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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Fiscalidad del divorcio exprés

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
martes, 19 de septiembre de 2006, 00:04 h (CET)
Hemos escuchado el anuncio por parte del Ministerio que regenta Solbes, por el que se ofrecerán beneficios fiscales en la compra de vivienda por parte de los separados o divorciados. A ojo de buen cubero lo que se vende es un apoyo a esa divertida ley del divorcio exprés, que destroza la familia más rápidamente pero por otra parte el Estado te ayuda. Divertido si a la verdad nos atenemos, puesto que el que pasa por el divorcio exprés sin comerlo ni beberlo, pasa a una situación directamente y sin separaciones previas.

Esta situación que no habla Solbes es que el padre separado pasa pensiones a los hijos, y a la madre si gana menos que él, quedándose con la vivienda la madre con los hijos. O sea, el caso más habitual de una sola casa con hijos y el padre gane más o no trabaje la madre, los jueces del divorcio exprés le pueden detraer entre el 35 al 65% de sus ingresos -según juez, día y ánimo del mismo- , y dejarlo sin casa. Este hombre en caso de hipoteca de la vivienda donde viven sus hijos, está obligado a seguir pagándola aunque no viva en ella, por lo que lo norma será que no tendrá suficiente para comprar otra vivienda. Ni un banco le ofrecerá una hipoteca, a ese divorciado expresamente por la ley. Qué beneficios fiscales serán esos que cuenta Solbes para la compra de vivienda, que no puede comprar uno y que la otra ya tiene por el divorcio exprés. La medida suena muy bien, pero podían preguntar a muchos expresdivorciados medios que tienen suerte de tener padres con vivienda para poder vivir en ella. A lo mejor se refiere a la compra de la minivivienda de 25 metros cuadrados que fomentaba la ministra de la Vivienda.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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