Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   El envés  

Desafíos de los voluntarios sociales

La lucha contra el hambre y la injusticia es el mandato más urgente de la vida
José Carlos García Fajardo
lunes, 9 de diciembre de 2013, 07:54 h (CET)
Porque estamos con los pobres contra la pobreza, la lucha contra el hambre y la injusticia es el mandato más urgente de la vida. Hay una forma de respuesta desde el voluntariado social al servicio de los más débiles y marginados.

En 1985 la Asamblea de las Naciones Unidas designó el 5 de diciembre como un día internacional para celebrar el poder y el potencial de los voluntarios sociales. El voluntariado es una forma poderosa de involucrar a los ciudadanos para hacer frente a los desafíos en justicia, dignidad, educación, sanidad y respeto al medio ambiente. Cada uno puede aportar su tiempo, sus conocimientos y su experiencia mediante actividades voluntarias, y la combinación de todos los esfuerzos puede contribuir a lograr la paz y el desarrollo.

Los voluntarios sociales suponen un desafío, pero significa adquirir nuevos conocimientos y realizar actividades gratificantes. Cada voluntario aporta sus conocimientos, a la vez que aprende a comprender mejor los problemas a los que se enfrentan los demás.

La pobreza es el mayor estigma de la humanidad. Y cuando casi nos habíamos acostumbrado, no sin dolor ni sin ira, a convivir con los pobres, surgió en las últimas décadas el concepto de los excluidos. Aquellos que no sabían que eran pobres, ni tan siquiera que eran seres humanos. En menos de una década ha surgido una nueva figura, la del perdedor radical.

El perdedor radical es un hombre al borde del precipicio, su vida no vale nada porque se siente desposeído de una pretendida superioridad ancestral cuya razón no comprende. Es una bomba humana que puede estallar en un acceso de locura destructiva como el amok malayo. De repente, leemos en los periódicos que un joven se lanza a matar con una escopeta a sus compañeros de colegio, o un padre de familia a su esposa e hijos y hasta a su propia madre anciana para finalmente darse muerte a sí mismo. Otras veces, toman como rehenes a seres inocentes sin pedir nada a cambio sino para inmolarse con ellos.

A diferencia del fracasado, al que sólo le queda resignarse y claudicar; o de la víctima que reclama satisfacción, el perdedor radical se aparta de los demás, se vuelve invisible, alimenta su quimera, concentra sus frágiles energías y aguarda su hora. Sufre, pierde el sentido de la realidad y se siente incomprendido y amenazado. Mientras está sólo es un durmiente.

No se trata de casos aislados, su número crece en la medida en que nuestra sociedad se ha hecho opulenta y excluyente. Derechos humanos para todos, bienestar, reivindicaciones, expectativas de igualdad, consumismo y la lucha despiadada por convertirse en ganadores, pues son los únicos que la sociedad respeta. Al mismo tiempo, los medios de comunicación han exhibido la tremenda desigualdad entre los habitantes del planeta. La decepción de muchos acompaña al progreso de los elegidos. Al no poder identificar a los responsables de su situación y de la de sus deudos, llega a fundir la destrucción con su autodestrucción matando.

Porque estamos con los pobres contra la pobreza, la lucha contra el hambre y la injusticia es el mandato más urgente de la vida. Hay una forma de respuesta desde el voluntariado social al servicio de los más débiles y marginados. Con palabras de Frei Betto, ser voluntario social es sumar esfuerzos, entrar por la puerta de la compasión y repartir lo que ningún mercado ofrece: cariño, apoyo, talento, complicidad, a fin de dar la vez a quien enmudeció la opresión y la voz a quien la injusticia marginó. El voluntario social rescata mi propia autoestima, rediseña mi rostro humano, despliega las fibras anquilosadas de mi pereza, me inserta en la dinámica social, me hace cercano a las multitudes empobrecidas. Ser voluntario es saberse solidario, alzarse con pasión frente a la injusticia y aportar propuestas alternativas. La solidaridad es hacer propias las miserias ajenas. Saberse tú y actuar como nosotros. Alejo de mí el asistencialismo que crea dependencias. “Voluntario, soy multitud. Solidario, soy trabajo compartido. Sumando con todos aquellos que tienen hambre y sed de justicia”. Me niego a acatar cualquier fractura que niegue a la familia humana el derecho a la fraternidad, para dar las manos a quienes asumen que la felicidad que brota de la justicia y de la solidaridad es el artículo único de la declaración de los Derechos Humanos.

Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

La burra al trigo y la perdiz dando vueltas

Andalucía se merece abrir las ventanas y respirar aire fresco, renovado y fértil

¿Marranea Ciudadanos al PP? ¿Corteja al PSOE buscando ventaja electoral?

Rivera parece temer el San Benito de ser considerado de derechas y es posible que, su apuesta por el PSOE, acabe por conseguir para su partido, Ciudadanos, el calificativo de chalaneador político, de tendencia izquierdista, con quienes apoyan el independentismo catalán

Maestras por el mundo

Laura ha tenido la mala suerte de encontrarse una situación peor que hace un siglo, no respeto a la mujer

¿La sombra del crash bursátil planea sobre Wall Street?

Génesis de la actual burbuja

¿Qué sucede en Europa? La reacción inesperada hacia la derecha

¿Hablamos de extrema derecha o simplemente de derechas a las que, los perdedores de la izquierda y los incapaces del centro, intentan demonizar?
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris