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Entrevistas

Etiquetas:   Entrevista   Literatura   -   Sección:   Entrevistas

Presentadas en Valencia las novelas ganadoras del Premio Ateneo Sevilla

Dos obras donde religión, política y corrupción van de la mano
Herme Cerezo
martes, 3 de diciembre de 2013, 09:36 h (CET)



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Lorenzo Luengo (Madrid, 1974) es autor de varias novelas, ensayos, ediciones críticas y relatos. A los veinte años publicó sus primeros cuentos, ensayos literarios y traducciones anotadas, sentando las bases de una obra crítica cuyos intereses abarcan la literatura romántica, la novela de género o la narrativa hispanoamericana, y a autores tan diversos como Victor Hugo, Lord Byron, William Butler Yeats, Ambrose Bierce, Fredric Brown o Juan Rulfo. Sus relatos, con los que ha obtenido medio centenar de galardones, han aparecido en numerosas revistas especializadas (‘Cuadernos del Matemático’ y ‘Barcarola’, entre otras) y antologías como ‘Fabricantes de Sueños’ (2003), ‘Cuentos para catar’ (March Editores, 2005) o ‘Aquelarre. Antología del cuento de terror español actual’ (Salto de Página, 2010). Su primera obra, ‘La cierva de la aurora’, a caballo entre el ensayo y la narración, se alzó con el Premio de Novela José Luis Cano en el año 2002. A ella le siguió la publicación de la primera edición completa de los ‘Diarios’ de Lord Byron (Alamut, 2008), fruto de más de cinco años de investigación y estudio de las cartas, apuntes biográficos y notas personales del poeta inglés. Sus siguientes obras fueron la novela ‘El quinto peregrino’ (Pre-textos, 2009), galardonada con el Premio Juan March Cencillo de Novela, y ‘Amerika’ (Algaida, 2009), por la que recibió el XIV Premio Ateneo Joven de Sevilla.




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Juan Soto Ivars (Águilas, 1985) es un escritor y periodista español, autor de varias novelas y cofundador del movimiento literario Nuevo Drama. Como periodista cultural ha colaborado en numerosas publicaciones, como la revista ‘Tiempo de Hoy’ o ‘Primera Línea’. También lleva la sección del diario digital El Confidencial ‘España Is Not Spain’, una colección de fotos sobre España inspirada en ‘Celtiberia Show’ de Luis Carandell. Coordinó y prologó (junto a Sergi Bellver) el libro colectivo de relatos ‘Mi madre es un pez’ (Libros del Silencio, 2011). Su primera obra fue ‘La conjetura de Perelman’, a la que siguió ‘Siberia’, Premio Tormenta al mejor autor revelación de 2012.

‘La cuestión Dante’ de Lorenzo Luengo. ¿Qué pasaría si los acontecimientos políticos más recientes no hubieran sucedido como nos han contado? Y sobre todo, ¿qué pasaría si las cosas no hubieran sido como recordamos que fueron? Cuando Virgil Clyde recobra la memoria se recuerda a sí mismo como un neurólogo a sueldo de la CIA, pero los médicos que lo atienden se refieren a él como Dante Veryl, un experto en religión y política, implicado en una conspiración cuyos orígenes se remontan a la Segunda Guerra Mundial y llegan hasta el auge del fundamentalismo islámico. Dante y Virgil habrán de recorrer un infierno donde los horrores de la historia más inmediata se mezclan con sus propios demonios personales. Manteniendo un difícil equilibrio entre realidad y ficción, La cuestión Dante urde una sofisticada y actualísima trama en la que ciencia de vanguardia, enigmas religiosos y secretos políticos se dan la mano, revelando la historia oculta del siglo XX que ha conformado el mundo de nuestros días.

‘Ajedrez para un detective novato’ de Juan Soto Ivars. “Las mujeres de las que me he enamorado tenían algo en común: el sentido del humor. Todas se reían de mí.” Así comienzan las memorias del protagonista de esta novela, que transcurre en una España corrupta, pobre y criminal, sospechosamente parecida a la nuestra. Marcos Lapiedra, un detective mujeriego y aficionado al ajedrez, elige a un escritor de novela policíaca como aprendiz y sucesor. A lo largo de su formación, el alumno se enfrentará a multitud de casos esperpénticos y verá cómo el maestro llega al límite de sus fuerzas. Entonces, tendrá que resolver en solitario el caso más endiablado: detener a un estrangulador de mujeres que pasea por el barrio de los prostíbulos.

Estos son los argumentos de las novelas ganadoras del Premio Ateneo de Sevilla y Premio Ateneo Joven 2013, respectivamente. Sobre algunas peculiaridades de las mismas tuve la oportunidad de charlar con sus autores, Lorenzo Luengo y Juan Soto Ivars en Valencia, ciudad a la que acudieron para presentarlas ante la prensa.

Lorenzo, Sevilla es una ciudad que pinta bien para ti
Lorenzo Luengo (L.L.): Sí, con esta ciudad solo puedo tener una relación de amor que ya empezó antes de los premios, cuando escribía sobre Lord Byron. Entonces se me despertó un cariño especial hacia Sevilla y todo lo que la rodea. Los premios solo han hecho que acentuarlo.

¿Cómo se lleva una promoción a cuatro ojos, a cuatro manos, a cuatro piernas, a dos cerebros?
L.L.- Esta es la segunda ocasión en la que hago una promoción en común con otra persona. Me encuentro muy a gusto con Juan que es un tipo lúcido, inteligente, coherente y que sabe escribir, que es lo que más me importa. Juan sabe colocarse en el lugar del escritor que no sigue la corriente de moda y que tiene proyección de futuro. Él quiere que su obra engarce tanto con el pasado como con los tiempos venideros. Con una persona así, la convivencia te retroalimenta.

Juan Soto (J.S.).- Nos llevamos muy bien. Yo tenía miedo de andar con un viejo loco, con una “estrellona”, pero Lorenzo no es así. Es un maestro en la materia, que ya tenía experiencia por el rodaje que hizo en su premio anterior. Además, su novela es suficientemente distinta a todo lo que yo he hecho hasta ahora como para que me parezca interesantísimo escucharle. Él es muy hábil dando respuestas porque siempre dice algo diferente aunque la pregunta sea parecida.

¿Habéis tenido tiempo de leer vuestras respectivas novelas?
L.L.- Ninguno de los dos hemos podido leer la novela del otro. Hemos empezado pero no hemos podido avanzar mucho. La promoción no nos deja tiempo para leer.

Las novelas ganadoras de los Premios Ateneo de Sevilla y Ateneo Joven suelen ser bastante distintas entre sí, lo que me parece un acierto
J.S.- La verdad es que no sé cómo funciona el premio, tampoco sé si los miembros del jurado siguen un patrón fijo o no. Lo que sí he hecho ha sido mirar los anteriores ganadores y me he puesto muy contento al comprobar que muchos de ellos son ya medianas o grandes figuras y también al observar su diversidad. Creo que la diversidad es una de las señas de identidad del Ateneo de Sevilla.

‘La cuestión Dante’ es un texto muy rico en datos, algunos de ellos muy concretos, ¿está pensado para un segmento determinado de lectores?
L.L. No, más que dirigido a un sector interesado en estos temas he pensado en el gran público. El tema de la identidad no deja de ser un tema de hoy, la pérdida de la memoria del protagonista, su confluencia con la identidad de otro personaje coincide con la sociedad actual que es muy desmemoriada, se ha olvidado de dónde procede y es muy fácil de manipular por parte de los que manejan el poder. En ese sentido, la novela es una llamada para despertar a una realidad distinta, en la que el concepto de quiénes somos y de dónde venimos ha de prevalecer sobre cualquier otro estímulo que trate de alejarnos de esa realidad.

En los pasajes en los que suministras muchos datos al lector has utilizado el humor, ¿lo has hecho para suavizar el tono del discurso?
L.L.- La parte de conocimientos puede resultar un poco dura para el lector si no se lo toma con cierta distancia y el humor es el mejor lubricante para conseguir este efecto. Me alegra que te hayas dado cuenta porque hasta ahora nadie me lo ha preguntado.

Juan, después de publicar un thriller y un libro intimista, ahora presentas una novela, ‘Ajedrez para un detective novato’, que combina género negro con el humor. ¿Por qué esos cambios de registro tan variados?

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J.S.- Hace un año y medio estaban a punto de traducirme al inglés para entrar en una gran editorial y el criterio final fue no hacerlo precisamente por estos virajes en mi carrera. Parece que hay una concepción de que el autor ha de ser monolítico para que una editorial se fíe de él. Sin embargo, yo tengo la tendencia de que cada una de mis historias tire para un lado distinto, que cada una hable con una voz distinta. En el caso de ‘Ajedrez para un detective novato’ no supe que era una novela satírica hasta que no la tuve clara en mi cabeza. La misma historia podía haberla convertido también en otro thriller, porque los hechos son de novela negra, pero no ha sido así. En una crítica que he leído por ahí, dicen que mi novela es a la novela negra lo que ‘La vida de Brian’ a las películas de romanos.

A mi entender, en literatura el humor es un género difícil pero no demasiado bien visto, incluso me cuenta algún escritor que el humor no goza de buena prensa entre los jurados de los premios literarios, ¿a qué crees que puede deberse esto?
J.S.- Para mí es más difícil hacer reír que llorar. De hecho, mientras escribía la novela tenía dos miedos: uno, que no fuera graciosa y otro, que resultarse intrascendente y que con el humor no pudiera alcanzar momentos álgidos de dramatismo. En España el humor es la gran tradición novelística, pero hace un tiempo que esta tendencia se rompió porque el siglo XX fue trágico. De hecho, uno de los grandes escritores humorísticos españoles, Jardiel Poncela, no termina de entrar dentro de la gran literatura.

El hecho de que en tu novela un detective profesional, consolidado, coja un aprendiz es algo poco usual dentro del género negro
J. S.- Ahora creo que se estudia en la universidad, lo que me parece el colmo, porque la detectivesca sigue siendo un oficio. Yo pertenezco a la generación de la titulitis, la de las carreras, la de los másters, y eso me da ganas de vomitar. Quería escribir algo sobre los oficios porque aunque estudié periodismo creo que como más se aprende es con un periodista al lado que te enseñe. El aprendiz de mi novela lo es en el sentido socrático de la palabra: tu ignorancia es tu mayor enemigo y yo soy el mayor enemigo de tu ignorancia. Hasta que no dejes de ser ignorante no seremos amigos.

¿En ‘La cuestión Dante’ existe un afán divulgador?
L.L.- El tema de la divulgación científica, de lo parapsicológico o de las teorías conspiranoicas forma parte de mi acervo de inquietudes desde pequeño y han ido cimentando todas mis novelas. Aunque en la que menos se puede apreciar esto es en la que escribí sobre Lord Byron, creo que existe una relación entre mi interés por Byron y estas teorías, porque los románticos buscaban una identidad propia dentro de un mundo cambiante en plena revolución industrial. Para cualquier buen lector estos temas deberían despertar su inquietud para que cada uno tuviera su visión particular, que les generara dudas y les indujese a pensar.

Según cuentas en tu novela, los alemanes se preocuparon por temas de comunicación astral, pero luego los norteamericanos continuaron investigando por esta senda
L.L.- Sí, eso es algo completamente real. De hecho, María Orsic, una de las videntes más importantes de la sociedad Vril, un esqueje de la Orden de Tebas, cuyo máximo exponente era Himmler, mantuvo una relación epistolar con Nikola Tesla cuando estaba en Estados Unidos. De ahí sale una novela preciosa sobre una mujer que contacta con un checo que se dedica a plantar varillas en algún lugar para lograr la energía cero a partir de la nada. Pero esa búsqueda de la ciencia paranormal, para ver si se pueden controlar las fuerzas que rigen el universo, era una obsesión nazi. Los nazis crearon una religión esotérica a través de los símbolos y la llevaron a la política. Ellos supieron que el símbolo tiene poder, que la liturgia tiene poder, algo que hemos olvidado ahora porque los símbolos están muy devaluados e ignoramos lo que existe detrás de ellos.

Tu novela habla de un negro de la escritura, ¿has vivido esta experiencia alguna vez?

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J.S.- Sí que la he vivido y como experiencia, desde el punto de vista de un escritor, es muy buena, es algo parecido a lo que ocurre en el periodismo. Los resortes de la novela y como dosificar la información lo aprendí siendo negro. Hay cosas que se descubren leyendo pero se aprende mucho más cuando un tipo corrige tus cosas y las correcciones son buenas. El dinero que me pagaban por ser negro me lo gastaba enseguida, pero las enseñanzas de aquellas novelas las conservo, van conmigo.

En ‘Ajedrez para un detective novato’ hay frases que llaman la atención. Entre ellas esta: “los críticos son unos comemierdas”. ¿Es tuya o de un personaje?
J.S.- Eso lo dice en la novela el abyecto personaje Pérez de Pucela. Esa frase se oye continuamente en el mundillo literario porque esa es la opinión de los escritores sobre los críticos cuando hablan mal de ellos. Me interesaba que apareciese porque le proporciona al lector bastante información acerca de cómo funciona el mundillo literario en el que existe una falta absoluta de respeto por el trabajo de los demás y se habla de modo barriobajero. Quería que Pérez de Pucela quedase como un subnormal, que tuviera una visión tan barriobajera del mundo del que se lucra como la que puede tener un poligonero.

En tu novela solo sabemos que estamos en España, pero ignoramos el lugar exacto, ¿por qué?
J.S.- Me interesaba universalizar la situación en la que se desarrolla la novela, al mismo tiempo que quería que fuese en España, porque es lo que conozco más. Pero como deformo la realidad, no quería tratar ningún tema concreto y por eso elegí una ciudad que no fuese ni Madrid ni Barcelona, aunque tuviera cosas de ambas, y una serie de elementos de época como Internet y los móviles en muy pequeñas dosis. Pretendía hacer un esperpento de la España actual y para conseguir que el esperpento fuese más notorio había que que suprimir los puntos de referencia fijos.

El mundo de la música, de los agentes y de los grupos también aparece en ‘La cuestión Dante’
L.L.- Es la parte de la novela que contiene mayor experiencia personal. Una de las cosas que más me han inquietado es lo referente al grupo Einstürzende Neubauten y su relación con los sucesos del 11 de septiembre. Ellos tienen una canción, Kollaps, que empieza con el ruido de la turbina de un avión y cuenta el derribo de unos edificios en Occidente. Este grupo apareció justo después de que se construyeran los edificios del Word Trade Center y aquello me descolocó hasta tal punto que tuve que replantearme la novela para explicarlo todo. Cuando estás escribiendo un tema de este tipo, llega un momento en el que empiezas a ver las cosas a través del filtro de la conspiración y eso es un peligro, porque descubres relaciones intrínsecas entre asuntos que no tienen nada que ver. El escritor vive un mundo de sinestesias y establece esas relaciones que son los cimientos de la metáfora, lo que te dificulta la recuperación de la realidad porque el problema de la metáfora es que la traspasa y terminas pensando que la realidad se viene abajo.

Los personajes de este mundo musical son inquietantes

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L.L.- Sí lo son y me parece que el verdadero infierno es el mundo que rodea a Dante. Todos ellos están inmersos en algún tipo de relación oscura, influidos por una discográfica que durante un tiempo se dedicó a buscar referentes de la música mundial en entornos oscuros para incorporar un mensaje oscuro a la música. Eso cuajó en el siglo XXI y han surgido grupos que promueven la oscuridad desde el punto de vista de las letras de sus canciones y también de su estética. Y no es una idea paranoide, porque está traspasando las fronteras musicales y los chavales que consumen este tipo de música llevan su vida al límite. La novela es solo una aproximación a la realidad.

Por lo que cuentas, observo que el porcentaje de realidad en tu novela es muy alto, ¿no?
L.L.- Sí y lo peor de todo es que la parte más irreal es la que resulta más real. He ido al fondo de la idea y he adaptado para la novela los sitios más oscuros e inquietantes y también los más desconocidos. Pero todo esto está sucediendo, la novela no ha inventado nada.

Lorenzo ya ha comentado algo antes sobre su caso, pero tú, Juan, ¿en qué lugar de tu novela te encuentras?
J.S.- Estoy en el tono, quizá soy el duende malvado que aguijonea al protagonista para que su visión del mundo tienda a ridiculizarse, soy el carácter de la novela. Desde luego no he querido incluir nada que fuese autobiográfico.

La última, ¿tenéis ya nuevos proyectos literarios en mente?
J.S.- Tengo un proyecto en el que voy escribiendo desde hace cinco años, pero tras la concesión del Premio Ateneo no he vuelto a hacer nada con él. Para escribir una novela precisas estar totalmente entregado y necesitas tiempo para vivir en silencio, sin interrupciones. Cuando quiero escribir, me voy a una casa que tienen mis padres en Águilas para encerrarme. Actualmente escribo una columna en el periódico El Confidencial que me sirve para desengrasar.

L.L.- Me encuentro en la misma situación que Juan. Ahora estamos inmersos en la promoción y mientras tanto sólo saco ideas. Decidir cuál es la mejor de ellas y pergeñar la trama es lo que siempre lleva más tiempo.

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