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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Tonterías las justas

Pascual Mogica
Pascual Mogica
miércoles, 27 de septiembre de 2006, 01:06 h (CET)
Sabido es que las personas solemos decir y cometer tonterías. Todo ello es disculpable desde nuestra condición de humanos y por ello cuando realizamos de palabra o de obra alguna manifestación o acto que pueda ser calificado de tontería esto debe ser disculpado por los demás siempre que esas tonterías no se prodiguen en demasía porque entonces es cuando hay que decirle al que las comete aquello que dice: “tonterías las justas”.

Lo anteriormente dicho viene a cuento por las palabras de Aznar manifestando, en relación con las palabras del Papa, que no ha oído a ningún musulmán pedir perdón por la conquista de España y haber estado en ella, según el presidente de FAES, ocho siglos. Aquí ya ha rebasado la justa medida de las tonterías puesto que ya antes había dicho ante “sus alumnos” –pobrecitos míos- de Georgetown que: “el problema de España con Al Qaeda comenzó en el siglo VIII”.

Puestos a pedir perdón por haber ocupado un país, España tendría que pedir perdón a unos cuantos países antillanos, africanos, sudamericanos, del Pacífico Norte occidental y de algún lugar más de este alocado mundo. Recuerde usted cuando se decía que en España nunca se ponía el sol. O sea que los españoles también fuimos “ocupas” en bastantes países.

Por otro lado y ya metidos a comentar tonterías, no hay que olvidar las palabras de Rajoy, con motivo de alguna de las algaradas de la kale borroka, denunciando que el Estado, o sea el Gobierno, o el Rey, tiene la obligación de garantizar la seguridad a los ciudadanos españoles. Tiene razón, pero la misma garantía de seguridad estaba obligado a observar el PP cuando gobernaba y sucedió que 192 ciudadanos indefensos fueron vilmente asesinados. Como digo: Tonterías las justas.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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