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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Fernando Argenta. In memoriam

“En todo hombre bueno habita Dios”, Séneca
Miguel Massanet
jueves, 5 de diciembre de 2013, 09:11 h (CET)
La noticia del fallecimiento de Fernando Argenta Pallarés, hijo del malogrado director de orquesta y compositor Ataulfo Argenta, puede que no haya despertado un luto nacional, no porque esta excelente persona, músico de amplios conocimientos, extraordinario pedagogo, gran difusor de la música clásica y entrañable maestro y promotor de la música “seria” entre los niños (a los que entendía perfectamente, sabía como interesarlos en una música que normalmente les resulta ajena, la música clásica, y experimentado conocedor de sus preferencias y de los trucos y ardides para conseguir captar su atención de modo que, como un moderno flautista de Amelín, se los metía en el bolsillo a los dos minutos de aparecer en el escenario de su famoso “Conciertazo”), no tuviera merecimientos sobrados para merecerlo, sino porque durante su azarosa vida prefirió estar bajo la sombra de la gloria de su padre, dedicándose a darlo a conocer, explicarnos su vida, alabando sin reservas sus facultades y virtuosismo como director de orquesta; manteniéndose siempre en un segundo plano, del que su modestia y sencillez le impedía salir.

Recuerdo que escribí un artículo sobre este personaje con ocasión de una de estas jugarretas que las empresas, simples máquinas de ganar dinero, en ocasiones se permiten con aquellos que saben que, por su bondad y conformismo, no les van a crear problemas. Ahora veo que lo quieren pintar, quizá para darle una salida airosa a Radio Nacional de España, como si Fernando Argenta se hubiera jubilado voluntariamente después de 32 años de servicio impecable, dirigiendo aquel formidable programa conocido como “Clásicos Populares”, que mantenía a una audiencia fiel pendiente de sus amenas biografías de músicos famosos de las que recuerdo, con especial cariño, la que hizo de su padre, Ataulfo Argenta, fallecido prematuramente a los 44 años, dejando a viuda y cinco hijos entre los cuales estaba Fernando, a la sazón un niño de 12 años.

Es un tópico decir, cuando alguien se muere, que se trataba de una buena persona, querida de todos, amiga de sus amigos y un ejemplo de buen ciudadano. En el caso de Fernando Argenta, incluso aquellos que sólo lo conocíamos a través de las ondas hercianas, podemos afirmar que era una persona entrañable, modesta, con una verdadera admiración por su padre, tanto desde el aspecto familiar e íntimo como en el de eminente director de orquesta y compositor. Si hubo una persona que dedicó su vida a divulgar el legado de su padre esta fue, sin duda, Fernando Argenta.

Me imagino que, si es cierto que existe un “más allá”, un lugar donde se premie a quienes han alegrado la vida de los demás y han conseguido sacarles a los niños una sonrisa de felicidad y alegría, con toda seguridad, señores, que en el espacio reservado a los grandes músicos que han sabido, con su talento, legarnos obras maravillosas para solaz y deleite de esta humanidad, tan precisada de ello; en él habrá un atril, situado a la diestra del de su padre, Ataulfo, reservado para su hijo Fernando; que ya debe haberse fundido con él en un inmaterial abrazo con el que ambos habrán celebrado su reencuentro para toda la eternidad.

Desde este modesto comentario quiero enviar a la mujer e hijos de Fernando Argenta la expresión de mi más sentida adhesión a su dolor, esperando que, si hay consuelo para una pérdida semejante, sólo se puede alcanzar sabiendo que ha dejado una estela de amigos y de felicidad para todos aquellos que le conocieron y fueron testigos de su talento y de su dedicación a la noble tarea de expandir la cultura, a la que dedicó su vida. Descanse en paz. .
Comentarios
Bettina von Skerst 05/dic/13    12:00 h.
Bettina von Skerst 05/dic/13    11:59 h.
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