuerdos, deseos y pasiones
que no curan, pero entretienen.
Porque en el curso de infidelidades
nunca obtuve el graduado,
ni la ley de las probabilidades
cayó muchas veces de mi lado.
Así que mirarte con malos ojos
me resulta más animado,
y observo debajo de tu falda
todo ese trabajo acumulado.
Qué importa cerezas con cava
o labios de fresas con nata.
Si de ponerse cachondo se trata
dedícame un segundo tu mirada;
regálame tus ojos de gata.
Prometo ser un buen eyaculador feroz,
y dejarte a medias
cada noche que abras tu corazón,
a este viejo y manso lobo precoz,
que solitario te asedia
y despista, como buen soñador.
Cuando el virus del sueño amanezca
y perturbe insolente este momento,
seguirás ahí, sin que lo parezca,
pequeña y querida impertinente,
en mis mejores pensamientos
a la mañana siguiente.
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