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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Un remozado partido de centro-derecha? Una curiosa iniciativa

¡Ah, si Júpiter me volviera a traer los años ya pasados!, Virgilio
Miguel Massanet
martes, 7 de enero de 2014, 09:38 h (CET)
¿Son sólo rumores o hay algo nuevo que se mueve entre la casta política española? Hace tiempo que lo vengo reclamando de los innumerables miembros del PP que están en desacuerdo con el sistema de gobierno utilizado por el señor Rajoy y su equipo. En uno de mis más recientes comentarios dejaba constancia de que el tiempo para crear una alternativa esperanzadora para sustituir a un PP, que parece que se viene olvidando de lo que siempre han sido sus principios fundamentales y sus valores esenciales; se está agotando, si es que lo que se pretende es formar a un nuevo partido de tipo liberal y que, desde su fundación hasta las próximas elecciones legislativas, exista un tiempo lo suficientemente prolongado para que el pensamiento, los valores, los candidatos y las propuestas políticas que se quieran aportar, tengan tiempo para poder ser asimiladas por unos ciudadanos desengañados de la política, incrédulos ante las promesas de los que se postulan para gobernar y poco dispuestos a acudir a las urnas para darles con su voto, la confianza a quienes, hasta ahora, no han hecho más que decepcionarlos, empobrecerlos y engañarlos.

Es evidente que, en España, se necesita como el aire que se respira, un partido moderado, de carácter nacional, de fundamentos éticos y morales, con un cuadro de dirigentes de conocido prestigio( en un caso así no vale acudir a novatos que no sean populares entre los votantes y, cuyas futuras actuaciones pudieran hacer recelar a aquellos a los que se les pide el voto) y con unos sólidos planteamientos democráticos que garanticen un feed-back fluido entre las bases y la dirección del nuevo partido. Ahora bien, como en todas las cosas de esta vida, una elemental prudencia debe aconsejar a quienes estén dispuestos a acometer tan complicada tarea, amarrarse los machos y pisar con firmeza el terreno sobre el que se actúa, no fuere que un error de cálculo, unas falsas expectativas o un excesivo optimismo, dieran con todo el proyecto por los suelos, en cuyo caso, no sólo se decepcionaría a una importante número de electores, que pudieran haber pensado que los representaría dignamente, sino que, probablemente, retrasarían varios años cualquier tentativa de repetir el intento.

Lo primero que es preciso es conocer con qué fuerzas se cuentan; la financiación con la que sostener el proyecto; cuáles son los posibles aliados o socios con los que se podría negociar para reforzar el desarrollo de la idea; tener claro quien va a ser el que tome el mando de la operación y quienes van a ser los políticos constituyentes y cuales se prevé que formen la primera Junta Directiva. Lo básico es que queden claras, desde un principio, las funciones que cada miembro de la junta constituyente va a desempeñar en el futuro partido y, muy en especial, si es que se conciertan fusiones, alianzas o grupos, que quede bien especificado, desde el inicio de la operación, cuales van a ser las condiciones, el reparto de escaños y funciones que cada partido fusionado o coaligado, va a tener en el conjunto de la nueva formación. Dicho esto, a mi se me ocurre que, en la actualidad, existen al menos dos formaciones de un perfil muy parecido al que seguramente se le querrá dar a un nuevo partido formado por descontentos del PP.

No me duelen prendas en reconocer mi gran cercanía con la UPyD de la señora Rosa Diez, con la que coincido en casi un 80% de sus propuestas. Tiene el mérito de haber conseguido superar el salto al vacío de su fundadora y haber logrado algo que parecía imposible: consolidarse como partido a tener en cuenta en el ámbito nacional; en buena parte a causa de la gran capacidad de convicción y la habilidad dialéctica de la señora Diez. Tampoco debería desecharse, por ser quizá con el que es más fácil de tratar para llegar a un acuerdo, al C’s del señor Albert Ribera; lo que permitiría entrar en un sector evidentemente consolidado entre el electorado catalán, que no está dispuesto a separarse de España y que abomina del secesionismo oficial del Gobern de Artur Mas. Quizá otro socio o adherido pudiera ser la misma Convivencia Cívica Catalana, especialmente conocedora de los problemas económicos y sociales que, el Gobern, intenta ocultar para que su proyecto separatista no haga aguas por los cuatro costados. Un estudio detallado y unos contactos generosos podrían permitir a una nueva formación entrar en liza con varias bazas adelantadas para poderse presentar, a título de ensayo, en las próximas Elecciones Europeas del mes de Mayo; aunque no se consiguiese ganar, al menos empezaría a ser conocida más allende de las fronteras españolas.

Una formación de estas características, constituyendo coalición o fusionando a los grupos mencionados, sin duda, si no aspirar a ganar las legislativas, tendría la facultad y posibilidad, en una España en la que los tradicionales partidos, el PP y el PSOE, pueden sufrir severos varapalos, de constituirse en partido bisagra, evitando que la izquierda, los comunistas de Cayo Lara y los más extremistas del PSOE, arrastraran al país a una situación de enfrentamiento con Europa y a un empobrecimiento de la economía, todavía en fase de recuperación, al volver a los principios básicos del señor Zapatero de ir gastando por encima de las posibilidades del país, algo que sin duda sería fatal para España.

Sin embargo, el verdadero quid de la cuestión se basa en los miembros del PP que, por las circunstancia que fueren, estarían dispuestos a formar parte de esta iniciativa en la que, sin duda, es posible que se jugaran su carrera política. Parece que, en un principio, se cuenta con el señor Vidal Cuadras, al que ya se le ha advertido que no se cuenta con él para el Parlamento europeo; sin duda sus promotores, Abascal y Ortega Lara también estarían. No queda tan clara la postura de José Mª Aznar, una pieza fundamental o la de un escurridizo Mayor Oreja, que no acaba de querer enfrentarse al aparato del PP; pero es obvio que su participación en esta operación política sería muy bien recibida dado que, tanto él como Iturgaiz o la María San Gil, gozan de un enorme prestigio entre muchos de los ciudadanos, no separatistas, del País Vasco. Se habla de Consuelo Ordóñez, F.J. Alcaraz, Daniel Portero o Ángeles Pedraza todos ellos valiosas aportaciones, pero que, por si solos es evidente que no serían capaces de arrastrar tras de si a un número importante de votantes.

Mención aparte merece la posibilidad de que, doña Esperanza Aguirre, se decidiera a dar el paso decisivo, jugándose al órdago, lo que sería su vuelta a lo grande a la política nacional o, si el proyecto fracasase, su hundimiento definitivo. Si lo hiciera, su posibilidad de dar el campanazo en Madrid y la comunidad madrileña sería grande, después de un año en que Ana Botella se las ha visto y deseado para intentar salir ilesa de las trampas y problemas a los que ha debido enfrentarse ( y no el menor el del fracaso de las Olimpiadas y el desencanto de la inversión en Eurovegas, en Madrid, del señor Adelson), lo que ha situado a dicha comunidad a tiro de los partidos que logren hacerse los simpáticos o convencer a una ciudadanía que tradicionalmente, desde hace muchos años, ha sido feudo de los populares.

Veremos lo que va a salir de este nuevo proyecto, al que quisiéramos que se le adhiriesen todos aquellos desencantados con el actual gobierno de Rajoy, para intentar reconstruir, de prácticamente la nada, aquel viejo partido del señor Fraga aunque, como es evidente, más modernizado y con nueva iniciativas adaptadas a la realidad actual. O así es como valoro, desde mi atalaya de ciudadano de a pie, este posible proyecto político.

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