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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

El clan del ácido bórico

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 26 de septiembre de 2006, 00:36 h (CET)
He de confesarlo: hasta hace unos días quien esto suscribe ignoraba por completo qué es esa sustancia llamada ácido bórico. Hoy, gracias al periodismo de investigación de algunos medios y a algún partido político, he descubierto que el ácido bórico nos ofrece aún más posibilidades que la Coca-Cola (que ya saben que sirve tanto como refresco, como para desatascar la pila o para acabar con las malas hierbas del jardín). Pues sí, amigos, el ácido bórico, según dicen, sirve para aliviar el mal olor de pies, para matar cucarachas, controlar las termitas o incluso como remedio contra la vaginitis. Vamos, que es un primor. Eso sí, lo que no nos cuentan esos mismos medios es que el ácido bórico también puede utilizarse para enmascarar explosivos o como componente de alguno de ellos.

Tal es el afán de algunos por investigar los usos de dicha sustancia que hasta José Blanco, a la sazón número dos del antaño Partido (hoy confederación de parásitos) Socialista (hoy nacionalista-socialista) Obrero (y por eso rompen con la cohesión interterritorial) Español (un chiste), le ha dedicado un artículo -más bien redacción de un escolar de bachillerato- en su bitácora. “Acido bórico” lo ha titulado. Y en él nos cuenta que en Ferraz tienen ácido bórico a patadas. Si pueden paséense por “El cuaderno de Pepe Blanco”. Allí podrán admirar la genialidad de los socialistas en toda su amplitud. No tiene desperdicio.

Otros que se han lanzado al periodismo de investigación, incluso después de anunciarse el finiquito del equipo que tenían dedicado a tal labor, han sido los periodistas de “El País”, pertenecientes al mismo grupo de comunicación que aquellos días nos contaba que en los trenes había aparecido el cuerpo de un terrorista suicida, depilado y con mucha ropa interior. Eso por no hablar del antaño diario de centro-derecha ABC ahora reconvertido en fiel lacayo del diario independiente de la mañana.

Pues bien, a todos ellos yo, que soy así de guasona, los llamo el “clan del ácido bórico”. Y el clan del ácido bórico tiene un gran defecto: nos toma a los ciudadanos por idiotas. Más o menos como cuando algunos se reían de las detenciones de los islamistas (posteriormente condenados por la Justicia española) que tenían en su poder detergente y a los que llamaron “comando Dixán”.

Porque, señores, lo importante de este caso no es si la sustancia encontrada en el piso de los terroristas es ácido bórico. Lo mismo daría si fuera TNT, nitroglicerina, azúcar o lavavajillas. Aquí el asunto es que el Gobierno habría podido falsificar documentos periciales relativos a la mayor masacre terrorista cometida jamás en España. El asunto es que nos podemos encontrar ante un claro caso de obstrucción a la justicia. O de encubrimiento. Y, de nuevo, como hace unas décadas, podría haber miembros del Ministerio del Interior implicados.

Y si eso no fuera bastante, ahora sabemos que el informe sobre los restos de explosivos hallados en los trenes también contiene irregularidades (los informes periciales, según establece la Ley de Enjuiciamiento Criminal, deben de ir firmados por dos peritos). O que en el piso de la calle Virgen del Coro, usado como centro de trabajo por Allamah, el militante del PSOE presuntamente implicado en los atentados del 11-M, apareció un detonador ST. Y los detonadores ST son, según leo en la página de City FM, los que fabrica la ETA.

Yo no sé qué sucedió el 11 de marzo de 2004. No lo sé ni yo ni lo sabe nadie (salvo ZP, que afirmó en el Congreso que todo estaba claro, pero sigue sin explicarle nada a los ciudadanos). Porque del 11 de marzo apenas sabemos nada. Sólo que la versión oficial está plagada de mentiras, falsificaciones, engaños y errores.

Pero sí sé que aquel día unos malnacidos cometieron un brutal atentado cuyo objetivo era dar un vuelco electoral en España. También sé que por aquel entonces gobernaba el PP, que sería quien debería asumir la responsabilidad si hubo negligencia. Por lo tanto, cada día me escama más la cada vez más evidente actitud del PSOE, partido que estaba en la oposición durante aquellos terribles días. Me escama que diez partidos se hayan unido en un coro totalitario para tratar de evitar que la oposición ejerzca de tal (“hay que pararle los pies al PP”, afirmó Llamazares, ese amigo del dictador Castro, sin especificar cómo proponía hacerlo). Me alucina saber que el Gobierno podría haber falsificado pruebas para borrar el nombre ETA de informes periciales (¿qué más da que hubiera sido ETA o un grupo de fundamentalistas islámicos o ambos a la vez?). Y me mosquea aún más la reacción del PSOE tras conocerse el asunto. Me hace pensar mal que se haya expedientado por parte de Interior a los tres peritos que firmaban el informe original (uno de ellos, según parece, es el mayor experto que hay en España… ¿Aviso a navegantes con ganas de “cantar”? ¿Intento de deslegitimación de un testigo?).

Lo que también tengo claro es que el “clan del ácido bórico” va a tener que explicar muchas cosas. Y que pase el tiempo que pase y suceda lo que suceda habrá miles de ciudadanos dejando claro que aún queremos saber. Y también tengo claro que lo sabremos. Y que dentro de unos años todos sabrán quiénes quisieron saber la verdad y quiénes quisieron taparla. Y esto será tan evidente que ni mil operaciones de márketing podrán taparlo. Allá ellos.

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