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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

El saco de Carlos Ruiz

Paco Milla
Paco Milla
miércoles, 27 de septiembre de 2006, 23:10 h (CET)
Hola amigos:

Soy un saco de entrenamiento. Solo eso… prefiero decirlo cuanto antes en este escrito, para que no haya dudas.

Algunos humanos creen que los seres inertes, como yo, no tenemos historias que contar, pero, si por casualidad encuentras a alguien que cree en nosotros, que escucha nuestras suaves voces y entiende nuestro idioma, entonces nos convertimos en fieles narradores. Debo decir que antes de escribir, pedí permiso a sus padres para hacerlo. Solo ellos tienen el derecho de consentir o no, por ser los auténticos creadores del protagonista de este pequeño texto… sin pretensión alguna.

Les diré que vivo colgado del techo, en un camarón, situado en la casa de mi mejor amigo, muy cerca del Pisto.

Cuando digo: mi amigo, me refiero a Carlos Ruiz Barrajón, a quien algunos de ustedes habrá conocido, sin duda.

Entrenamos juntos la potencia y velocidad de sus puños y piernas y sé que le presto una gran ayuda, ya que yo soy el que absorbe sus golpes.

Antes, el sonido de sus impactos, se escapaba por la pequeña ventana que ilumina la estancia, ahora , ”al estar él, al otro lado de la línea”, entrenamos igualmente, pero en silencio.

Si no fuera así, alarmaríamos a familia y amigos. Solo de vez en cuando, me balanceo minimamente, cuando Carlitos golpea, no por alarmar, pero si para confirmar……¡bueno, olvídenlo!

Hoy Almagro se reúne en la Plaza de Toros, a disfrutar de la segunda corrida de Ferias y este es justo el momento que he elegido para plasmar en papel mis pensamientos y recuerdos, imágenes que se pasean por mi cerebro de pobre saco, relleno de serrín y borra.

Después de su familia directa, yo, humildemente, creo ser quien mejor le conocí… y conoce.

Viví junto a él, sus trastadas de niño inquieto y de sangre caliente. No era capaz de estar inactivo ni unos minutos. Una pizca de rebeldía le fue entregada al nacer, rebeldía que supo reconducir positivamente, en el fútbol, en la caza, en cualquier actividad que ejerciera .

Algunas de aquellas travesuras, eran necesariamente castigadas por los padres, aunque recuerdo que después de amonestarle, ellos, a escondidas, se carcajeaban de las ocurrencias del crío.

En cierta ocasión cayó de la parte superior de una litera, produciendo un tremendo golpe al aterrizar… acto seguido se levantó, ascendió hasta su cama y al día siguiente juraba y perjuraba que no recordaba el incidente. ¡Qué duro el Carlitos!

Despierto y vivo como pocos, entendió muy pronto que el carácter era vital en la vida. Quizás por eso, lo dominó de tal forma, que se convertía en el centro de cualquier reunión y aquel con el que todos querían contar siempre y en todo momento, pues la risa, diversión e inteligencia natural para las bromas, estaban aseguradas si Carlos asistía.

No en vano, cuenta con un gran abanico de amistades en el pueblo, independientemente de las edades, por este motivo me balanceo nervioso sobre las cuerdas, haciendo gruñir al mosquetón del techo.

Se que tengo una gran responsabilidad por ser un saco que escribe, en vez de limitarme al balanceo, que es para lo que nací, pero es que quiero hablar de mi amigo Carlos, ahora que ha trascurrido algún tiempo desde que …cruzó la línea.

Piensen que le conozco bien, que él es mi único amigo y compañero de sonrisas, sudores y lagrimas.

Como digo anteriormente le he visto nacer, he sido testigo del lento suceder de los días y las noches… yo he vivido todo el proceso y les contaré un secreto: cuando mas disfruto, es cuando él me cuenta sus inquietudes, proyectos, amores, desamores y les aseguro que “toco techo” cuando le veo sonreír.

Mi gran amigo Carlos, tiene eso, oigan…¡sonríe como nadie!

Jamás vi algo parecido. La alegría le revienta en la boca, dibujando un rictus que reparte felicidad: limpia, sincera, sin dobleces.

Muy pequeño era aun, cuando pasó frente a nuestra casa, un enorme “trailler”, el crío quedó “puesto” como perro de caza, durante los segundos que tardó el monstruo en desaparecer de su vista, pero en los ojos del niño, se veía claramente que aquéllos metros de metal sobre ruedas, serían el sueño a perseguir desde aquel mismo momento.

La firmeza y las ideas claras, siempre caminaron de su mano. Tuvo un sueño, un objetivo… lo siguió y lo consiguió.

Hizo aquello que quería hacer. Sé a ciencia cierta, que no era un amargado que se levantaba vencido y aburrido cada mañana, porque había alcanzado su meta , su objetivo… su camión le esperaba.

No faltará, quien maldiga al maldito bicho, en el que Carlos se agarraba a “la rosca” cada mañana para cumplir su trabajo.

Pero pensemos por un momento que, ni en este caso, tuvo la culpa el vehiculo, ni tampoco la bici de Sanroma, ni la moto, si hablamos del “Gato” o el chaval de Los Molinos, ni tampoco el Formula 1 de Fernando la tendrá, si algo ocurriera algún día. ¡Qué no pasará!… pero todos sabemos que , esa puerta siempre esta abierta.

Eligieron su forma de vivir, hacían lo que deseaban hacer y cuando cruzaron la línea, lo hicieron cabalgando sobre los caballos que ELLOS y solo ellos eligieron. Yo al menos, lo veo así.

Algun@s de l@s y los numeros@s amig@s de Carlos pueden pensar que deben hacer una pausa, en el enorme aprecio que le tenían, puesto que no le ven sonreír físicamente, PERO DEBEN SABER QUE…si cierran durante unos segundos sus ojos para aislarse y le llaman, un alegre y feliz Carlitos, atravesará sus cerebros, como un huracán de aire fresco y positivo…incluso concentrándose en ello, pueden escuchar su voz, oler su colonia, visualizar sus gestos, o escuchar sus carcajadas y a una inmejorable velocidad: a cámara lenta.

Todos aquellos que le quisisteis, tenéis en vuestros cerebros el material necesario para rememorar historias y situaciones en el que él estaba presente.

Hacedlo y veréis que no os miento. Él me cuenta, que le gustaría que le llamarais frecuentemente o… al menos de vez en cuando.

Y me hace hincapié, en que, en el momento que aquellos que formaron parte de su circulo mas cercano, sufra un bajón y necesite ayuda, le hagan una llamada de socorro Y TAMBIÉN ME PIDE QUE OS DIGA que, por favor, dejéis de sufrir por él. Si las personas a quien Carlos quiere, sufren…él también lo hace.

El chico, solo desea verles disfrutar de esta etapa y recibirles cuando finalice, pero ustedes no pueden dedicarla a sufrir. Son palabras suyas…

Este es el mensaje que me ha encargado que les haga llegar… ah, se me olvidaba, me entregó el mas guapo de los peluches jamás fabricado, para su pequeña… para su hermana, a quien adora y unos enormes besos para sus padres y hermano que… bueno, casi me hacen llorar de la sinceridad con la que me los entregó.

Nunca nadie besó con mas amor a una madre que mi amigo Carlitos, es mas, estoy seguro que ella, cuando duerme lo nota… nota que su hijo deposita sobre su mejilla su mejor tesoro. Yo creo emocionarme, pero debo estar errado ya que … yo no puedo llorar, porque…solo soy un saco…¡el saco de Carlos!... mi amigo.

(A Margarita , Antonio y sus hijos , con afecto).

(“Maniobras Orquestales en la Oscuridad”, acompañará sin duda, de forma digna la lectura de este texto, pues a su calor fue creado).

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