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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El espejo del alma

Francisco Arias Solís
Redacción
miércoles, 27 de septiembre de 2006, 23:10 h (CET)
“El hombre sólo es rico en hipocresía.
En sus diez mil disfraces para engañar confía.”


Antonio Machado

Yo no sé si la cara es, realmente el espejo del alma. Lo que sí sé es que si alguien tiene, por ejemplo, una cara de corrupto será completamente inútil el que pretenda conducirse como una persona honrada, porque no habrá quien se fíe de él ni quien lo reciba con simpatía en ninguna otra parte. Juzgándolo por la cara, todo el mundo le cerrará sus puertas y sólo los corruptos, considerándolo uno de los suyos, le otorgarán su confianza y le acogerán cordialmente.

Así es cómo el hombre que tiene cara de corrupto acabará alejándose de las personas honradas y convirtiéndose en un corrupto más. Su dilema es muy sencillo: o cambia de inclinaciones y sentimientos o cambia de rasgos fisonómicos, es decir, o cambia de alma o cambia de cara, so pena de ser una contradicción viviente, y hasta el descubrimiento de la cirugía plástica parece que encontraba muchas más dificultades para lo primero que para lo segundo.

Es sumamente difícil el ser una persona de bien con cara de mala persona, y cuando el profesor Lombroso definió los rasgos característicos de criminal nato, lanzó por el camino del crimen a muchos hombres que, ignorando su vocación, se habían conducido hasta aquel momento con una perfecta honorabilidad. Efectivamente, los lanzó por el camino del crimen, no sólo porque todo el mundo comenzó a señalarlos con el dedo y a hacerles el vacío, sino porque ellos mismos, al verse a las mañanas en el espejo, no tenían más remedio que convencerse de su propia monstruosidad.

-¡Qué frente más honda la mía! –se decía a lo mejor, uno de aquellos individuos-. ¡Qué mandíbula mas prognata! ¡Qué horrible simetría facial!... Evidentemente, o el doctor Lombroso no sabe lo que se pesca o yo he nacido para llenar todos los días con mis hazañas las páginas de los periódicos.

Afortunadamente, y gracias, a la cirugía plástica, ahora cada hombre puede tener la cara que quiera, y ahora los corruptos vienen intentando modificar sus almas, modificándose, al efecto, los rasgos fisonómicos. Los cirujanos cogen, al parecer, la cara más corrupta del mundo, y al cabo de algunos días se la devuelven a su dueño tan remozada y arregladita como si saliera del tinte, cuando el corrupto sale a la calle nota que su cara no inspira ninguna aversión, y esto –algunas veces- parece que ejerce una gran influencia en su psicología.

Por este procedimiento han regresado ya al buen sendero bastante hombres de las finanzas, de la política, de las letras, y de las artes, del deporte o de cualquier otro estamento, a los que se tenía en el concepto de corruptos empedernidos, y es que es la cara será el espejo del alma, pero precisamente por eso hay que evitar que las almas se reflejen en los espejos que las deformen y nos den de ellos una imagen monstruosa. Y como dijo el poeta: “Todo es hasta acostumbrarse, / cariño le coge el preso / a las rejas de la cárcel”.

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