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Etiquetas:   Crítica de música   -   Sección:   Música

'Waiting for the Sirens´call', de New Order

Gabriel Ruiz-Ortega
Gabriel Ruiz-Ortega
viernes, 6 de abril de 2007, 13:34 h (CET)
Está de más hablar de la importancia de esta banda en los últimos treinta años. La historia de la música disco no sería la misma sin ese cambio temático que emprendieran Bernard Summer, Peter Hook y Stephen Morris luego del suicidio del frontman de la banda a la que pertenecieron: Joy Division.

Muchos pensaron que sin el carisma tétrico de Ian Curtis la banda correría la misma suerte que aqueja a grupos musicales de importancia; pues no, la desaparición de los integrantes o el conseguirse otro frontman para traficar con el legado de Curtis no fue lo que se vio. Por el contrario, los ex Joy Division se tomaron su tiempo para reciclarse y ofrecer uno de los temas clásicos de la historia del disco y el rock, Blue Monday (1983).

Con los años New Order ha ofrecido producciones irregulares, pero en cada una de estas siempre existía al menos un tema que terminara salvando la producción. ¿Quién, a estas alturas, puede negar o atreverse a olvidar lo mucho que se ha disfrutado en inacabables madrugadas con temas como Bizarre Love Triangle, World in Motion, True faith y Temptation?

New Order ha sido causa de imperecederos homenajes, su influencia es básica en todo grupo que intente o quiera coquetear con la música de baile. Y absolutamente nadie olvidará,jamás, el tributo que se le rinde a NW y Joy Division en esa extraordinaria película de Michael Winterbottom, 24 hour party people.

La producción anterior a Waiting for the Sirens call (2005) fue Get ready (2001), este penúltimo trabajo estuvo rubricado por el espíritu rockero que se sintió en cada uno de sus temas, hasta llegó a pensarse que estaríamos ante un viraje musical del grupo; viraje, dicho sea, que sería todo un peligro puesto que NW ya no tiene nada que demostrar, ya no tiene con qué contribuir porque lo que tuvieron que hacer, lo hicieron, ya contribuyeron.

Pero en WFTSC vemos el retorno del cuarteto a sus raíces, a la fusión de sintetizadores, a las baterías acústicas con baterías eléctricas, y sobre todo, a la voz de Summer con el infaltable bajo, ya legendario, de Peter Hook.

Estamos ante once canciones irregulares. Mientras las escuchaba tuve la sensación de estar escuchando la misma canción, como lo fue en el caso del tema que da título a la entrega y Krafty. Y lo que puede parecer un retroceso no llega a serlo ya que esta producción fue sacada adelante con el fin de mantener en ritmo a la banda, respetando siempre la esencia de las letras, siempre diáfanas y nada pretenciosas, y en eso, Summer es todo un experto.

WFTSC no es una obra maestra, ni hablar. Pero tampoco es un punto bajo en la carrera musical de este cuarteto, por el contrario, es motivo más que suficiente como para hurgar en su discografía y seleccionar los temas que nos gusten y así armar nuestra preferencia idónea. Creo que Peter Hook y compañía estarían más que satisfechos.

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