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¿Qué sabe Ud. de África?

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 20 de septiembre de 2006, 22:02 h (CET)
Sí, el titular es una inesperada pregunta de examen. ¿Qué sabes, imprevisible lector, del Continente negro? Así se le ha venido llamando desde siglos, aunque la abolición y el respeto creciente en la Aldea, hayan impuesto lo de “subsaharianos” para los naturales de la raza negra –como el betún-. Más, con este eufemismo, ¿se buscaba tranquilizar las conciencias después de siglos de menosprecio? El caso es que no sólo se les conocía muy poco, sino que su lugar de origen se situaba como en medio de una compacta jungla, o, a lo más, en aislados poblados de cabañas esparcidos en inmensas llanuras escasamente pobladas.

Se dice que África debe alcanzar el conocimiento que proporciona la educación, a favor del binomio desarrollo-descenso de emigración. Lo cual parece muy sensato, pero, también es necesario que el resto del mundo, conozca de África. ¿Cuál es, por ejemplo, la capital de Namibia, de Lesotho, o Tanzania?... ni en el “trivial” se atreven a colocar esa pregunta. El turismo ha hecho familiar la cornisa mediterránea desde Egipto a Marruecos; Sudáfrica tiene un lugar en el mundo por su apretada historia, y las enormes riquezas. Y poco más es de general conocimiento, a excepción de esos niños famélicos acosados por moscas, o las inundaciones que, periódicamente, traen aterradoras imágenes.

No es tema de actualidad, salvo por los cayucos cargados de drama. Como en la piel, la actualidad es epidérmica, y esto pertenece a la dermis, la capa subyacente. Otras cuestiones atraen el interés de las columnas de opinión, y se repiten hasta la saciedad en búsqueda de un abordaje “original”. Cualquier interesado en qué pasa por el mundo, podría citar la media docena escasa de los temas que se repiten, a diario, en letras e imágenes. La afluencia masiva de “subsaharianos” registrada este verano sobre Canarías, con el consiguiente desperdigamiento en la clandestinidad por el territorio peninsular, es un toque de atención a la conciencia europea. ¿De dónde vienen?... ¿capital de Guinea?... (¿). Los menores de edad acogidos, y a los que se enseña español, lo contarán, seguro; porque, tal vez sus padres, como a Moisés en un cesto de mimbre, a ellos, los metieron en un cayuco para que sean el futuro de la familia.

Sabemos que provienen de países sobrecargados por la deuda externa, arrasados por luchas étnico-tribales, asolados por el paludismo, SIDA, y otras enfermedades carenciales, y con administraciones fácilmente corruptibles. Lo que no deja de ser un tópico tras otro. Afortunadamente, también se va sabiendo del esfuerzo, que, por su modernización, algunos de ellos vienen realizando. Estadísticas de las Naciones Unidas han mostrado, por ejemplo, que la economía de África creció más rápido que la de América Latina el año pasado. Favorecida, sin duda, por el trato dispensado a la inversión foránea, que ha reducido la burocracia y mejorado el clima para los negocios una vez modernizada la contratación de mano de obra.

Entre los países del mundo que, hoy por hoy, ofrecen mejor clima de negocio, se conoce que Sudáfrica y Namibia están por encima de todos los países latinoamericanos con la excepción de Chile.

Asimismo, Botswana está calificada por encima de Perú, El Salvador, Colombia, Argentina, Ecuador, Bolivia y Venezuela.

Una vez que una compañía está constituida, necesita un promedio de 7 permisos o licencias de operación en Nueva Zelanda, 11 en Namibia y 17 en Sudáfrica. La misma compañía necesita 19 trámites en Brasil, Ecuador y Perú, y 23 trámites en Argentina y Guatemala

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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