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El abandono de la educación

Pelayo López
Pelayo López
martes, 19 de septiembre de 2006, 00:04 h (CET)
Ahora que los más pequeños han regresado ya a las aulas, y que el resto de los estudiantes están a punto de hacerlo según el grado de los estudios que cursen, conviene llamar la atención sobre un dato preocupante que se ha dado a conocer recientemente y que no deja en buen lugar a nuestro sistema educativo. Mientras algunos alumnos, los de los niveles medios y superiores, se encuentran todavía inmersos en los exámenes de septiembre o esperando ya los resultados según los casos, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico nos ha dado un tirón de orejas considerable para recordarnos que el cacareo nunca ha sido un gesto inteligente, y que, además, en algunas ocasiones conviene más mantener la boca cerrada y reservarlos para la intimidad.

Una de las reacciones típicas de los estudiantes tras un examen, que todos lo hemos sido, es la de confesarse dubitativo sobre las posibilidades de aprobar o suspender, aunque no siempre se deba esta circunstancia a la realidad del ejercicio sino más bien, en una inmensa mayoría, a una ficción que sirve para alejarse del abismo del fracaso. Y fracaso es lo que indican los datos de la OCDE, fracaso calibrado que nos coloca en el puesto número 23 de los 26 países estudiados y, lo que es más preocupante aún, a años luz de la media, el 12%, y de países que deberían ser nuestro espejo, como Alemania, Dinamarca o Noruega que superan el 90% de alumnos que lo completan, incluso este último país nórdico roza el 100% . Nuestros jóvenes, un 30% de ellos, lo que representa también la tasa más alta dentro de la Unión Europea, abandona los estudios antes de culminar el ciclo obligatorio, y eso sin contar que también somos uno de los países donde más se repite, casi otro 30%. No sé a qué se debe este fallo de engranaje en una maquinaria tan básica para cualquier sociedad actual que pretenda seguir creciendo. Puede que sea por la ineptitud de nuestros políticos –incapaces de lograr un consenso sobre un sistema a largo plazo- o por lo goloso que resulta para los más jóvenes el rápido acceso al mercado laboral.

Y hablando del Rey de Roma... Según otro estudio, parece que aquellos que se encuentran en lo más alto de este mercado en nuestro país no se aplican para ellos mismos lo que hacen con el resto. ¿Por qué será? Mientras en Europa y otros países desarrollados como Estados Unidos o Canadá las retribuciones variables de los directivos superan también el 30%, aquí, en casa, apenas suponen un 10% y nos encontramos de nuevo a la cola, o a la cabeza según se mire –y unos miran por sus bolsillos más que otros-. Eso sí, a los empleados cada vez se les aplican más variables a su salario en función de los rendimientos de las empresas. ¿Un mecanismo para que el trabajador se identifique e integre en la empresa, o un ábaco para que los salarios le salgan a algunos más rentables?. Se empieza por una cosa y se termina por otra, y hay algo que a estas alturas no se puede permitir. La educación es indispensable, es libertad, así que, siendo algo sarcástico, ¿por qué no cerrar de hecho las aulas?, ¿por qué prolongar el abandono de la educación?

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