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Opinión

Etiquetas:   Pensatientos de un hombre o medio   -   Sección:   Opinión

Obras son amores

Sandra García Nieto

miércoles, 27 de septiembre de 2006, 23:10 h (CET)
Cuando estoy en mis mejores sueños, sí, esos en los que uno babea, y no porque vea a Angeline Jolie, sino porque orgánicamente mi boca se queda abierta y entonces padezco de exceso de salivación, que por otra parte mi madre, que de esto sabe un rato dice que es sanísimo: ¡Peor si tuvieras la boca seca… ah, hijo, entonces…muerte segura! ¡Menos mal que están las madres, que si no…! Bueno, el caso es que en esos momentos de placer absoluto… me despierta un sonido embriagador… es una orquesta a pie de calle…¡Qué bonito!: Pero, ojo, pese a las horas intempestivas y de cualquier forma fuera de lugar, tengo que reconocer que es una orquesta con todo lo que hay que tener: “Timbales”: es decir, tapas de cubos de basura que algún energúmeno que aún no se ha acostado gusta en aporrear. “Trompetas”: o sea, la de los claxon de las furgonetas impacientes de carga y descarga, con su consiguiente “Coro”: ¡Apártate ya mamón, que los demás también estamos trabajando…! a lo que otros contestan al unísono : ¡Que te den, que te den…! “Tambores”: varios y de todo tipo: el del segundo que está arreglando la cocina o los de enfrente que rehabilitan un edificio…”Percusión”: las machacadoras que abren la calle por una avería de Gas Natural, o de Unión Fenosa, o de…vete a saber qué (la quinta este mes), incluso una “Soprano” es decir la mujer que saca al perro y todas las mañanas le llama así: ¡Manolo, ven aquí y no te mees en el árbol, cojones!, que yo el primer día pensé que le hablaba a su marido. ¡Gracias a Dios que no! O el “Tenor”: o sea, el chatarrero (sí, aunque sea anacrónico, en mi barrio hay un chatarrero) que grita a los cuatro vientos: ¡Chataaaarra, el chataaaarrero…! Y todo esto, evidentemente y como no podía ser de otra forma de la mano del director…del director de todas las “obras”, perdón, quiero decir de la obra…el “ Faraón Gallardón”.

Bueno, el caso es que me despierto, inevitablemente, aunque la verdad es que hoy no me importa porque he quedado con Piluchi a las 10:00 para arreglar lo del plantón del último día. Y tengo que llegar puntual como sea. Y sobre todo con una buena excusa. Al menos hoy voy con tiempo…¡menos mal! Así que desayuno despacio, pensando en lo que le voy a decir para recompensarla: “Piluchi, son cosas que pasan…”, no, demasiado peliculero. “Piluchi, ya sabes, el trabajo”, no, ella sabe que no he trabajado en la vida. “Piluchi, no he llegado a tiempo y punto, qué coño”…no, demasiado yo. Está bien, mientras voy hacia allí, seguro que se me ocurre algo más convincente. Cogeré el coche, voy con tiempo. Pero cuando me acerco donde creo que lo aparqué me invade la duda…parece mi coche, pero creo recordar que era negro y ahora es…es…¿gris clarito tirando a color…cal? ¿Puede ser que tenga algo que ver el enorme contenedor de “obras” que está colocado justo al lado de él? Descubro que si, cuando dos obreros depositan, en sendos sacos, muy finamente (es decir sin mirar) ciertos depósitos vulgarmente llamados escombros que desprenden una arenilla blanquecina que entre otras cosas me pone perdido. ¡Da lo mismo!. Tengo una cita y no tengo tiempo que perder…¿o si? Me monto en el coche, meto la llave, pero… una horrible furgoneta me imposibilita el paso. Puedo leer en su publicidad: GARCÍA, REFORMAS EN GENERAL. Y pienso, pues en general no sé, pero en particular a mí, me está haciendo la puñeta. Y como no me gusta hacer uso del claxon, pues espero lo razonable, o sea, tres segundos y me pongo a pitar… A los cinco minutos en los que el tal García no da señales de vida, salgo del coche y me dirijo a las obras más cercanas, y pregunto por él y sus muertos, bueno aunque al principio solo por él, que sus parientes ¡qué culpa tienen! Pero parece que ningún trabajador me entiende, porque (al menos eso es lo que dicen) no hablan mi idioma. ¡Pues yo bien que les oigo gritar: ¡guapa! Cuando pasa alguna rubia…! Total, que me caliento, y esta gente no sabe lo que yo puedo hacer cuando me caliento así que saco pecho y … decido coger el metro. No sin antes llamar a Piluchi y contarle lo ocurrido, sólo a modo de anécdota, porque voy con tiempo de sobra. Pero apenas consigo un: “solo espero que llegues a la hora, nada más”. ¡Qué poco sentido del humor tienen las mujeres! Avanzo hacia el metro sin mucha prisa porque aún así voy con tiempo de sobra. Cuando sin ton ni son una “entrañable mujer de la limpieza” tira a la calle, en plan: ¡Agua va! un asqueroso cubo de agua sucia con la que previamente ha limpiado un bar de noche, calándome de arriba abajo. Aunque reconozco que estaba muy arrepentida, de hecho dijo: ¡ Yo no tengo la culpa, lo he hecho… “sin mirar, quiero decir, sin querer” ¡ No sé si reír o llorar, porque de repente me encuentro oliendo a una mezcla de “Mister Proper”, tabaco, noche, corrupción…en definitiva, un asco. Confieso que este olor me ha acompañado muchas veces, pero hoy necesito dar buena imagen así que…debo cambiarme como sea. Miro al reloj y pienso… ¡qué diablos, tampoco huelo tan mal, y de aquí allí me seco¡ Pero cuando llego al metro descubro que la línea que necesito está “momentáneamente cortada “ (es decir, lleva siete meses) por las “obras”. ¡Qué fatalidad! ¡Da igual! Miro de nuevo al reloj. ¿La llamo, no la llamo…? No, cogeré el autobús. Aún tengo tiempo. Lo bueno es que casi me he secado al llegar a la parada de autobús. Lo malo es que después de quince minutos en los que veo que mi autobús no llega, me invade una extraña duda. Y se me ocurre preguntar, a dos jubilados (que parece ser que son los únicos que cogen el transporte público) y me aclaran que el autobús que necesito ya no hace la misma ruta debido a las “obras”. Uno de ellos me sugiere coger el 13, luego bajarme y coger el 2 y más tarde el 26. A lo que otro le responde: “Pero, no hombre, es mejor que coja el 17, luego el 6 y baje andando siete calles, tuerza a la izquierda y luego cinco calles más abajo”. Miro el reloj. Total, les dejo discutiendo, porque entre otras cosas pienso que no tienen nada mejor qué hacer y me dirijo a coger un taxi. Y aunque curiosamente me parece que son los únicos beneficiados de todo esto, parecen no estar de acuerdo tampoco. Al menos mi taxista, que empieza a despotricar del alcalde, de la presidenta, del presidente del gobierno, de la izquierda, de “las obras”, de la derecha, del centro, en fin de todos en general…”Son todos iguales…los unos y los otros…” Pero yo no tengo cuerpo para darle conversación. Tengo que llamar a Piluchi y contarle mis avatares. Tampoco parece muy convencida de mi historia y solo añade: “ Ya. Pues cuando vas a ver al Real Madrid no tienes tantos problemas de transporte” Y me cuelga. Me siento hundido, sólo ella sabe herirme, y ahí me ha tocado, decirme eso a mí…o sea…meterse con mi Real Madrid. Es indigno. A todo esto el taxista dice: ¿No huele como a…Mister Proper? A lo que muy molesto y tomándola con él contesto: ¡Pues no, ahora se llama Don Limpio!

Por fin llego hasta donde el taxista dice que me puede dejar debido a que la entrada está cortada por …¡qué curioso…”obras”! y después de caminar diez minutos descubro que la única manera de atravesar la acera, que precisamente es donde está Piluchi, es subir toda la calle, que justamente es larga como un día sin pan, y dar la vuelta ya que está tapiada porque están arreglando una parada de metro que cuando finalice será lo mejor que nos ha podido pasar en la vida … o al menos eso es lo que me dice un letrero que me encuentro a mi paso: ESTAMOS TRABAJANDO POR SU CIUDAD. El caso es que con todo ya llego tarde. ¡Maldita sea! Sólo me queda echar a correr, y en mi carrera veo pasar como por arte de magia al tío cartel que lleva en el pecho: ¡COMPRO ORO!, a la rumana que me quiere vender “LA FAROLA”, a la fulana que dice: ¿Qué quieres, guapo?, (¿qué quiero, si ni siquiera tengo tiempo de mirarte?) a uno que pretende hacerte de la iglesia de no sé qué a pie de calle… Total, que llego a mi cita muy pero que muy tarde. Piluchi no está. Miro a todos los lados…nada. La llamaré por teléfono… un momento… Recibo un mensaje en mi móvil, es de Piluchi: “NO TE AGUANTO MÁS. ¡VETE A LA MIERDA! Y como si fuera una maldición, miro hacia abajo y veo que he pisado una “deposición” que por lo menos tiene que ser de un “Dogo”. ¡Eso sí que es mierda! Y lo peor de todo es que ahora tendré que volver a llamar a Piluchi y tendré que volver a quedar en el mismo sitio… Intento hacerlo ahora pero hay demasiado ruido, ya saben:timbales, percusión…. Así que me veo aquí solo y abandonado…bueno, solo, no, al menos me queda la orquesta. ¡Mierda de obras…!

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