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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Godó se cae del guindo y a Rosell, de la CEOE, se le cae la careta

“Conservar enhiestos los castillos en el aire resulta muy costoso”, E. Bulwer-Lytton
Miguel Massanet
viernes, 20 de diciembre de 2013, 07:15 h (CET)
El dueño del periódico La Vanguardia de Barcelona, señor Conde de Godó, parece que, por fin, más tarde de lo que hubiera aconsejado el sentido común ante las múltiples muestras de connivencia con la deriva independentista en las que ha incurrido su periódico “La Vanguardia”, bajo la dirección del señor Antich; por fin, repito, se ha caído del guindo y se ha apercibido de las nefastas consecuencias que para su periódico, con aspiraciones de ser divulgado en toda España, tendría una Catalunya encerrada en si misma, rodeada de fronteras aduaneras y dirigida por un gobierno de izquierdas ( CIU no tendría posibilidad alguna de ganar unas elecciones en Catalunya, en un estado independiente), integrado por nacionalistas fanáticos, incompetentes que no se han querido dar cuenta de que no tienen la más mínima posibilidad de llevar a cabo sus planes independentistas y de que, sin duda, estarían condenados al fracaso más estrepitoso fuera de Europa, del euro y del amparo de la banca internacional.

Godó quiere que su periódico circule “por la vía de la moderación” y responsabilidad, ante el desafío independentista. El nuevo director, Marius Carol, parece que va a ser el encargado de capitanear el giro que, aparentemente, va a dar el, hasta ahora, bastión de la propaganda nacionalista y separatista de la burguesía catalana.

El despido fulminante del señor Antich ha caído como una bomba en los medios periodísticos y políticos de Catalunya y ha causado sorpresa y perplejidad a todos aquellos que veíamos a La Vanguardia como un ariete del nacionalismo más rancio y burgués, representado por los Pujol y el propio señor Artur Mas. Es posible que los que aconsejan al señor conde de Godó no estén tan seguros de que, por el camino que ha emprendido el nacionalismo catalán, el porvenir de los Godó y de sus medios informativos tenga un futuro medianamente brillante. Sin duda, el lanzarse a tumba abierta en defensa de una independencia, que no tiene posibilidad alguna de prosperar, no es precisamente lo más sensato y económicamente defendible; no sólo porque nuestra Constitución no permita tal tipo de aventuras, sino porque Europa ya se ha pronunciado, por medio de sus más creíbles representantes, sobre la imposibilidad de una Catalunya dentro de la UE y de la Zona euro.

Puede que, el señor Mas y “su corre ve y dile”, señor Oms, intenten hacer creer que todos los que pronostican un fracaso de este proceso independentista están equivocados y que, el futuro de una Catalunya separada de España será, para el pueblo catalán, el mejor medio para superar la crisis, amortizar el desempleo y poner en marcha la economía, porque los catalanes se “bastan” y “sobran” para valerse por sí mismos (algunos seguramente recordarán el famoso grupo “Nosaltres sols¡” fundado por Daniel Cardona y Civil en 1.916, que tuvo el “honor” de ser la primera organización estrictamente cívico-armada del Siglo XX). ¿Hay alguien, medianamente inteligente, que se pueda tragar semejante sapo? Lo cierto es que ya se están creando corrientes de opinión en el resto de España, favorables a iniciar el boicot a productos catalanes, algo que puede que, en estos momentos, no preocupe al comercio y la industria catalana; pero no hay duda de que, si el ejemplo cunde entre los españoles (que, no debemos olvidarlo, son los que representan el 60% de los clientes de Catalunya); puede ser el anticipo de lo que sucedería en el caso, meramente utópico, de una separación de Catalunya de España. Añádanles ustedes los aranceles fronterizos que se deberían establecer entre unos y otros y el aislamiento europeo y saquen las oportunas consecuencias.

Resulta muy fácil, cuando los rescoldos de un independentismo larvado ya vienen de muchos años atrás, el buscar mediante trampas dialécticas, mentiras flagrantes y promesas ilusorias, removerlos y atizarlos para que rebroten, empleando el discurso del victimismo, de la imaginaria Historia de pasados faustos y de la manipulación de batallas perdidas convertidos, en virtud de la ingeniería política, en victorias que nunca tuvieron lugar y en reinos que nunca pasaron de condados. La gran mentira de que España esquilma al pueblo catalán, usada una y mil veces, ha llegado a calar en algunas almas sencillas predispuestas a creer a quienes les prometen Jauja, aunque después resulte que lo único que saquen es miseria, opresión y retorno a los tiempos anteriores a la Guerra Civil, dominados por los terroristas que atemorizaron, mataron y torturaron a todos aquellos que no comulgaban con su manera de pensar. Hablan de que España quiere acabar con la lengua catalana y son ellos los que impiden que se enseñe el castellano a aquellos que, con todo derecho, lo soliciten; ponen multas a quien rotule en español y discriminan a aquellos alumnos a los que la ley ha autorizado a que se respeten sus derechos lectivos e idiomáticos.

¿Quiénes son los que oprimen a quién, en este caso? Evidentemente, aquellos que pretenden que el único idioma oficial que se utilice en Catalunya sea el catalán, aunque para ello se tengan que saltar la Constitución, dejar de cumplir las sentencias de los tribunales y enfrentarse abiertamente al Gobierno central. Todo ello, señores, no es más que una de las formas de marginación y opresión sobre todos aquellos que no comparten el sentimiento secesionista, por parte de aquellos que hoy gobiernan en el territorio catalán. Sorprende escuchar al señor Mas hablar de “esclavitud” cuando son ellos los que intentan implantarla sobre lo que serían los “guetos” de castellano parlantes. Mediante el filibusterismo de la insumisión política, el enfrentamiento con el resto de la nación y la creación de sus propia estructura de gobierno para cuando llegue el momento de instaurarla (algo que cuesta millones de euros que podrían destinarse al pago de proveedores de las Administraciones y a proporcionar trabajo a los cientos de miles de parados que vegetan por estas tierras) buscan conseguir sus objetivos.

Pero, hete aquí que, adoptando por primera vez una actitud equívoca sale el gran pope de la CEOE, señor Rosell, y quitándose la careta, deja al descubierto lo que ha estado ocultando hasta ahora para introducirse en la dirección de la gran patronal. Si señores, el señor Rosell ha mostrado su faceta independentistas porque: “los tiempos han cambiado y muchos empresarios catalanes ya piensan como los independentistas” ¡Gran noticia! Como si no lo supiéramos. Lo que faltaba saber era cual era su manera de pensar y ahora ya lo hemos averiguado sin duda alguna. Otro separatista de la familia de CIU y ERC, dispuesto a ponerse al servicio del independentismo. Pero… ¿qué van a decir de su jefe de filas los miembros de la CEOE del resto de España?, es que ¿se va a permitir que un separatista actúe de topo dentro de la mayor organización de empresarios de toda España? ¿Cuánto van a tardar a exigirle la dimisión los empresarios de Madrid, Salamanca, Valencia y el resto de autonomías españolas?.

Lo que nos tendría que explicar el señor Rosell a todos los españoles que vivimos en Catalunya, es ¿qué va a ser de las empresas catalanas, qué tributos van a tener que pagar para poder sostener un país de apenas siete millones de habitantes? ¿Ha tomado en cuenta los aranceles que va a tener que pagar para vender sus productos a la UE? O ¿es que su fanatismo y, por que no decirlo, su privilegiada posición económica, le pone a salvo de las penurias a las que van a conducir a los trabajadores catalanes? Explíquenos la verdad, garanticen que van a poder pagar las pensiones puntualmente y que serán capaces de conservar las medicinas gratuitas para los enfermos. Ustedes saben que no, pero insisten en vendernos lo contrario. Catalunya se va a convertir en un Infierno el día, esperamos que no llegue nunca, en que se separara de España para errar al garete en busca del milagro que nunca va a llegar. O así es como, señores, lo veo yo.

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