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Etiquetas:   Entrevista   Literatura   -   Sección:   Entrevistas

“Un escritor de novela histórica no ha de enseñar Historia pero los hitos que soportan la acción del libro deben ser rigurosamente ciertos”

Entrevista al escritor Francisco Narla
Herme Cerezo
lunes, 9 de diciembre de 2013, 08:14 h (CET)



ficharonin















Francisco Narla (Lugo, 1978) es escritor y comandante de línea aérea. A lo largo de su ya extensa carrera literaria, se ha atrevido con todos los géneros: novela, relatos, poesía, ensayos técnicos y artículos, estos últimos relacionados fundamentalmente con su profesión, pero también con sus aficiones y filias, entre las que encontramos actividades tan dispares como los bonsáis, el tiro con arco, la pesca con mosca o la cocina. Polifacético donde los haya, Francisco Narla ejerce también como orador. Así, ha participado en diferentes foros, como centros universitarios o programas de radio y televisión (Cuarto milenio, El guardián de la noche o Milenio). Comprometido también con la defensa de la cultura, ha abanderado proyectos como Lendaria, destinado a recuperar, proteger y divulgar la tradición mágica de su tierra, Galicia. En 2009 publicó su primera novela, ‘Los lobos del centeno’, tras cuyo éxito en España fue editada en México para toda Latinoamérica. ‘Caja negra’, su segunda obra de ficción, vio la luz en noviembre de 2010. El año 2012 lo inició publicando un tratado de aerodinámica, Canon de performance: masa y centrado, y planificación de vuelo’ y lo concluyó con ‘Assur’, su tercer proyecto narrativo.

Año del Señor de 1600, Japón hierve en una eterna guerra civil. Los señores feudales alternan alianzas y traiciones en un juego de estrategia en el que cada uno de ellos trata de hacerse con el gobierno absoluto del país de los dioses. La fortaleza de Fushimi no soportará el asedio y el samurái Saig? Hayabusa está dispuesto a sajarse el vientre sin una mueca de dolor, sin emitir queja alguna. Sin embargo, la misión que le ha reservado su señor requerirá un sacrificio mucho mayor que la muerte. La corona española vive un momento de máxima expansión territorial, pero Felipe III, rey débil y hedonista, ha dejado la corte en manos del duque de Lerma, quien entre corruptelas y nepotismo está empobreciendo el país y resquebrajando los cimientos imperiales. Dámaso Hernández de Castro, curtido en las campañas de Flandes, se prepara para partir hacia las Indias Orientales y ponerse al servicio del juez de la Audiencia de Manila. Ha de suplir con méritos su insuficiente alcurnia si quiere aspirar a la mano de su amada, la menina Constanza de Accioli. Pronto descubrirá que alguien ha disfrazado de oportunidad lo que en realidad es una trampa. El destino tejerá sus redes y un encuentro circunstancial unirá para siempre las vidas de Saig? y Dámaso. Durante la expedición que en 1614 trajo a los enigmáticos samuráis hasta la Península, los dos nobles guerreros trabarán una amistad épica. Aún no saben que persiguen a un mismo enemigo, que una única venganza bastará y que cada uno ha encontrado en el otro la pieza clave de una larga historia. Estos son los entresijos de ‘Ronin’, la nueva novela del escritor lucense Francisco Narla, editada por Temas de Hoy, sobre la que tuve la oportunidad de conversar con su autor hace unos días con motivo de la visita promocional que efectuó a Valencia.

Francisco, además de escritor también eres piloto de avión, ¿todavía estás en activo?
Soy piloto, pero gracias a los lectores de ‘Assur’ vuelo poco.

¿Durante el vuelo te da tiempo a pensar tus novelas?
No tanto, eso del piloto automático no es más que una falacia, porque uno no va rascándose la barriga durante el vuelo. Si haces un trayecto Madrid-Moscú puedes distraerte cinco minutos o te puedes acordar de una anécdota de tu vida, pero nada más. A los marinos les ocurre lo mismo, de noche duermen quince minutos, se despiertan y comprueban que todo funciona bien. El aire es muy exigente, no puedes distraerte. Lo que sí que tienes es ratos muertos entre vuelos en los aeropuertos y ahí sí puedes pensar algo más. Yo escribo mentalmente en muchos sitios porque me adapto bien, pero no durante los vuelos.

La primera noticia de que hubo japoneses en Andalucía me llegó porque existía un árbitro de fútbol llamado Japón Sevilla
Me lo dijo el otro día un periodista, porque yo no sigo mucho el fútbol. En el pueblo de Coria del Río actualmente hay unas seiscientas personas que llevan el apellido Japón.

¿Has escrito ‘Ronin’ porque se trata de un tema desconocido, exótico incluso?

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Bueno, tiene algo que ver con eso, pero lo cierto es que yo creo que el escritor, además de su más exigente lector, ha de ser honrado en el sentido de que debe escribir aquello que le gustaría encontrar en una librería. A mí el marco histórico siempre me ha complacido mucho y desde hace muchos años soy muy aficionado a la cultura japonesa, lo que me ha llevado a acercarme a Japón. Un día pasé por Coria del Río y descubrí la estatua de un samurái y me pregunté qué hacía allí aquel sujeto. Eso me obligó a indagar sobre el tema y descubrir que existían muchos mimbres para escribir una buena historia. Espero haber trabajado lo suficientemente bien como para no defraudar a nadie.

¿El proceso de documentación ha sido muy arduo?
La anécdota de la estatua ocurrió hace cinco años, pero sentarme a escribir pasó solo hace año y medio. De todas las novelas que he escrito, esta ha sido la que ha tenido el proceso de documentación más duro, porque el entorno japonés resulta un poco difícil para un occidental. Ellos tienen un concepto distinto de muchas cosas y eso es algo que nos cuesta de entender. Para preparar el libro, he tenido que viajar, leer mucho y hablar con especialistas intentando cometer el menor número posible de errores, porque un escritor de novela histórica no ha de enseñar Historia pero los hitos que soportan la acción del libro deben ser rigurosamente ciertos. No se puede faltar a la verdad.

En ‘Assur’ hablabas de los vikingos un pueblo que asola continuamente territorios extraños, en ‘Ronin’ los japoneses viajan a un territorio extraño, ¿te atraen este tipo de singladuras?
No, ha sido una coincidencia. En ambas historias me sedujo la idea de contar a los lectores algo poco conocido, interesante, que atrajera su atención. A mí, como lector, que me cuenten algo que ya he leído, en principio, no me atrae tanto, necesito que me inciten la curiosidad. Seguro que los marcianos no serán el tema de mi próxima novela [risas].

Ya que hablas de marcianos, ¿para los sevillanos que los vieron llegar, los japoneses eran seres tan raros como lo serían los extraterrestres hoy en día?
Yo diría que casi, pero no igual aunque no debió faltarles mucho. Había habido contactos previos a través de los portugueses y nos habíamos enfrentado a los japoneses en las costas de Filipinas por lo que ya sabíamos algo de ellos. Cuando llegaron a España, estuvieron parados un tiempo sin bajar del barco, hasta que las condiciones meteorológicas les permitieron remontar el Guadalquivir y llegar a Sevilla. En ese impasse corrieron muchos rumores y los comentarios de todo tipo se dispararon.

Supongo que sabes que existe una película con este mismo nombre, ‘Ronin’, dirigida por John Frankenheimer y protagonizada por Robert de Niro, ¿por qué elegiste ese título para tu novela?

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En mis novelas intento que haya niveles para todos. Me gusta recibir opiniones tanto de un chico joven como de un crítico maduro. Partiendo de esa base y dejando a un lado que hay lectores que solo buscan entretenimiento, la idea que subyace en el fondo del texto es la de “azotado por el viento”, que es un estilo de bonsái que se refiere a esos árboles que están al borde de un acantilado, agitados por el viento y que parece que se van a doblar. La idea del samurái azotado por el viento me resultaba extraordinaria y me pareció natural llamarlo Ronin, a pesar de la existencia de la película con ese mismo título, pero que no tiene nada que ver con el libro. La traducción de Ronin, hombre de las olas, me resulta muy evocadora. A la editorial, además, este título le sonaba similar al de mi anterior novela, ‘Assur’, y le gustó mucho.

Por cierto, ¿podrías definir lo que es un samurai?
Es un término muy complejo. Podríamos hacer una definición sencilla pero no se comprendería. Creo que hay que vivir varios años en Japón para empezar a entreverlo. Sin embargo, me quedaría con la concepción de que un samurái es el que sirve a su señor, pero entendido al modo como lo conciben ellos, no nosotros. Yo les diría a los lectores interesados que echasen un vistazo a la obra de Hagakure y, después de unos años, con un poco de suerte tal vez lleguen a alguna conclusión clara. En Occidente, siempre ha existido una fascinación hacia lo oriental, ¿esa fascinación es recíproca?
Ahora es más fácil el acceso a la información y no me refiero solo a las nuevas tecnologías, sino también a los libros y a los periódicos, que ya tenían fuerza a finales del siglo XIX. Eso creo que ha contribuido a que se pierda un poco esa fascinación, pero en España hay muchas asociaciones, muy atractivas, dedicadas a actividades japonesas. Y al revés, para ellos también resulta muy interesante un tablao flamenco. De hecho, en Tokio hay varios.

En el texto has introducido muchos términos japoneses, ¿con qué objetivo? ¿Para familiarizar al lector con la cultura japonesa?
Escribo para entretener y para que la crítica no me patalee mucho. Esos términos los he introducido simplemente para darle sabor a la novela, para salpimentarla y añadirle verosimilitud. Creo que una novela histórica debe respirar Historia por los poros de todas sus páginas y para transportar al lector a la época de la que le estás hablando no hay nada mejor que utilizar las palabras exactas. Pero es un proceso muy complicado. He tratado de hacérselo fácil al lector, de ser natural porque, como ya he dicho, lo que busco fundamentalmente es entretener.

Lo que hay en ‘Ronin’ es un cierto equilibrio entre el castellano antiguo, el actual y las palabras japonesas
Me siento muy contento de que digas eso porque he trabajado muy duro para conseguirlo. Esta es la novela que más me ha costado de preparar. Antes de comenzar a escribir, pienso qué palabras voy a utilizar y me planteo cómo voy a narrar porque, cuando el lector tiene el libro en sus manos, lo mejor que te puede pasar es que diga que el producto es bueno y que no se noten todos esos planteamientos previos.

¿Cómo era la España que los japoneses se encontraron a su llegada a nuestro país?

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Lo cierto es que llegaron pocos y lo primero que pensaron es que éramos unos guarros, que era lo mismo que decían de nosotros los musulmanes. Eso de que lavarse mucho podía incitar al pecado, como predicaba el catolicismo, dejó su huella. La diferencia de cultura era inevitable. También hay que pensar que los que vinieron en realidad solo eran una embajada enviada por Tokugawa, el nuevo shogun, que quería librarse de unos tipos que le molestaban. Por ello algunos no regresaron a Japón ya que habían apoyado a otras facciones y su vida hubiera corrido peligro.

¿’Ronin’ es una novela de culturas o de personajes?
Creo que es una novela más de personaje que de culturas. Hay una idea que está en el fondo de la novela que es que los poderosos manejan a los demás. Tanto Dámaso Hernández de Castro, el protagonista español, como Saigo Hayabusa, el protagonista japonés, caen en manos de señores poderosos y están obligados a llevar un tipo de vida que no desean. Y ambos lo saben. Para mí el interés de la novela se centra en esa lucha que llevan los dos para conseguir lo que buscan, la lucha entre ellos y el poder.

¿También hay afán divulgador en la novela?
Mi trabajo acabó cuando el libro entró en imprenta. Mi pretensión era contar una historia y a lo mejor no lo he hecho suficientemente bien. Si la gente lee el libro y le da otros enfoques me parece perfecto, pero a mí me gusta crear ambiente y tensión para que la historia tire del lector y genere su propia emoción. Si tuviera afán divulgador, hubiera escrito un ensayo sobre el siglo XVII, como ya hice sobre termodinámica. Lo importante de ‘Ronin’ es la historia en sí. Todo lo que hay a su alrededor ha de servir solo para que funcione y resulte atractiva.

Para acabar: además de tu interés por todo lo japonés y tu amor por los bonsáis, ¿dónde está Francisco Narla en la novela?
Supongo que diluido en todo el libro. Desde luego todos los personajes hablan como su autor. Tú puedes intentar introducirte en la piel de otro pero acabas siendo tú mismo. En la novela no hay ningún personaje con el que yo me sienta completamente identificado.

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