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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Educación precoz

La crisis económica ha recortado fondos para la educación, lo cual no debe ser un motivo para que los padres abandonen la responsabilidad que tienen de educar a sus hijos para que sean hombres y mujeres de pro
Octavi Pereña
martes, 7 de enero de 2014, 09:47 h (CET)
Un joven mayor de edad escribe a Ramiro Lacalle para pedirle consejo para saber qué debe hacer con su hermano más pequeño, de 18 años, que le preocupa mucho. Dice. “El problema está en la inmunidad que tiene ante nuestros padres (es el más pequeño de los hermanos). Incluso a veces levanta su voz sin posibilidad de que te puedas defender. No tiene un comportamiento propio de su edad, a veces actúa como si tuviese 5 ó 6 años menos, con afirmaciones como: “Soy el mejor, siempre tengo razón, lo justo es lo que yo diga”. Nuestros padre siempre le dan la razón a él y sin es necesario levantar la voz o castigar a alguien castigan a los otros hermanos entre los cuales me incluyo”.

La exposición que hace este joven dolorido por el comportamiento de su hermano que actúa como un tirano es la consecuencia de la mala educación recibida de sus padres. No es una expresión de amor, consentirlo, darle todo lo que quiera en perjuicio de sus hermanos. Se ha convertido en un perdonavidas, que va de chulo por la vida, lo cual le ocasionará más de un problema porque no se puede conseguir todo lo que se quiere, por imposición.

Los padres de este joven se han olvidado debido a un concepto equivocado de lo que es amor, utilizar la palabra NO. Decir NO cuando sea necesario es la mejor manera poner límites en las relaciones sociales. Los límites son elementos muy importantes que influyen en las relaciones sociales. Marcar los límites que no se deben traspasar desde la más tierna infancia es la mejor manera de expresar el amor, los padres. Y, la enseñanza que les hará el mayor bien a lo largo de la vida.

Leí acerca de un niño que fue al circo con su padre. Finalizada la actuación el domador ata una de las patas del elefante a una pequeña estaca clavada en el suelo. El niño sorprendido dice: “Papá, ¿cómo puede ser que el elefante no se escape? El padre le responde: “Porque está adiestrado”. “Si está adiestrado”, insistió el pequeño, ¿por qué lo encadenan? El padre no supo que responder. Un abuelo que había escuchado la conversación le dio al niño la respuesta que buscaba: “El elefante no se escapa porque ha sido atado a una estaca parecida a esta desde que nació. Posiblemente en un principio intentó escaparse, estirando con todas sus fuerzas. Como era un elefante pequeño la estaca era demasiado resistente para él. Así continuó hasta que se cansó y finalmente se resignó a su suerte.. Por esto, ahora que es un elefante poderoso, continúa prisionero de sus cadenas. Está convencido de que no se puede liberar. Esta historieta ilustra el poder del condicionamiento en la doma de animales.

A los niños no se les debe condicionar. Se les debe enseñar a hacer decisiones y comportamientos correctos. Como en el caso del elefante la educación debe comenzar en la más tierna infancia.. Esta es la enseñanza que imparte la Biblia: “Instruye al niño en su camino, y aún cuando sea viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).Hacer ciudadanos útiles, que no sean una carga para la sociedad, todo lo contrario, que contribuyan a su prosperidad, que no sean unos mentecatos, no es cualquier cosa. Debería ser la prioridad de los padres o, al menos intentarlo. Moisés antes de dejar este mundo dio unas últimas instrucciones muy claras que tienen que ver con la educación de los hijos. Después de decir a los israelitas que debían amar a Dios de todo corazón, con toda su alma y con todas las fuerzas, añadió: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón, y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos, y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio 6:6-9). Moisés nos viene a decir que para educar a los hijos para que sean temerosos de Dios y respetuosos con las personas, convirtiéndose en buenos ciudadanos, no es tarea fácil. Requiere todas las fuerzas de los padres y de la que Dios otorga a quienes se la piden. Los padres deben implicarse directamente en la educación de sus hijos si no quieren que sus vástagos se asemejen al joven mal criado que, que en su desespero, su hermano afligido busca consejo que le enseñe cómo debe tratar a una persona de tan mal carácter.
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