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Mahmud Ahmadinejad: intento de su segundo debut

Dmitri Kósyrev
Redacción
miércoles, 27 de septiembre de 2006, 01:12 h (CET)
Hace justamente un año, en septiembre de 2005, el recien elegido presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, debutó en la Asamblea General de la ONU como político de alcance internacional al proclamar el ocaso de la era de presiones e intimidaciones de los disentidos a escala mundial. Al parecer, su debut tuvo tanto éxito que sin querer surgió la impresión: si Ahmadinejad logra mantenerse en su puesto bastante tiempo, tendrá un buen chance de convertirse en un respetable líder del mundo en desarrollo, por supuesto, si Irán logra evitar la suerte de Irak.

Ahmadinejad se ha mantenido. Pero, a juzgar por su reciente discurso ante el 61º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, en cuanto a su papel de líder no todo es tan halagüeño. Subió a la tribuna en traje claro y camisa rosa, sin corbata, y su discurso duró desde las siete y media hasta las ocho de la tarde, cuando los asistentes a la Asamblea General ya estaban un poco cansados. Pero no se trata solamente de ello. Es que el debut puede ser uno solo y, además, durante su mandato Ahmadinejad pronunció tantos discursos que su estilo ya no sorprendió a nadie. Además, lo que hace un año se interpretaba como valentía de un condenado, hoy acusa un aspecto distinto. Ahora es evidente que Ahmadinejad en persona e Irán que él representa, quedarán por mucho tiempo en la palestra mundial. Por esto era natural esperar del presidente iraní algo nuevo de principio capaz de fortalecer su posición de líder.

Pero, de veras, han aparecido rasgos nuevos en su postura. Si hace un año (y, en muchas ocasiones, también más tarde) Ahmadinejad lanzaba dardos, ante todo, contra EE.UU. e Israel, esta vez blanco de sus críticas devino el Consejo de Seguridad de la ONU. Muy raras veces se dice que ese organismo necesita más legitimidad, que su estructura y métodos de trabajo no corresponden a las demandas de la humanidad.

Está claro que, en teoría, el Consejo de Seguridad precisamente puede aplicar sanciones a Irán, por lo menos lo dice y repite la diplomacia norteamericana. Pero Ahmadinejad abordó un tema distinto: se refirió a las labores del CS durante las guerras en el Líbano y antes en Irak. En todos esos casos, recuerda el mandatario iraní, el Consejo de Seguridad “estaba inmovilizado” por los países partes activas de la guerra o los que apoyaban a su aliado promotor de la misma (léase EE.UU. y Gran Bretaña).

Pero ese tema se discutía vivamente en la prensa. Pues, nadie sino el presidente iraní criticaba el Consejo de Seguridad al amparo de los principios de justicia suprema, amor, condolencia, verdad y paz; precisamente el presidente iraní afirmó que las relaciones entre los pueblos han de ser presididos por la ética y valores espirituales.

Procede señalar que el discurso de Ahmadinejad contenía no menos de quince apelaciones al Todo Poderoso y parecía una prédica religiosa, de brillante estilo, digna de un representante de la civilización que había sido antigua incluso en la época del emperador Constantino, fundador de Constantinopla. Y, además, era una prédica que rebasando los marcos del Islam, alegaba los principios únicos para todas las religiones nacidas en Tierra Santa, para todos los “pueblos del Libro Sagrado”: cristianos, judíos y musulmanes.

Sin embargo, en la ONU, desde el segundo nacimiento de esa organización, cuando en el linde de los años 50-60, comenzaron a incorporarse a ésta decenas de naciones independizadas, se libran debates sobre el injusto e inmoral mundo en que vivimos. Por ejemplo, entre los temas clásicos que tal vez se discuten en ese preciso momento, figuran los relativos a comparar los gastos militares de EE.UU. y otras grandes potencias con los recursos que requiere tal o cual continente para combatir el SIDA, o el referente a la escasez de agua potable.

Si los discursos de esta índole surten efecto, pues se los cataloga solamente entre muchos otros factores que conducen al desarrollo económico y, consiguientemente, a la influencia del mundo en desarrollo. Sin embargo, el auditorio a que apeló Ahmadinejad, constaba de personas sensatas y experimentadas que comprenden perfectamente que es bueno decir en voz alta aquello que está claro para todos, pero la política real se hace en tierra, incluida la practicada por Teherán que sostiene con una habilidad sin precedentes las conversaciones sobre sus programas nucleares. Todo el mundo comprende que el Consejo de Seguridad no es nada ideal, pero de ninguna manera se podrá prescindir de éste. En general, además de diagnosticar la enfermedad, hay que curarla.

Y el presidente iraní ofrecío a la Asamblea General, es decir, a las Naciones Unidas en su conjunto, “salvarlo de la suerte que sobre el CS se cierne”. Con el fin de poner el Consejo de Seguridad a tenor de los principios de justicia suprema, Ahmadinejad propone incorporar a éste con derecho de voto a los representantes del Movimiento No Alineado (116 países, o sea, todo el mundo en desarrollo), a las Organizaciones la Conferencia Islámica y el Continente Africano. Pero, de tal modo será imposible dar solución al problema principal de los mencionados por el presidente iraní: sea como fuere, EE.UU. y Gran Bretaña conservarán su derecho al veto y de hecho poco va a cambiar en el Consejo de Seguridad. En general, es una bella idea, pero nada nueva y es poco probable que “las naciones podrán saborear un futuro mejor”.

Irán no es el único país que pretende el liderazgo del mundo en desarrollo, papel de honor estratégicamente ventajoso que desde hace mucho aspira a desempeñar, por ejemplo, China, siendo una fuente de su creciente influencia a escala mundial. Pero Pekín lo hace muy despacio, paso a paso y no siempre declara sus posturas tan claramente como el actual Teherán. En resumidas cuentas, logra más que ha conseguido hasta ahora el lider cubano Fidel Castro. Durante varios decenios este último pronunciaba casi anualmente discursos desde la tribuna de la ONU, cuyo carácter justo reconocía la mayoría de sus oyentes que cada vez se preguntaban: está bien, todas estas ideas fueron expresadas por más de una vez y ¿qué ha cambiado?

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Dmitri Kósyrev, para RIA Novosti.


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