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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Enfermedades de transmisión sexual

Las mujeres que se atreven a denunciar asedios sexuales es muy posible que se les acuse de perturbadores del orden social y se las margine
Octavi Pereña
martes, 17 de diciembre de 2013, 16:35 h (CET)
El hecho de que se haya perdido el miedo al Sida por la mejoría de la calidad de vida de los enfermos gracias a la nueva farmacología, ha hecho que baje la percepción de peligro y se baje la guardia a la hora de tener que tomar medidas de seguridad cuando se tengan relaciones sexuales con personas desconocidas. Dicha relajación ha hecho que en los últimos años se haya producido un incremento de enfermedades de transmisión sexual. La sífilis es una de ella, lo cual preocupa a la sanidad pública. Joan Fibla, presidente de la Sociedad Antisida de Lleida, dice que el aumento de las enfermedades de transmisión sexual “indica que no estamos siendo suficientemente efectivos animando a la gente a que tome medidas de seguridad en la práctica del sexo”. Un factor a tener en cuenta en el aumento de las enfermedades de transmisión sexual es jugar a la ruleta rusa a la hora de practicar el sexo. Como muy bien dice el Dr. Fibla “a mí no me tocará es un gran error porque cuando se dé una practica de riesgo hay muchas probabilidades de que te toque”.

En la sociedad actual impera la cultura del sexo que provoca la hipersexualización de la población, especialmente de niños y adolescentes, lo cual provoca la desvaloración del otro al cosificarlo, considerándolo un objeto de usar y tirar. Aquí entra la permisiva ley que permite que niños de trece años puedan tener relaciones sexuales, cosa que a mi me parece que es legalizar la utilización de la infancia como mercadería sexual sin cometer delito y sus consecuencias punitivas. Los adultos se degradan mutuamente cuando se ven el uno al otro como meros objetos de placer momentáneo y, si te he visto no me acuerdo. Si te quedas embarazada ya te las arreglarás como puedas. Si te has infectado, porque no tomabas precauciones.

Un concepto desordenado del sexo acompañado de la ingesta de alcohol y otras drogas hace que la conciencia se nuble y no se tomen precauciones lo cual facilita el aumento de embarazos no deseados en mujeres cada vez más jóvenes y el aumento de las enfermedades de transmisión sexual.

El vacío que deja la cosificación del otro lo llena la compulsión sexual. La vida gira e torno al sexo. Satisfacer el deseo es una urgencia. El sexo que por creación divina es algo santo se lo ha profanado convirtiéndolo en un dios que maltrata a sus adoradores: embarazos no deseados, abortos, en buena parta en el intento de esconder el desliz, enfermedades de transmisión sexual.

El apóstol Pablo escribiendo a los cristianos de Corinto les insta a apartarse del estilo de vida imperante en aquella ciudad: “Salid de en medio de ellos, y apartaos dice el Señor, y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas” (2 Corintios 6:17,18). A continuación les dice: “Así que, amados, puesto que tenéis tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (7:1). Las religiones greco – romanas estaban vinculadas con la prostitución sagrada lo cual implicaba que el desenfreno sexual era bien visto. Hoy, este concepto sexual adquiere fuerza. La industria del sexo mueve muchos millones de euros lo cual indica que tiene mucha clientela, no sólo entre las capas sociales desfavorecidas sino también entre las adineradas. Si aún queda un ápice de vergüenza se debe a que continúa existiendo algún resto de influencia cristiana, recuerdo que va desapareciendo, desgraciadamente.

La Comisión de Derechos Humanos afirma que el número de mujeres que han denunciado haber sido agredidas sexualmente en el trabajo ha saltado del 16 al 29 por ciento desde el año 2003. La mujeres que sufren algún tipo de violencia sexual son las que trabajan en instituciones sanitarias y de servicios, las que se encargan de la limpieza de las habitaciones en hoteles, cafés, restaurantes y comercio. En el ejército también se dan muchos casos de asedio sexual que las autoridades se encargan de silenciar para preservar el honor de la institución. Las formas más comunes de asedios sexuales incluyen comentarios picantes, chistes, miradas lascivias, indirectas sobre el atractivo físico y explícitos correos electrónicos, entre otros.

Ignoro si las clínicas que tratan pacientes hipersexualizados o las terapias de grupo consiguen que a los enfermos se recuperen de su patología. Estoy convencido que si confiando en Cristo alguien abandona el desorden sexual y mantiene frescas en su mente las promesas del Señor se inicia una andadura de santificación en la que el sexo queda relegado en el lecho conyugal sin mancilla. Debe recordarse que lo que una persona piensa eso es lo que es. La compulsión sexual nace en el alma y se convierte en hechos que atentan contra el honor de la persona, aún cuando esta pueda ser una prostituta voluntaria u obligada a prostituirse. Poseyendo el temor de Dios deja de verse a la otra persona como objeto de gratificación personal y se la ve como un ser humano merecedor de que se le dignifique, se la respete y se le honre. Con el temor de Dios siempre presente la compulsión sexual deja de ser esclavizadora. La fe en Cristo es el mejor antídoto contra la compulsión sexual y el freno al incremento de enfermedades de transmisión sexual que tanto dolor producen a los afectados y que preocupan a la sanidad pública.

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