Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Etiquetas:   Evocaciones   vocaciones   y equivocaciones   -   Sección:  

¿Está tan cerca o tan lejos la literatura de lo extraliterario?

Rafael Campos
Redacción
lunes, 25 de septiembre de 2006, 16:47 h (CET)
Como escritor, sólo tengo dos razones para publicar mis obras. La primera es para que cumpla con su cometido, ser leída por el máximo número de lectores posible, razón por la que fue escrita y acabada. La segunda, ser remunerado, y por lo tanto, respetado como autor por el mercadeo y comercialización de dichas obras entre las que se cruzan intereses a varios bandos, de los que, de alguna forma, casi siempre, el autor, máxime artífice y centro de todo el negocio, sale, si tuviera suerte, malparado económicamente. La razón de ser remunerado, y por lo tanto, respetado, es evidente. Del aire no se alimenta el hombre, y de las risas de los demás tampoco, ni de la adoración, ni de nada que no se alimente cualquier otra persona; el escritor, en este sentido, no es diferente del resto de las personas. Aunque si nos damos cuenta, estamos hablando siempre de cosas que no atañen para nada a la literatura, que sí al hombre.

En noviembre cumplo los 30 años de edad, mi actividad literaria se remonta por datarlo de algún modo, a cuando tenía 20 años y escribía mi primera novela titulada “Todo el nublado”, le seguirían “La montaña grande”, “El diablo de los caminos”, “Las narraciones de Marquo el escribiente”, entre otros relatos, cuentos, artificios, poemas, poemarios y obras de teatro, incluso algún guión cinematográfico, por pura diversión. Cuando abandoné la carrera de Filología Hispánica me volqué en la literatura, la música y el cine, también en el café, la cerveza negra, el tabaco y un poco de güisqui, y en amigos muy cercanos y afines y otros especimenes más salvajes y a veces bobalicones. Todo esto sigue siendo extraliterario, porque en lo que respecta a mi literatura, seguía igual, avanzando penosamente, intentando abrirse camino desesperadamente entre mis sopores y pequeñas alegrías. No encontré trabajo, al principio no me carcomía, había tiempo, pero con el trabajo, igual que en cualquier otro tipo de relaciones y campos sociales, si no estás aquí no estás en ninguna parte. Yo no estaba en ninguna parte, me di cuenta con el paso del tiempo, y peligrosamente. Yo estaba en el tiempo, y peligroso. Renegaba de la literatura como quien reniega de la mujer de la que anda enamorado porque sufre mucho. Y además, ya tampoco quería ser escritor, nunca quise serlo, pero la cuestión es que continuaba, y seguía, incluso huyendo de la escritura. No pude más que rendirme ante ella, y hacerle algo de caso, esta vez, de verdad. Comenzaban entonces otro tipo de problemas, los de siempre, aunque esta vez, tomando partido claro. Entre la escritura o la vida: la escritura y la vida.
La vida cultural, literaria y artística de mi ciudad es bastante pobre, afortunadamente quizá, eso permite más contacto con la realidad, y es más fácil que formas de ver la vida, ideologías, sueños y otros chistes, se vayan al carajo. Eso hace que o te confundas del todo, o ya no puedan confundirte jamás. Y entras en conflicto, lo que antes eran simpáticos cambios de parecer, ahora se convierte en algo de a vida o muerte, como la escritura y la vida, la lógica de la paradoja. Y lo que son los motivos y temas extra-literarios de los que el escritor al margen se encuentra, al igual que en el mercadeo y las economías de subsistencia, aunque por motivos bien distintos, pues son finalmente esos extra-motivos los que sirven de acicate y lanzadera para ir con el caballo a defender el territorio personal; y el caballo perfecto, como bien definió Cervantes, era la literatura. Peligrosa por su libertad, y adorable por su locura, en cualquier caso, jamás debidamente respetada ni vilipendiada; y despertadora, o clarificadora según casos, de ocultos y no tan ocultos resquemores. No se odia la libertad en los libros, se celebra, pero fuera de ella es otra historia. Así somos, en eso nos convertimos. Autores, lectores, editores, intelectuales, artistas, albañiles, conductores de taxi, camareros, funcionarios… El monstruo gigante creado por nosotros mismos nos devora sin remedio.
Como decía, mi ciudad es un desierto, quizá también mi país entero, he viajado poco, pero conozco bien mi medio, y soy un hombre cultivado. El precio de no definirse, o no estar definido, en un color concreto a nivel social es la goma de borrar, o la piedad, o el destierro sin viaje al extranjero. En cualquier caso, el desasosiego, y sobrevivir casi como un mendigo aburguesado sin tener el honor de ser ni lo uno ni lo otro. Hay escritores en mi ciudad muy famosos y loados, bien pagados, y respetados. Hay otros ocultos, como yo, otros ignorados, los conozco, por la grandeza de su obra y defender su territorio de libertad, otros desesperanzados, que ya no escribirán probablemente jamás. Ninguno de ellos se respetan ni se comunican realmente con los demás ni con ellos mismos. Van continuamente tras una presa abstracta hasta el desaliento, y hay quienes llegan y quienes no, otros que ni lo intentan y se quejan, otros que no quieren ni intentar nada ni quejarse, se abandonan. En todo este círculo de persecución por recoger migajas del pastel o pequeñas miserias y vanidades no condeno ni a los ignorados ni a los ocultos. Saben respetarse, y saben defenderse. Para que la obra de un escritor salga a flote parece que haya que presentarse en sociedad, y avalado, como en cualquier caja de ahorros para conseguir un crédito. Yo de una vez por todas he decidido salir de mi madriguera, que no del armario de moda, para dejar de ser un escritor machacado por uno mismo y su circunstancia, como diría Ortega. Si para eso tengo que dar mi nombre, soy Marquo, nací en Málaga hace casi 30 años, y soy escritor. He fundado el movimiento nublista y la Asociación de Escritores Rehabilitados, AER, que no el AIR de Bach. Doy las gracias a la directora de esta publicación, África Laguna por brindarme el honor de ser colaborador de esta publicación digital en el primer número y su inauguración, y espero desde aquí y mediante mis artículos, crónicas, textos, entrevistas o cualquier menester, remover continuamente vuestras almas igual que me la centrifugo yo.

El porqué de este texto. No sé siquiera si éste texto es un texto o es el oeste; se trataba de exponer una situación real de un escritor inédito y quizá joven en nuestro país, a raíz de un correo cruzado con la directora de un magazine, en el que yo me presentaba como escritor en paro. Aunque en realidad soy un joven desempleado que a veces miente, con dificultades para trabajar, y con dificultades para escribir, con dificultades para vivir, en definitiva, como cualquier hijo de madre. Pero lo que he venido haciendo todos estos años, casi sin darme cuenta, ha sido escribir, y creo que ya es hora de respetar y auto-avalar un poco mi verdadero oficio, sea del gusto de unos tantos, o de unos pocos. Y que dios reparta suerte y fuerzas. Espero que leáis mis libros cuando salgan publicados, no sé si en España, en Francia o Peking. Ah, y si alguien me quiere regalar un ordenador portátil que se ponga en contacto con el director de este periódico. ¿Está tan cerca o tan lejos la literatura de lo extraliterario? Lo iremos viendo en próximas entregas. Salú!
Un escritor sin tranquilidad de espíritu es como un asesino en potencia, pero por otro lado, como me dijo un amigo, con buenos sentimientos se hace mala literatura.
Y como contestó Faulkner en una entrevista, el ambiente no es quien escribe ni determina la obra, el verdadero escritor es una criatura impulsada por demonios, y generalmente está demasiado ocupado con su obra como para preocuparse de lo que la rodea, el resto del tiempo, si le queda o no, puede gastarlo como le venga en gana. O algo así. Y ahora os dejo, es él, acaba de llegar, que estoy con el repartidor de carne.

Marquo.

P.D: Marquo está abierto a considerar sugerencias, temáticas o cualquier otra idea de los lectores para tratar en el siguiente número.
P.D.2: Marquo es un escritor ficticio creado por Rafael Campos en el libro de relatos “Evocaciones, vocaciones y equivocaciones”, que da título a esta sección cultural.

Noticias relacionadas

De Guindos niega que la sombra de la financiación ilegal ponga en riesgo al Gobierno

Sostiene que la publicación de los papeles no afectará a España en los mercados

Solana espera que la trama Bárcenas no haga caer al Gobierno

El exministro socialista es partidario de que se produzcan dimisiones cuando hayan imputaciones

Rajoy abandona la cumbre europea sin articular palabra sobre Bárcenas

Ha pedido esperar a la rueda de prensa posterior al Consejo europeo

El estado de salud de Mandela es "crítico"

Los médicos califican de falsa las noticias de un supuesto infarto

El Gobierno reabre la plaza Taksim tras el violento desalojo

La Policía impide todavía el tráfico rodado
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris