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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

RMC 100

Miguel Ángel Sánchez de Armas (México)
Redacción
miércoles, 27 de septiembre de 2006, 01:12 h (CET)
Esta semana celebro el aniversario de una feliz locura. A mediados de un marzo agobiante de 1988, en la acreditada cantina “La Rambla”, Oscar Hinojosa, Gerardo Arreola y yo, tres reporteros sin remedio, nos comprometimos en un proyecto: publicar una revista de comunicación.

En aquel tiempo heroico el mundo estaba a nuestro alcance y una saludable ceguera utópica nos apartaba del camino del “no se puede... no se debe”, y de la cruel sentencia: “¡mejor pónganse a trabajar!”

Las circunstancias políticas, académicas y periodísticas de 1988 exigían un foro especializado. Desde tres lustros antes se presentaba una acelerada expansión de la comunicación social en materia de infraestructura, cobertura y profesionalización pero no existía una publicación que diera espacio a la reflexión, el registro, el análisis y el debate en torno a los nuevos fenómenos implícitos en el quehacer de los medios masivos y las nuevas tecnologías informativas, así como el escrutinio al oficio periodístico a fin de fomentar el ejercicio de la autocrítica.

La Revista Mexicana de Comunicación comenzó a editarse seis meses después de aquel encuentro salutífero, en septiembre de 1988, al amparo de la Fundación Manuel Buendía. En los 100 números publicados a la fecha se han dado cita en sus páginas los más prestigiados investigadores y profesionales de la información nacionales y extranjeros: más de 700.

RMC circula bimestralmente en toda la República Mexicana, principalmente en las más de 300 escuelas y facultades de comunicación, y llega a una treintena de países de América, Europa y Asia. Daniel E. Jones, en un ensayo acerca de revistas teóricas sobre comunicación en países latinos, ubica a RMC entre “las revistas hispanoamericanas más significativas dedicadas al estudio de la comunicación y la cultura de masas en los últimos años”.

La revista impulsó otras publicaciones especializadas, como el Mexican Journal of Communication dirigido a la comunidad científica internacional, y la Revista Iberoamericana de Derecho de la Información, la primera en abordar sistemáticamente ese rubro de singular importancia.

El perfil de RMC engarza teoría y práctica. Pretende acercar a los estudiosos con los informadores y a los estudiantes con los profesionales del periodismo y la academia. Como escribiera Francisco de Jesús Aceves: la Revista Mexicana de Comunicación ha logrado derribar “las ancestrales barreras entre comunicadores y comunicólogos”.

Poco a poco RMC abrió la posibilidad de tratar periodísticamente temas que por lo general eran tratados desde la academia. Con esa idea se pretendió abolir la absurda pretensión de que los temas de la investigación de la comunicación podían ser sólo abordados por especialistas y con un lenguaje inaccesible.

Y apelando un tanto al origen mismo de la palabra “revista”, RMC hizo suya la necesidad de revisar críticamente los acontecimientos de la comunicación social de manera permanente con la idea de interpretar y entender la coyuntura política. No son gratuitos por ello los debates que en su tiempo aparecieron sobre la televisión de Estado y la privatización de los medios estatales; o las entrevistas sobre los destinos de los medios tras la firma del Tratado de Libre Comercio; o los números especiales sobre la Guerra del Golfo Pérsico, el conflicto armado en Chiapas, los análisis de la cobertura mediática en tiempos electorales, el derecho a la información, la mercadotecnia política, los recuentos anuales de medios mexicanos, la transparencia y acceso a la información, y otros donde confluyen el análisis acucioso de investigadores y los testimonios y juicios críticos de informadores.

Alguna vez me han preguntado periodistas y estudiantes cuál es la tendencia política de la Revista Mexicana de Comunicación, y la respuesta es que como un medio plural, responsable y con un arraigado compromiso prodemocrático, es apartidista. El compromiso de RMC, en el ámbito de su especialidad, es registrar la realidad, promover el análisis y la reflexión y estimular el debate.

De la revista ha dicho Rafael Roncagliolo, director del Instituto para América Latina (ipal), y consultor de la unesco: “Es un caso único en la historia de la comunicación latinoamericana”, pues se trata de un foro de interés no sólo para el público mexicano, sino también para los demás países de América Latina. También la advierte como un caso especial pues mantiene un curioso y rico perfil que “oscila entre lo masivo y lo especializado”.

En otra oportunidad José Márques de Melo, otro de los investigadores más reconocidos y productivos del continente, que fue director de la Escuela de Artes y Comunicación de la Universidad de Sao Paulo, señaló que la Revista Mexicana de Comunicación relaciona a investigadores y académicos con periodistas y otros profesionales de la comunicación, además de tender un puente hacia las nuevas generaciones que ahora están en las universidades.

Enrique Sánchez Ruiz, investigador de la Universidad de Guadalajara y antiguo presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (alaic), ha resaltado que RMC es un foro de discusión y debate de opiniones plurales sobre el ejercicio periodístico y los medios de comunicación; además de que, a diferencia de otras publicaciones académicas, sirve como enlace entre el público especializado y el público en general.

Oscar Hinojosa nos dejó hace un par de años. Gerardo Arreola sigue creciendo como corresponsal extranjero y reportea todos los días (¡eso es vocación!); yo si bien hace tiempo que pasé la estafeta de lo cotidiano de la revista y de la FMB a Omar Raúl Martínez, a Esperanza Narváez y a los espléndidos jóvenes que los acompañan en esas tareas, sigo militando en ambos proyectos.

El viernes 29 un numeroso grupos de antiguos y nuevos colaboradores y amigos brindaremos por los 100 primeros números de la Revista Mexicana de Comunicación en el mismo lugar de siempre, “Las Mercedes”, gracias a la hospitalidad de nuestro querido Alfonso Zárate.

Para todos quienes hicieron posible que nacieran la Fundación Manuel Buendía y la Revista Mexicana de Comunicación, mi gratitud y una expresión de amor y amistad. Si no los menciono uno a uno es porque me llevaría en ello varios números de JdO.

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