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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Donde se habla de ladrones, curas separatistas y gente importante

“Anunciad un mensaje agradable con cien lenguas a la vez; pero dejad que las malas noticias se revelen por si propias al descargar el golpe”, W. Shakespeare
Miguel Massanet
lunes, 23 de diciembre de 2013, 08:54 h (CET)
Hoy en día el pueblo español ya está curado de espantos, por lo que ya nadie se extraña ni le impresiona que un pobre ladrón, en el ejercicio de su labor cotidiana de desvalijador de casas, cumpla como buen ciudadano al poner a la policía sobre la pista de un “cliente” pederasta, director de un gimnasio que, por lo visto, se dedicaba a aprovecharse de los jóvenes que acudían a dicho establecimiento. Un ladrón sí, pero un ladrón con un sentido de responsabilidad para con la sociedad que ya quisiéramos que, muchas personas con el membrete de “honradas” y de “benefactores de la sociedad” fueran capaces de exhibir ante sus conciudadanos. Lo que nos confirma aquello de que no hay persona del todo mala ni tampoco nadie que esté libre de falta para atreverse a lanzar la primera piedra para lapidar a la mujer adúltera.

Un motivo de reflexión en una sociedad en la que parece que nadie se preocupa más que por si mismo. Seguramente, este buen ladrón (vayan ustedes a saber los motivos por los que se dedica a tan peligroso “oficio”), que quizá haya librado a la sociedad de un peligroso delincuente mucho más dañino, para la juventud, que un simple allanador de moradas; había ido a robar, precisamente, aquella casa por mandato del Destino o la Providencia para que, per accidens, pudiera delatar a la “bofia”, su secular enemiga, a aquel nefasto sujeto corruptor de nuestros jóvenes. ¡Bien por usted, señor ladrón!.

Por desgracia para nuestra sociedad, es frecuente que nos encontremos con personas que con tal de adelantarse a sus colegas en la información sobre determinados hechos, no se toman la molestia de comprobar la información que dan a conocer al gran público y ello los sitúa en situaciones que, en ocasiones, les pueden llegar a causar graves quebrantos; por supuesto no tan grandes como los que pueden ocasionar a los afectados por una noticia incierta que pueda afectar a su honor, intimidad o, incluso, a su convivencia. No obstante, en ocasiones (no tantas como nos gustaría que fuesen), la Justicia, a través de los tribunales, pone las cosas en el lugar que se merecen y le dan el merecido a los autores de semejantes temeridades que, en el mejor de los casos, se pueden atribuir a mera frivolidad y falta de precaución pero que, en una gran mayoría, se deben a intereses de tipo político o pequeñas venganzas con los que quieren desacreditar a personas que por su fama, su cargo o sus antecedentes, les resultan molestas o antipáticas.

Hete aquí señores como, en el caso que nos ocupa, la Justicia le ha parado los pies de forma contundente a una de estas “vacas sagradas” de las televisiones nacionales; una señora que da la sensación de que, ella misma, se ha situado en el pedestales el que, una serie de aduladores que gozan de su protección, le ríen obsequiosamente las gracias y extienden la alfombra roja por el suelo que pisa. Es obvio que la TV5 se viene caracterizando por el poco cuidado en los programas que emite; la más que dudosa calidad de los mismos y lo poco que le importa que los presentadores mantengan un tono, si no correcto y profesional, al menos que no rozaran el ridículo en sus actuaciones en las que, con su divismo y egolatría propia de principotes que, por mucho que quieran aparecer remilgados y finolis, se les nota a la legua, por debajo de sus caras indumentarias, el pelo de la dehesa del que, todavía, no han sido capaces de deshacerse. La señora Mª Teresa Campos, la nave insignia de la tarde de la TV5 en los días festivos, se ha convertido en ama y señora del plató. Aparte de haber colocado por medio de calzador a su hija Terelu, que forma parte de la corte de aduladores que la rodea, tuvo la mala idea de anunciar el presunto divorcio del señor José Mª Aznar. No supo, la pobre, en el lío en el que se metía hasta que, su último recurso contra la sentencia de la Audiencia Provincial, ha sido denegado por el TS y ha sido condenada a indemnizar al señor Aznar con 60.000 euros debiendo, por añadidura, asumir, por su temeridad, las costas del juicio. Una buena cura de humildad, señora Campos, que le debiera servir para bajarse de la nube en la que se ha instalado y volverse menos presuntuosa y despótica. No siempre se gana.

Pero me resisto, señores, a dejar para otro día el tema de esta inconcebible plaga de curas que han entrado en lo que pudiéramos denominar como “herejía del separatismo excluyente”. Ya hemos tenido casos en el País vasco de capellanes e incluso obispos que han simpatizado con la banda ETA y que, incluso, han escondido en las iglesias a algunos perseguidos por la policía. Muchos de ellos, acuérdense del señor Setién, han llegado a declarar, públicamente, lo que ellos han considerado como “abusos” de la policía contra aquellos “angelitos” que se dedicaban a matar por la espalda a cualquiera que les cayera antipático. Como todas las plagas, si no se cortan de raíz mediante la cura adecuado; hace ya tiempo que, en Catalunya, se está produciendo el fenómeno (repetición del que se dio en el País vasco durante la Guerra Civil) de que, tanto sacerdotes como obispos, han decidido olvidarse de aquellas citas evangélicas de “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” o la declaración del Señor: “Mi reino no es de este Mundo” para dejarse ganar por el “catalanismo”.

En un principio el centro donde más se percibían los primero tímidos intentos de catalanizar al clero era en el monasterio de Montserrat. Últimamente ya no se toman la molestia de disimular y desde los mismos púlpitos se hace propaganda del “derecho a decidir” y del separatismo catalán. Yo no sé si, para estos capellanes, aquello de que “no se puede servir a dos señores y se ha de elegir entre Dios o el Diablo” tiene vigencia o es que, en sus estudios religiosos, no llegaron a esta parte del Evangelio; pero lo que sí es cierto es que, muchos de los religiosos catalanes están afectados de este mal, de tal modo que aquello de que “todos somos hermanos” y de la caridad que unos debemos practicar con los otros, ha quedado sustituido por la incitación a incumplir las leyes estatales; la defensa de la enseñanza exclusiva del catalán; la ojeriza al resto de españoles y la veneración por la bandera “estelada”, símbolo del separatismo catalán.

Es posible que la cerrazón mental de estas personas, no les permita darse cuenta del mal ejemplo que, con su actitud fanática y materialista, están dando a unos desconcertados fieles que no pueden entender que, aquellos a los que Cristo encomendó implantar la paz, la hermandad, la caridad y el considerar al resto de las personas fueran del color, la nacionalidad o las costumbres que tuvieren como hermanos; ahora pretendan, aparte de fomentar la rebelión contra el Estado de Derecho, el incitar al odio entre catalanes y el resto de españoles rompiendo, con ello, una cooperación de cinco siglos de la que todos han sacado ventaja. Inconcebible que se presten a hacerles el juego a estos políticos que saben que están llevando a Catalunya a un callejón sin salida. Por cierto que, SS el Papa, pronunció ayer una enigmática frase destinada al corresponsal de La Vanguardia en el Vaticano El papa Francisco comentó “¿Barcelona? Ahí tenemos que hacer algo”. El tiempo dirá lo que quiso decir el Papa, aunque yo presumo que nada bueno para el clero catalán. O esta es, señores, mi interpretación de lo comentado.

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