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Etiquetas:   Crítica concierto   -   Sección:   Música

La Oreja de Van Gogh, más de lo mismo en su vuelta a Barcelona

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
viernes, 6 de abril de 2007, 13:34 h (CET)
El grupo celebró sus 10 años juntos ante 18.000 personas en el Palau Sant Jordi

La Oreja de Van Gogh volvió a Barcelona y lo hizo con poco éxito, si tenemos en cuenta que se trataba de promocionar su último disco ‘Guapa’. El público se mostró mucho más entusiasmado con las antiguas canciones y, a excepción de ‘Noche’, con la que abrió el concierto, y V.S.O, una de las mejores y más reales historias de amor, los mayores aplausos fueron para las canciones de sus anteriores trabajos.

A lo largo de las dos horas que duró el concierto se pudo comprobar que Amaia tiene una gran voz y disfruta mucho sobre el escenario, tanto que incluso durante uno de sus ‘bailes’ dio la sensación de que estaba ensayando una sardana –aprovechando que estaba en Cataluña-, mano en alto y arrastrando un pie tras otro. También intentó, por dos veces, dirigirse a los presentes en catalán, y finalmente consiguió entonar un “bona nit Barcelona, avui serà una nit molt especial”, para terminar mandando “muxus”, pues aseguró que los ‘petonets’ catalanes no le acaban de convencer.

Las canciones más populares fueron ‘La playa’ o ‘Puedes contar conmigo’, que arrancaron los mayores aplausos de la noche, pero también sonaron otros himnos como ‘Cuéntame al oído’ o ‘Soledad’ y demostraron definitivamente que el nuevo disco no ha terminado de convencer a sus fans.

La actuación en general fue igual que su último disco; más de lo mismo, una puesta en escena simple pero eficaz y un sonido mejorable. Xabi San Martín con los teclados, Pablo Benegas en la guitarra, Haritz Gardé a la batería, Álvaro Fuente con el bajo –que celebró su cumpleaños- y el chorro de voz que desprende una pequeña pero gran Amaia Montero –a quien no le queda nada bien ese color de pelo- que se dedicó a corretear por el escenario.

Pero un grupo es algo más que un puñado de canciones y la manera que tiene de interpretarlas en el escenario. Recuerdo unas declaraciones que me sorprendieron de Pablo Benegas en una entrevista de este año: “Puede que el nuevo disco no guste, que se venda menos, pero ¿y qué?”. Exacto, probablemente el quinto disco del grupo sea un recopilatorio de su carrera o un básico, y tendrán dos o tres años más de margen para escribir otra docena de canciones más, sin más. Bastará con una buena para seguir viviendo de ¿la música?

Si los discos se venden como se fabrican algunas de sus letras, como churros, ¿para qué cambiar cuando todo funciona bien? Este año se cumplen 10 años desde que dio comienzo el grupo que más ha vendido en la última década, a pesar de la rima fácil en unas letras para adolescentes acompañadas de unas melodías tan pegadizas como parecidas. En definitiva, una especie de Camela, salvando las distancias, pero a mayor escala.

El panorama musical de nuestro país es ciertamente contradictorio; mientras algunos compositores con mucho talento dedican en vano su tiempo y esfuerzo a innovar versos y acordes, los grupos como La Oreja de Van Gogh, El Canto del loco o El Sueño de Morfeo, entre otros, son los que llenan los conciertos y baten récords de ventas en una industria aparentemente en crisis.

Pero si hay que reconocerle algo al grupo vasco-español es que son uno de los que mejor se saben vender. Fueron los primeros en lanzar un disco a través del móvil antes de las tiendas gracias a Movistar, y ahora Seat patrocina su gira. Se les ha criticado bastante al respecto, pero son pocos los que han hablado de la otra publicidad, la solidaria.

En la gira que están realizando por toda España, a los coches de Seat les acompaña una serie de artículos de merchandising, cuyos beneficios de venta se destinarán a un proyecto de la ONG Intermón Oxfam, quien construirá una escuela para los niños pobres de Honduras. Pero de eso se habla poco, ni siquiera para preguntar por qué no se destina también parte del dinero de la gira a Honduras que, entre otras cosas, servirá para ampliar la colección de 'Vuitton' de la pequeña y menuda Amaia.

Aun así, la sencillez e ingenuidad de sus letras sigue siendo encantadora y, en muchas ocasiones, más que necesaria en los tiempos que corren.

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