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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Rostros en el espejo

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 25 de septiembre de 2006, 02:20 h (CET)
Estamos acostumbrados a comentar imagenes más generales y repetidas; domina la zarabanda estrepitosa donde todo es pasajero, impersonal y frívolo. Una abundancia de ejemplos y notable falta de compromiso, como panorama común. Como si no existieran imagenes más personales o incluso más íntimas. ¿Existen? ¿Pretendemos esquivar o disminuir esa visión personal? Pese a lo trepidante de nuestras circunstancias, ¿Quién no se mira habitualmente en el espejo?. Es una forma de hablar, lo podremos negar de cara a los demás, pero ese instante de observación directa es una realidad cotidiana. ¿Qué observa uno en esos trances? ¿Cómo nos consideramos?

Una vez colocados cara a cara con uno mismo podremos plantearnos unas primeras preguntas. ¿Es inevitable? No sólo el espejo de usanzas pasadas, ya son habituales las pantallas o cámaras. El aspecto facial es tenaz y persistente, otra cuestión será como lo percibamos y lo consideremos. ¿Irremediable? Con tantas filigranas técnicas y cosméticas se abren esperanzas de cambio; por otra parte, no se presta atención a otras formas de aliviar tensiones faciales. ¿Influenciable? La indolencia y la desidia nos abandonan en manos de los remedios fáciles, pero no podemos olvidar que el rostro indica algo más allá del aspecto. ¿Sobornable? A pesar de tanto poder y manipulaciones; no, no es tan fácil persuadir a la fisonomía. De ahí, que nos planteemos, ¿Intratable?, porque ejerce una dictadura o dictablanda, según se mire desde la intimidad.

Tropezamos enseguida con una primera característica del rostro encontrado, su grado de IMPOSICIÓN o VOLUNTARIEDAD. Sobre todo la primera, desde la maja más chula hasta el más audaz de la movida, o viceversa. Y es que la fisonomía de una persona tiene demasiados aspectos independientes. Partiendo de lo puramente biológico, genético, cicatrices de la vida, etc. No hay que menospreciar las repercusiones del subconsciente, como mar de fondo regulador de tensiones o como auténtico provocador de pulsiones importantes. Tampoco se quedan atrás los humores de cada insigne ciudadano, marcan con saña el aspecto facial; esas caras avinagradas, esas víboras andantes. O en un plano más discutible, coloquemos esas intenciones ocultas, no siempre disimulables.

Este suceso comentado hoy, el enfrentamiento directo con el reflejo de nuestro rostro en el espejo, representa una de las pocas tesituras en las que no caben subterfugios. Origina un trasfondo íntimo y a las claras, uno de los aspectos del YO en DIRECTO. Ahora bien, como uno no vive sólo del rostro, puede enarbolar otras reservas para hacerle frente (Imaginación, caradura, silencio, desdén, otras actividades).

Por constituir un momento de la verdad, adquiere un valor en sí mismo; se le podrá evitar, pero no sustituir. ¡A qué seria curioso llegar a saber lo que se dijeron cara a cara diferentes ciudadanos a sí mismos después de algunas de sus actuaciones! No se libran ni los más famosos, ni los más corrientes. Sólo podremos imaginarlo, la realidad íntima es inaccesible; pero si podremos pensar en ello y así pudieron verse:

Zapatero, al día siguiente de sentirse promotor de esas alianzas entre civilizaciones, ¡Qué grandeza! ¿Cómo se alían las civilizaciones?

Aznar, cuando no se encuentran las armas ocultas en Irak; y se ve, no sólo la cara en el espejo, sino con el culo al aire.

Carod-Rovira, cuando casi revienta al llevar a toda Cataluña dentro, y aún le quedaban arrestos para emprenderla con los "extranjeros".

Farruquito, u otros elementos similares, al obervar lo ocurrido.

La teniente de alcalde marbellí cuando escuchó las cintas donde se grabó eso de, si no cobro no hay papeles.

O Moratinos por haber afirmado que la Asamblea General de la ONU debe dar una señal clara de que Oriente Próximo tiene una solución diplomática. ¿Y algebraica?

Y los detentadores del Nunca Mais, al quedarse con un veremos de largo plazo ante lo sucedido con los incendios.

El tiempo nos puede poner de manifiesto muchas evidencias ocultas; el tiempo mismo se convierte en un espejo entretenido que se recrea en sacarnos los colores. Estamos ante momentos estelares en los que pasamos de la fascinación a los chascos; de la altanería y orgullo, a doblar el rabo entre las piernas. En menudos líos se mete cada quién por mirarse en el espejo.

Tanto trasfondo, tanta genética y complicados como somos; intenciones, opiniones y subconscientes, ¡Cómo podrá extrañarnos la imprecisión! Al vernos ante el espejo, estaremos ante una anécdota más. Aunque conviene recalcar que pocos acontecimientos logran rebasar esa categoría. Las esencias y las verdades se venden muy caras. El más engolado petimetre se verá obligado a reconocer sus carencias, por el simple transcurso de la vida. Fuera complejos, las visiones comentadas hoy serán sencillas o pintorescas; pero insisto, así son muchas de las ofrecidas a precio de oro. Debieran forzar a la modestia, pero forjamos pedestales con esas minucias.

Lo que pudieron ser auténticas maravillas, expresiones particulares con todo su sabor, darán el pego al utilizarse como potencias inconvenientes. A nada que observen las pantallas o sus ambiente más cercanos detectarán muchas formas clonadas de proceder, renuncian a lo más particular. Otros quedan como caricaturas, circulan como fantasías perversas, huyen de sus esencias, tramando auténticos alambiques que destilan ... nada, y si algo ofrecieran, maldad. Las tendencias abúlicas extienden su pasividad, cómodos y sin dignidad; simples sujetos inactivos a la hora de esgrimir sus inquietudes. Son grupos de sujetos que no asumen eso de ser consecuentes al observar sus miserias. Y esto adolece de una gravedad enorme, porque abusando de esa disgregación en las formas de comportamiento, los malintencionados habilitarán fórmulas embaucadoras para una imposición ladina de sus intereses. Bastará un vistazo somero para cerciorarnos de esos atropellos que favorecemos en exceso.

No podemos quedar embobados con la institución, líder o parafernalias, que pretendan la SOLUCIÓN, porque esta se acercaría a la solución final para el ente personal. Hemos de ser consecuentes con la mirada que testifica lo que somos. Como dice Michel Maffesoli, se aprecia un desfase entre las evidencias intelectuales y lo que se ha vivido.

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