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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Víctimas de la política

Pascual Mogica
Pascual Mogica
viernes, 22 de septiembre de 2006, 00:24 h (CET)
Todos los presuntos implicados en casos de corrupción que están bajo sospecha o están siendo investigados, unos ya ante la Justicia y otros en la cárcel, dicen ser víctimas de maquinaciones políticas para perjudicarles personalmente.

Como ejemplo de lo dicho anteriormente señalaré los siguientes casos: El primero de ellos el que se refiere a Justo Valverde, ex cuñado de Zaplana y ex jefe de compras del parque temático de Benidorm Terra Mítica que como es sabido, la Justicia está investigando sobre pagos de facturas falsas y además las obras de este complejo de ocio han tenido un sobrecoste de 16.000 millones de las antiguas pesetas sin que nadie haya podido justificar dicho desfase presupuestario. Justo Valverde, ha dicho que “esto no es un juicio, es un asunto político”.

El segundo caso se refiere a Suárez Trashorras, el que supuestamente proporcionó los explosivos a los terroristas del 11-M. Este ha dicho que es una víctima de “un golpe de Estado”.

El tercer caso tiene que ver con la ex primer teniente de alcalde de Marbella, Isabel García Marcos, que manifiesta sentirse como “una prisionera política”.

Cuando gente investigada por la Justicia y a la cual, presuntamente, se le supone la participación en hechos delictivos escandalosos y que en la mayoría de los casos le denuncian los signos externos y su propio tren de vida, recurre al tan manido argumento de “soy una víctima de la política” es que no tiene otras razones para demostrar su no participación en los casos en los que se le relaciona, en definitiva su inocencia, si así fuera podría recurrir al amparo de los tribunales internacionales e incluso a pedir asilo político en otros países, pero no lo hace porque en su fuero interno le consta su culpabilidad, culpabilidad de la cual se quiere desprender utilizando este método siendo sabedor de que sus propios errores y sobre todo su falta de tacto y su desmedida ambición le han llevado a ser requerida por jueces y fiscales. Eso de considerarse maltratado por sus ideas políticas solo sirve cuando la cuestión no es otra que la circunstancia ideológica del individuo. Cuando hay malversación de caudales públicos, cohecho, tratos de favor, prevaricación, abuso de poder o nepotismo, no tiene cabida lo de “víctima política”.

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