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Etiquetas:   Carta al director  

Turquía, su futuro y el nuestro

Jabier López de Armentia
Opinión
martes, 19 de septiembre de 2006, 00:04 h (CET)
Parece un tema olvidado en las agendas internacionales, ocultado a golpe de machete por los numerosos conflictos que vemos a diario. ¿Un ítem olvidado o tal vez ocultado?. Las ultimas palabras del Papa Benedicto XVI no ayudan mucho a calmar las aguas entre estos dos mundos. Dos mundos declarados en guerra, dos religiones pisándose a diario, dos concepciones distintas del ser humano.

¿Qué supone la entrada de Turquía en la Unión Europea?. Además de hablar de una transformación de la frontera geopolítica existente en la actualidad, hablamos de una transformación de la frontera cultural, al incorporar un Estado con una cultura musulmana y creando por tanto una rivalidad tanto teórica como practica en torno al campo religioso.

Esta decisión devendrá en un problema no sólo interestatal sino también intercultural, sin olvidar que situaría a la UE en frontera limítrofe y latente con el universo de Oriente próximo, situándole en el corazón del conflicto civilizacional. ¿Podemos hablar de la antesala de una nueva cruzada? ¿Cristianos Vs Musulmanes?.

La posición geopolítica de Turquía es envidiable por ser el verdadero puente entre dos culturas, pero también una posición geopolítica conflictiva por entenderse como un posicionamiento relativo a favor o en contra de muchos problemas internacionales. Así pues la entrada de Turquía en la UE sería un duro golpe para las aspiraciones nacionalistas del pueblo Kurdo, así como para Chipre. Por otro lado las relaciones entre EE.UU. y Turquía son más que buenas, una relación de estrecha colaboración; todo esto sin olvidar las muy buenas relaciones que mantienen los norteamericanos con Reino Unido y diversos países del este, así como las que mantenían hasta hace bien poco con Italia y España, harían de la UE un organismo politico y economico con un notable peso estadounidense.

Con la entrada en la UE de Turquía se presentan sobre la mesa numerosas cuestiones, siendo una de ellas la cuestión del infiltrado inconsciente. ¿Estaríamos hablando de introducir a un topo durmiente que algún día, pasado el invierno despertara y saliese de su guarida?. Puede parecer una aberración tal afirmación pero requiere de un análisis de tres ítems. Culturalmente Estambul, la Turquía europea, está más próxima a la cultura occidental, pero el resto del país se acerca más al mundo cultural musulmán que a cualquier otro. Por otro lado, ideológicamente en la teoría se habla de democracia, por lo que debería estar más cerca del resto de países europeos, pero en la practica hablamos de un Estado autocrático, basado en el atropello de los derechos humanos, tanto individuales como colectivos. Por último y no por ello menos importante religiosamente, la proximidad es claramente unidireccional; la religión musulmana es la única dirección que existe: una carrera sin frenos hacia la homogeneidad religiosa. Por esta razón la entrada de Turquía en la UE se erige como un factor desestabilizador en el campo religioso. ¿Acaso Benedicto XVI será el Papa de los turcos?. No hace falta más que ver las últimas declaraciones del "amigo" Benedicto para darse cuenta de que no se busca una unión pacifica y coexistente entre las dos religiones, sino el aplastamiento y el sometimiento de una sobre la otra.

Evidentemente este aspecto sería un punto de conflicto muy importante a la postre reflejado en la sociedad civil. Además el poder político y decisorio que se adjudicaría a Turquía debido básica y llanamente a su gran población traería verdaderos quebraderos de cabeza en el proceso de toma de decisiones dejando (grosso moddo) el futuro de la UE en manos de un “Estado Novo” y cuanto menos, diferente ideológica, religiosa y culturalmente del resto de la Unión.

De ahí el titulo de este articulo. El futuro de Turquía condicionará el nuestro. Y de aquí se desprende la magnitud de la decisión a favor o en contra de su adhesión.

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