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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los primeros aprendizajes

Francisco Arias Solís
Redacción
martes, 19 de septiembre de 2006, 00:04 h (CET)
“Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
ríete siempre.“


Miguel Hernández

Lo más perturbador en la formación de la personalidad de un niño, lo que tal vez más nos choca es el constatar la mecánica extraordinaria que preside la formación de las conductas.

Sin duda que el niño viene al mundo con un cierto número de virtualidades en potencia. Hay lo que algunos llaman el temperamento, otros el carácter y que representa la parte de la herencia. En una misma familia cada niño tiene “su” carácter que la historia personal no llega a explicar. Cada niño utiliza a su manera, según su historia personal, según sus experiencias, según lo que se llama sus vivencias ... sus recursos de base, su potencial inicial explicándose así las diferencias considerables de la personalidad en el seno de una misma familia. Mas no se puede negar la existencia del carácter. No todo es condicionamiento o más exactamente los condicionamientos adquiridos muy pronto se injertan en los datos originales. Sin embargo sus primeros años de vida serán tan determinantes en cuanto a su porvenir que los factores hereditarios (muy difíciles de estimar) son a veces completamente aniquilados, destruidos.

El condicionamiento es una reacción automática aprendida y desencadenada por una señal. La educación es una serie de condicionamientos.

Desde los primeros aprendizajes, los más elementales, el condicionamiento se opera a nivel de la relación con los demás. El niño no solamente aprende a comer solo, a vestirse, a jugar, “aprende” también la rigidez de sus padres, su ansiedad, su despreocupación, su dulzura, su severidad... Este aprendizaje que se sitúa como entretejido con el primero, lo desborda. Ante todo aprende a reaccionar ante las reacciones de los padres. Por ejemplo el niño comienza un juego, un ensamblaje de cubos. Por el hecho, del condicionamiento “sabe” que su madre le ayudará a terminarlo. Esta, en efecto, no puede soportar un “trabajo” que no esté terminado y quiere enseñar a su hijo que se debe llegar siempre hasta el final. Él resultado es casi inmediato. El niño espera a que venga y no termina nunca solo. Realiza numerosas actividades y empieza las siguientes sin terminar las primeras. No comprende por qué su madre se enfada ahora desde el momento que hace (y el también) lo que siempre ha hecho.

La aplicación de un principio educativo rígido que, por el hecho de su rigidez no tiene en cuenta las posibilidades del niño ni las leyes de su desarrollo, conduce así, las más de las veces , a un resultado inverso.

A un nivel más complejo del condicionamiento todos los “protagonistas” están condicionados y la menor señal provoca todo un proceso de conductas. Efectivamente el niño, condicionado al principio a las reacciones de sus padres, desarrolla a su vez conductas-respuestas que se automatizan. Los padres entonces presuponen ciertos comportamientos, provocadores a su vez de nuevas actitudes.

Los condicionamientos tienden cada vez más a automatizarse. Y no se percibe cada situación en lo que tiene de original y de singular sino a través del prisma deformante de las experiencias pasadas y de condicionamientos adquiridos. No quedan ya más que percepciones interpretadas. Nunca estamos “vírgenes” ante una situación, aunque sea nueva. Cada uno la siente a su manera según lo que ha vivido. Nuestro pasado colorea nuestro presente. Sin saber por qué nos sentiremos atraídos o repelidos por una persona hasta entonces desconocida. Luego nos extrañaremos al darnos cuenta que nos recordaba a una persona conocida desde nuestra infancia.

La característica esencial del condicionamiento es su irreversibilidad. Lo que se ha vivido, no se borrará jamás. Las nuevas experiencias solamente pueden añadirse a las antiguas; las bases de la personalidad construidas durante los primeros años prácticamente ya no evolucionarán. Y como dijo el poeta: “Todo pasa y todo queda, / pero lo nuestro es pasar”.

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