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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Lo que enseñan las escuelas

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
miércoles, 20 de septiembre de 2006, 00:09 h (CET)
Pensar que la estructura social se articula en valores éticos compartidos entre los que se encuentra en lugar preferente el respeto a la dignidad de la persona es, en lo que respecta a algunos temas muy fundamentales, adorar una gran mentira. No sabemos lo que Ángel Pestaña hubiese aprendido en la vida si le hubiese tocado afilar el lápiz en los Centros Educativos de nuestros días, pero sí podemos estar completamente seguros de las profundas impresiones que producen colegios e institutos de cualquier lugar sobre buena parte del personal sometido a su normal funcionamiento: Sandra Mimosa, de seis años, se encuentra todavía confundida por el temor a perderse por los pasillos del centro escolar, o a que la tiren al suelo los grandullones que corren como enloquecidos por el patio... Mohamed Negre, de once, se ha resignado a entender cada vez menos... Rafael Gwapo, de trece, ha sido advertido seriamente de que debe abstenerse de usar gorra en el aula... Acobardada, Maria del Mar Empollona, de quince, ha tenido al final que cambiarse de Centro, para que no le hagan la vida imposible la caterva impune de cretinos de su curso...

Pero eso es casi casi lo de menos. Poco sospecha el ingenuo alumnado, por no decir nada, de los evaluables contenidos, actitudes, y sobre todo procedimientos que alberga la médula de la autoridad educativa en el gobierno y en la oposición. La postura unánime, tanto de unos como de otros, frente por ejemplo al sanguinario fenómeno social de la circuncisión y ablación rituales es la de limitarse a impartir un discurso teórico de pura palabrería en el que se predica verbalmente el culto a los derechos humanos aunque no se disponga medida especifica alguna para hacer que se cumplan. Y, mientras la integridad física no se encuentra en por ninguna parte en programa eficaz alguno, comienza a sentirse rumor de urnas en el barranco y los colegios se convertirar por un domingo en tragapapeletas. ¿Elecciones? Lo que hace verdaderamente falta aquí es un milagro. Y los milagros no existen.

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