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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Tercermundismo en casa

Josep Esteve Rico (Elche)
Redacción
lunes, 25 de septiembre de 2006, 02:20 h (CET)
Empezó septiembre. Estos días, los diarios no tuvieron desperdicio, informativamente hablando. Parecían calcados entre si. Casi todas las noticias aludian a diversas deficiencias, carencias, dificultades, problemas y necesidades aún por solucionar. Desde la extrema, super estresante y más que caótico estado de la enseñanza pasando por las desesperantes reivindicaciones vecinales, citando las denuncias de todo tipo de violencias y las críticas respecto a la acumulación de basuras y desperfectos urbanísticos para acabar mencionando importantes casos de suma trascendencia social como la corrupción y cierre de fábricas; la cosa está que arde, al rojo vivo, digamos.

Mal acostumbrados y habituados al agosto vacacional y festero casi ausente de problemas, de golpe y porrazo 'estrenamos' septiembre con una retahila de temas pendientes, de situaciones conflictivas y necesidades acuciantes. Y claro, no vean como sube todo ésto la adrenalina. Total, que todos los 'denunciantes' parecían haberse puesto de acuerdo a la vez . Y yo me digo si será esta coyuntura una 'moda' momentánea o es que se han contagiado entre ellos, sufren de estrés o abusan del café. Lo cierto es que van como motos. Y con el 'turbo' puesto. Tiempo hacía que no se denunciaba tanto entre tantos y en pocos días. Hasta el mismísmo PP parece 'contagiado': las preguntas fiscalizantes y las mociones han empezado a salirles del horno como rosquillas, bien fluidas, con ligereza y rapidez -cómo se nota que falta poco para elecciones-. Esta 'febril' actividad, de seguir así, nos hará presumir un 'otoño caliente'. Al menos, lo que queda de septiembre y parte de octubre, cuando las aguas se calmen y vuelvan a su cauce.

No vayamos muy lejos. No es necesario ir a África. Aquí, en occidente, en Europa, en un estado desarrollado como España, que se supone que superó aquello de 'en vías de desarrollo', existe también el 'Tercermundismo'. Y concretamente en muchas capitales de provincia y urbes importantes -algunas de ellas conservan aún una mentalidad 'puebleril'- se dan lamentablemente casos -como los que cité antes- impropios e indignos de una sociedad que se considera culta, civilizada, educada y cívica. Casos prioritarios y vitales que no deberían producirse y que requieren solución inmediata. Claros ejemplos de que algo falla. Y es que aquí, donde conviven riqueza y pobreza, también existe tercermundismo. '¡Porca Miseria!'

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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