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La fiabilidad de los suministros de gas ruso

Serguei Kolchin
Redacción
miércoles, 20 de septiembre de 2006, 00:09 h (CET)
Últimamente, en los medios de prensa extranjeros se discute mucho sobre si Rusia es capaz de cumplir cabalmente sus compromisos de cubrir las necesidades de gas natural en Europa. A menudo se cita la declaración del director de la Agencia Internacional de Energía, Claude Mandil, de que el consorcio ruso Gazprom no es un suministrador fiable de gas si se trata de una perspectiva a largo plazo. También se le reprocha a la compañía rusa el extraer gas en yacimientos viejos y no invertir lo suficiente en la explotación de nuevos yacimientos. Se afirma asimismo que las posibilidades de Gazprom dependen mucho de las compras del gas asiático, y ello no puede garantizar los futuros suministros.

Sea como sea, los datos estadísticos sobre las reservas mundiales de gas son muy contradictorios. También lo son las valoraciones de la parte que corresponde a Rusia en esas reservas: de 1/3 a 1/4 parte según distintas fuentes. En todo caso, ese volumen juega un papel relevante en el mercado mundial de gas. Las reservas mundiales probadas de gas natural se calculan en 150 billones de metros cúbicos, cantidad que sería suficiente para un desarrollo económico durante 70 años. Rusia es un líder evidente en ese sentido porque sus necesidades de gas las tiene cubiertas mejor que cualquier otro país. Según estimaciones del Servicio Geológico de EE UU, un 25% de las reservas de petróleo y gas aún queda sin explorar en la zona ártica, principalmente en el territorio ruso.

Ahora, la pregunta es si los yacimientos árticos y los situados en la plataforma continental de los mares norteños de Rusia son aptos para una explotación industrial y pueden servir para las necesidades de exportación. La actual situación en el mercado de gas, las nuevas tecnologías y las unidades de producción que se aprovechan en la explotación de los yacimientos ubicados en zonas de difícil acceso (Extremo Norte y la plataforma continental de los mares norteños) permiten afirmar que la explotación de los yacimientos árticos será una empresa bastante rentable.

O sea, en el tema de los suministros energéticos hoy prevalecen evidentemente motivos políticos. En las reservas mundiales de gas, un 27% corresponde a Rusia y un 15% a Irán, y por ello son dos países muy importantes en la distribución mundial del gas, hecho que siembra inquietud entre los principales consumidores de ese producto.

Es más, las 3/4 partes de las reservas mundiales de gas natural se concentran en Oriente Próximo y Medio y en el territorio de la ex Unión Soviética. ¿Acaso no impresiona ese dato? Claro que sí, porque el gas natural será muy pronto el agente energético más demandado en el mundo. Como resultado, Rusia es considerada cada vez más en el mundo occidental como un país que dicta sus exigencias a los demás partiendo de los intereses políticos propios. De allí, la nueva oleada de rusofobia en los círculos políticos de la Unión Europea y Estados Unidos.

El mundo occidental se obstina en que Rusia desmonopolice su red de transporte de gas y permita que el gas del Asia Central circule por esa red en condiciones de simple tránsito. Esta línea política del Occidente no siempre encuentra apoyo en los círculos empresariales que se pronuncian por una mayor colaboración con Gazprom (por ejemplo, la empresa alemana E.ON, la italiana ENI y otras).

Rusia, por su parte, conjuga los contactos en el ámbito interestatal con una enérgica actividad de Gazprom y de las entidades relacionadas con el gigante gasero ruso. El titular de Finanzas, Alexei Kudrin, ha declarado recientemente que sólo Rusia podría gestionar el mercado global de gas. Un elemento de la geopolítica rusa en materia de suministro de gas es la selección de los socios de Gazprom que participarían en proyectos de envergadura (sería una selección a partir del principio de lealtad, pero que no afectaría la conveniencia económica de la cooperación). Por lo tanto, se puede considerar que el recurso de las inversiones necesario para desarrollar la industria rusa del gas es suficiente por ahora partiendo de las posibilidades internas que tiene Gazprom y del interés que muestran sus socios extranjeros.

Según señalan fuentes en el Gobierno y expertos independientes (por ejemplo, la compañía BP), las reservas probadas del gas ruso a finales de 2004 se situaban en 48 billones de metros cúbicos (27% de las reservas mundiales). Hacia 2010, la extracción de gas en Rusia podrá alcanzar 645 ó 665 mil millones de metros cúbicos, y hacia 2020, entre 710 y 730 mil millones. Actualmente Rusia produce unos 600 mil millones de metros cúbicos de gas anuales, y exporta unos 200 mil millones. De manera que no hay razones para temer una escasez de los recursos de exportación.

En las regiones de Rusia que cuentan con una desarrollada infraestructura, hoy se concentra el 51% de las reservas probadas de gas, y ahíes donde se extrae la mayor parte del gas.

Incluso un análisis superficial de la situación configurada en el sector gasístico de Rusia confirmará que las inquietudes de Occidente son de carácter demostrativo o político. Las posibilidades para extraer gas en los nuevos yacimientos habían sido creadas aún en el decenio anterior, y ahora serán aprovechadas todas por haber cambiado la coyuntura de precios en el mercado mundial.

Por lo visto, lo que más preocupa al mundo occidental no es la posible dependencia de las exportaciones energéticas rusas, sino el hecho de que Rusia cobre fuerza gracias a los ingresos provenientes de la exportación y proceda a la expansión en el espacio económico europeo para entrar en el capital de las compañías energéticas locales. Es por eso que los políticos europeos no sienten entusiasmo por el concepto ruso de "intercambio de activos". Pero los socios de Gazprom –volvamos a repetir– comprenden perfectamente su actitud y ya preparan propuestas que competirán entre sí. En cuanto a la postura de Rusia, así la definió el presidente Vladimir Putin: "Si nuestros socios europeos desean acceder al sector energético ruso, pues entonces que también nos dejen establecernos en el mercado energético europeo". Europa asimismo se opone a que Rusia concierte con los países consumidores de gas contratos de suministro a largo plazo. Se afirma que tales acuerdos pueden ser un instrumento para monopolizar los mercados y hacer chantaje. Gazprom ya ha insinuado, en respuesta, que tiene otros mercados promisorios, tales como China y Japón.

De modo que el sector gasístico ruso cuenta con todas las posibilidades para incrementar las exportaciones y consolidar sus posiciones en el mercado mundial. Al mismo tiempo no se puede negar que aún quedan problemas relacionados con la explotación de nuevos yacimientos y el tendido de gasoductos adicionales. Pero ya se ha dicho que todo el estruendo en torno a esos problemas es más bien de carácter político y tiene poco que ver con la labor de Gazprom.

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Serguei Kolchin, Doctor en Economía y colaborador del Instituto de Estudios Económicos y Políticos Internacionales (Academia de Ciencias de Rusia), para RIA Novosti.

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