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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Demasiadas catástrofes

Francisco Arias Solís
Redacción
viernes, 29 de septiembre de 2006, 12:42 h (CET)
“Llorad, llorad: lloremos
hermanos de la tierra,
a ver si nuestro llanto apiada el cielo.”


Miguel Hernández

Son muchos los que se quejan de que nuestra sociedad actual no dispone de una cultura preventiva aceptable. Los técnicos manejan la siguiente hipótesis: Todo accidente se puede y debe evitar, siempre que se adopten las medidas preventivas adecuadas en cada momento y circunstancia. Sin embargo, la realidad está en la mente de todos: accidentes laborales y de tráficos masivos, incendios, explosiones, etc.

Consideramos que son demasiadas catástrofes. Algunas podrían haberse evitado si se hubieran adoptado medidas preventivas. Pero la sociedad española pasa de previsiones, vive al día, o mejor dicho, muere al día, pensando que los males siempre le suceden a los demás.

Hay que preguntarse: ¿Cuántas viviendas y coches disponen de un simple extintor? ¿Cuántas ambulancias disponen de UVI? ¿Cuántas calles impiden que los servicios de urgencias puedan entrar por ellas? ¿En nuestros centros educativos, se imparten conocimientos preventivos? ¿En nuestras universidades existen carreras especializadas en estos conocimientos? ¿Se imparten con carácter obligatorio asignaturas de prevención de riesgos en nuestras carreras técnicas? Desgraciadamente todas estas preguntas tienen contestación demasiado fácil: la sociedad pasa olímpicamente de estos temas.

Actualmente, en nuestro país se obliga a dotar los edificios y locales públicos de medidas de seguridad. Estas medidas están francamente bien aunque si las personas no saben comportarse ante una situación de emergencia, como suele suceder normalmente, no sirven para mucho tales medidas preventivas.

En el pasado terremoto de San Francisco había en un estadio deportivo de esa ciudad norteamericana más de 60.000 personas, la tierra tembló, pero ellas se quedaron quietas y relativamente tranquilas en su asiento. Si esto hubiera ocurrido en cualquier estadio de nuestro país; ¿qué es lo que hubiera pasado?

La razón de esa diferencia de comportamiento es que, en cualquier país avanzado, se imparten conocimientos preventivos desde la escuela y se conciencia a la sociedad por medio de programas de sensibilización.

Se hace menester que nuestras autoridades se involucren a fondo para lograr que la sociedad española adquiera una cultura preventiva aceptable. Mas aún, el asunto es más grave de lo que creemos, si partimos de que nacen pocos niños y niñas, de que mueren demasiado jóvenes guiando hacia ninguna parte las dichosas motocicletas; de que los trabajadores de la construcción siguen cayendo desde andamios inseguros; de que las paredes de las minas aplastan a los pocos mineros que van quedando; de que los viejos barcos de pesca no cesan de hundirse; de que son muchos los tractores agrícolas, todavía sin pórticos de seguridad, que atrapan a los trabajadores cuando vuelcan, de que esa especie a proteger, el peatón, sigue cayendo mortalmente sobre la jungla del asfalto; podemos llegar un día en que el sistema de pensiones de jubilación vaya a la bancarrota.

Quizás el drama de nuestra sociedad sea el despilfarro de su principal recurso, el hombre, por lo que además, se muestra dramáticamente injusta. Y es que, como dijo el poeta: “Estamos en una barca / y hemos perdido los remos. / Y nos lleva la corriente / a donde menos queremos”.

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