Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Orientación familiar

Francisco Rodríguez
Francisco Rodríguez
miércoles, 20 de septiembre de 2006, 22:02 h (CET)
El maltrato entre los miembros de la pareja que llega incluso al asesinato, casi siempre de la mujer, es por desgracia una sección fija de periódicos y noticiarios. Como también se repiten las manifestaciones de condena, los minutos de silencio y la petición de más medios, legales, judiciales y asistenciales para acabar con la llamada violencia de género.

Pero estos casos que saltan a los medios de comunicación, aunque numerosos, son tan solo la punta del iceberg de una realidad que afecta a muchas más parejas: las desavenencias conyugales irresueltas. No se pasa de una situación normal a la agresión física de un día para otro. Hay siempre un proceso de deterioro de la relación de la pareja, durante el cual en lugar de buscar una ayuda eficaz y desinteresada para resolver el conflicto, se acude a menudo a familiares, amigos o compañeros buscando sobre todo que se pongan de su parte, que le den la razón frente a la otra parte. Los consejos de estas personas pueden ser adecuados alguna vez, pero otras muchas agravan la situación, se enjuicia el asunto sin una preparación adecuada para aconsejar, sin oír a las dos partes, sin la prudencia necesaria.

El entorno muchas veces es desfavorable. Al conocer, por una de las partes, las dificultades de una pareja siempre habrá quien le aconseje la ruptura inmediata, la búsqueda de otra relación que resulte más satisfactoria, el nombre de un abogado que le puede llevar la separación. Las leyes divorcistas que padecemos parecen más orientadas a facilitar las rupturas que la superación de los problemas. El divorcio exprés es un claro ejemplo de ello.

Si existen hijos, ellos pagarán las consecuencias, aunque digan que es mejor para ellos la separación que vivir junto a unos padres en conflicto. Pero ¿han intentado superar el conflicto? Siempre habrá datos estadísticos para todo: para demostrar que las separaciones no inciden en los hijos y para lo contrario. La realidad es que una familia que se rompe es una desgracia para todos sus miembros y no el ejercicio de un discutible derecho de los cónyuges o de uno de ellos a rescindir un compromiso e iniciar una nueva vida, que no será tan nueva ya que arrastrará tras de sí el fracaso anterior. No creo que pueda ser recomendable la situación de unos niños que andan de casa en casa, que tienen que convivir con la nueva esposa de papá o el nuevo marido de mamá y que terminan por no saber siquiera quienes son sus abuelos.

Por ello pienso que lo mismo que se hace una campaña para dejar el tabaco o para evitar accidentes de tráfico sería necesaria una campaña preventiva de rupturas matrimoniales que insistiera en la necesidad de acudir a profesionales serios, a centros de orientación familiar, apenas comience cualquier síntoma de crisis en la pareja. Frente a la estadística creciente del número de divorcios, que aparezca otra de las parejas que gracias a un buen centro de orientación han conseguido superar sus problemas.

También es necesario que la educación prepare adecuadamente a los jóvenes para el respecto y la responsabilidad. Las campañas de orientación sexual han estimulado, a mi parecer, las relaciones precoces, promiscuas e irresponsables como ponen de manifiesto el número de abortos de adolescentes y la dispensación libre de la famosa píldora del día después. Desde estas experiencias la llegada al matrimonio no tiene en muchos casos garantía alguna de estabilidad. Acostumbrados a satisfacer sus impulsos de inmediato y sin compromiso, les será difícil acostumbrarse a la fidelidad, a la ayuda mutua, al sacrificio de uno por el otro y de ambos por los hijos. La orientación sexual adecuada sería, en mi opinión, la que hiciera ver a los jóvenes que el sexo no es simplemente algo divertido sino una dimensión de la persona que tiene que realizarse en la responsabilidad, sometiendo los instintos a la razón que busca en lugar de una placer momentáneo la felicidad de toda la vida.

Noticias relacionadas

Rajoy, el francés Valls, Piqué y Cataluña

Los tres se ocuparon de ella

Leticia esclava de su imagen y aguijonazos electorales

“Con los reyes quienes gobiernan son las mujeres y con las reinas son los hombres los gobernantes” Duquesa de Borgoña

Cataluña a la deriva (y 3)

Entre lo emocional, caótico y ridículo

Hipatia, filósofa de Egipto

Es una mujer dedicada en cuerpo y alma al conocimiento y a la enseñanza

Hipnosis colectiva

La capaña representa uno de los capítulos más esperpénticos
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris