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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Generadores de sentido

Con el sentido disperso, arrastramos la indignidad irresponsable y la torpeza expresiva hasta el esperpento
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 20 de diciembre de 2013, 07:10 h (CET)
Sobre genética hablamos sin cesar, que si uno ya nace así, que si los ambientes influyen; si uno nace con aquellas características definidas o predomina su configuración a lo largo del tiempo de vida. Con el matiz de darle mayor realce a la pasividad del individuo, al que le van sucediendo las cosas. Damos la sensación de funcionar con un notable distanciamiento con respecto al SENTIDO de la experiencia vital. El vértigo nos ocupa sin permitirnos avizorar la dirección de la marcha. La referencia a los proyectos personales bien elaborados, ideales o la propia alma, comienzan a considerarse como una extrañeza. De ese modo, la desorientación está cantada de antemano, derraparemos sin remisión.

Con el sentido disperso, arrastramos la indignidad irresponsable y la torpeza expresiva, hasta extremos cercanos al esperpento; porque, ¿Qué es lo que comunicaremos? ¿Superaremos el mero parloteo? Si ya resulta complicada la utilización adecuada de las palabras; el descuido y la desorientación contribuyen a la TERGIVERSACIÓN de las relaciones sociales.

Roberto Juarroz era radical en dicha apreciación, “Todo lenguaje es un malentendido. La palabra propia del hombre todavía no existe”. Decir las cosas, ajustadas a los significados correspondientes de cada ocasión, es un arte que no está al alcance de casi nadie; menos aún, en todas las ocasiones. En eso radica la importancia del esmero con el cual procedamos. Cuando arrecian las discrepancias y crispaciones, echamos de menos las APORTACIONES creativas bien orientadas.

La abdicación en cuanto a la aplicación de las reflexiones propias, a favor de algún dirigente que otro, adolece de riesgos importantes, que comprobamos con lamentos diarios. En qué carruajes estarán montados dichos dirigentes, ¡Vaya usted a saber! Ellos y nosotros olvidamos con frecuencia las bases elementales del bienestar social, el SENTIDO COMÚN requerido para ello, que no habla de mayorías y minorías, es anterior a sus estructuras.

Exige sujetos que piensen por sí mismos, ¿Será mucho pedir?; pero ensanchando su pensamiento para ponerse también en el lugar del otro. Son las conocidas máximas de Kant, que añade una tercera, ser CONSECUENTE después con aquellas conclusiones elaboradas. Ese fondo interior sí que es el sentido común a todos. Nada que ver con las modas, consignas o arrastres comunitarios plagados de manipulaciones partidistas intolerantes. Al tiempo, tarea sencilla y compleja, aunque decisiva para el devenir de las actuaciones. Despreciarla o ignorarla nos embrutece, probablemente sin remisión.

Hubo épocas en que la investigación y la precisión de los trabajos emprendidos constituían las directrices para la consecución de eso que llamamos conocimiento; el saber penetraba entre los enigmas circundantes, aclaraba unas parcelas y descubría horizontes más amplios. Si las hubo, fueron épocas pretéritas. Ahora hemos evolucionado por un DESLIZAMIENTO aventurado de los conceptos. Aquellas realidades han sido suplantadas progresivamente por la sucesión de mensajes y comunicados. Lo publicado es considerado como lo real, aunque trate de elucubraciones sin fundamento. Son tendencias que nos arrojan a las fauces glotonas de quienes ostentan el poder sobre los medios de comunicación, en un sentido equívoco y ampuloso.

Entre los genes, los azares y los desmanes, apenas nos quedan iniciativas; deambulamos como desterrados o exiliados, lejos de donde maduran las decisiones. Es urgente que encontremos el RUMBO para evitar al menos los choques frontales con la realidad. La implicación y la responsabilidad no transigen con las jugarretas de los despistes sucesivos; denunciarán los refugios facilones, pero falsos; de unas religiones estancadas en normativas, del victimismo que desvía la responsabilidad a los demás o de una falta de interés conducente a la ignorancia conformista y cómplice que elude el protagonismo necesario. El rumbo es intransferible; puesto en marcha desde el núcleo personal, delimitará los compromisos, las tolerancias y las intolerancias. La renuncia a esa aventura también es posible, aunque poco satisfactoria.

En cuestiones de rumbo escogido, Paulo Freire identificó uno muy significativo, por lo difundido; el de la “opresión interiorizada”. Es la actitud de quienes reciben la información y discurren, asumiendo los esquemas con los factores dominadores de quienes abusan. La dominación es expresada en un proceso continuado de comunicaciones manipuladas e interesadas, que los receptores aludidos consideran como propia y válida en su ámbito. En vez de una averiguación en busca de los comunicados con visos de argumentaciones contrastadas, permanecen PLEGADOS a los medios, consignas y silencios, que les sirven, sin ánimo efectivo de filtrarlos.

En este supuesto, la interpelación por los problemas cotidianos, derivó en la seducción y la complicidad, al servicio de ciertos poderes. Cómo entenderíamos sino el relativo silencio de los sindicatos ante el inmenso robo de los Eres andaluces, los mismos militantes de los partidos políticos callando de lo propio y clamando por lo ajeno, o los desmanes en los Ayuntamientos, vividos desde la cercanía por unos ciudadanos poco respondones. ¿Les parece proporcional y justo el trato dado por Hacienda a quienes disfrutan de sueldos y pensiones multimillonarias en euros? Es decir, la conformidad dócil es al tiempo un distintivo de COMPLICIDAD; no valen los discursos para encubrir el sentido de esos comportamientos.

Pienso que todos tenemos muy claro que los humanos somos multifacéticos y nadie es quien para prescindir con violencia de alguien molesto. Aún con eso, las posturas adoptadas por los individuos o por las colectividades estructuradas, propenden al dominio de unos por otros. A poco que escarbemos, uno tiende a la imposición de sus criterios y los sectores culturales delimitan sus fronteras, agrandan sus núcleos y minusvaloran todo aquello situado en los márgenes. Justo es la tendencia esterilizadora, si no perversa, por el ensimismamiento empobrecedor. En esta supresión de alternativas reside un cúmulo importante de SINSENTIDOS muy activos en la actualidad. Lanzados en una progresiva desconsideración de lo particular.

En primer lugar, el sentido es múltiple, no se ha descubierto el significado único; quien pretenda disponer de él en exclusiva para la organización de la sociedad, respira con ínfulas totalitarias sin fundamento. Pese a esa evidencia, abundan quienes lo pretenden. La misma evidencia de la colectividad, ese talante comunitario tan pregonado, será un fuego de artificio, puro humo evanescente, en la medida que prescinda de sus integrantes particulares para las gestiones decisivas.

En la vida, cada uno canta su canción. ¿Cómo puede y cómo quiere? Camina por cumbres espléndidas y por hondonadas escabrosas; pero su canción mantiene su DISTINTIVO. Quienes no cuentan con esos distintivos a la hora de proyectar sus actividades, jamás podrán ser considerados generadores de sentido.

Comentarios
Rafael Pérez Ortolá 23/dic/13    08:56 h.
Daniel Loidi Galarraga 23/dic/13    01:56 h.
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