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Opinión
Etiquetas:   Tiempos modernos  

Detrás de ETA

Mar Berenguer

miércoles, 27 de septiembre de 2006, 01:06 h (CET)
Recién desenterrada el hacha de guerra, hoy, los demócratas nos sentimos estafados. Nos gustaría achacar este supuesto aborto de paz a la negligencia habitual de alguno de los que hemos elegido en las últimos comicios pero, desgraciadamente, muchos interrogantes acerca de esta lacra que azuza a nuestro país desde hace demasiados años ya se nos escapan de entre las manos.

El último debate, se centraba en la legalidad de la negociación: no, por no ceder al chantaje; sí, como en su momento resolvieron Irlanda e Italia... Pero hoy por hoy, comenzamos a darnos cuenta de que seguramente partíamos de postulados erróneos, de que nunca hubo tregua ni libertad, ni voluntad conciliadora. Solamente palabras vacías o llenas de segundas y terceras intenciones. Exigencias inverosímiles en un contexto civilizado que al margen de loables ideas y del principio del pluralismo político preconizado en las primeras páginas de nuestra Carta Magna, quebrarían el Estado de Derecho que establece un marco normativo mínimo y lógico de convivencia para que precisamente todo pensamiento tenga cabida.

No sabemos la verdad. ¿Qué esconde un posible pretexto de Autodeterminación? ¿Qué intereses económicos, seguramente antes que ideológicos, existen detrás de ETA? El pasado fin de semana, una encuesta publicada en un diario portugués reflejaba la voluntad de casi un tercio de los habitantes del país vecino de anexionar el territorio luso a España, ¿Qué es entonces lo que tanto molesta a determinadas minorías de estar integrados en otro estado? ¿Es de verdad ese rencor sacado continuamente a colación que dicen sentir hacia el que todos sabemos, cuya política condenaron ya las Cortes y el Parlamento Europeo, y que hoy lleva más de treinta años muerto y enterrado?

Nos gustaría saber que se esconde en las lagunas de este entramado; pero más nos gustaría poder vivir en paz de una vez por todas.

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​Que me perdonen los deudos si al leer estas líneas se sienten heridos en su amor propio, porque esa no ha sido de ningún modo mi intención, pero no me negará el lector que una noticia semejante se merecía este u otro comentario

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