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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Vegetarianismo y cristianismo

Teresa Antequera
Vida Universal
martes, 19 de septiembre de 2006, 00:04 h (CET)
Sabemos que Santiago, el hermano de Jesús, el primer dirigente de la comunidad originaria de Jerusalén, era vegetariano. Esto está comprobado históricamente. Y así también hay párrafos del intercambio de cartas de los primeros cristianos que dan testimonio de que ellos tampoco comían carne. Se puede decir con seguridad que la mayor parte de los miembros de las comunidades originarias no disfrutaban de la carne.

Por ejemplo, leemos en cartas de Minucius Felix, un cristiano originario que en diálogo con Octavio le decía: «Tenemos tanto recelo por la sangre humana que ni siquiera conocemos la sangre de animales comestibles entre nuestras comidas».

Esto significa que para los cristianos originarios el 5° Mandamiento: «No matarás», tenía validez no sólo en relación con las personas, sino que también lo tenía respecto a los animales. Esto también lo comprueba el famoso historiador alemán Karlheinz Deschner en su libro «Y una vez más cantó el gallo», en cuya página 278 podemos leer lo siguiente: «Entre los ebionitas, que fueron los descendientes de la comunidad cristiano-originaria y que poco después serían declarados herejes y tampoco creían en la muerte de Jesús como sacrificio expiatorio, el pan y la sal eran los elementos básicos de la cena recordatoria del Señor, lo que incluso se ha declarado que constituye la forma más antigua de la eucaristía».

De Santiago, que era la principal autoridad de la Comunidad en Jerusalén, ha sido transmitido: «Él no tomó vino, ni bebidas alcohólicas. Tampoco comió carne». Además, en las traducciones se hace presente varias veces: «no llevaba túnica de lana, sino de lino, tampoco usaba sandalias de cuero». Esto muestra que estaba en contra de explotar a los animales.

En los escritos apócrifos –y «apócrifos» significa que no fueron acogidos en la Biblia– encontramos muchas citas que muestran que los apóstoles eran vegetarianos. Por ejemplo, allí se lee sobre Pedro: «Me sustento de pan y olivas, a las que sólo de vez en cuando añado alguna verdura». O de Mateo: «Mateo se sustentaba de semillas de cereales, frutos de los árboles y verduras, sin carne». De Juan se ha transmitido lo siguiente: «Juan nunca probó la carne».

Pero también los padres de la Iglesia dan testimonio de que en el cristianismo originario no se consumía carne. Por ejemplo, Juan Crisóstomos: «Entre ellos no corren ríos de sangre, no descuartizan ni despedazan carne. Donde ellos no se hallan los terribles olores de comidas de carne, no se escuchan alaridos ni ruidos desoladores. Sólo prueban el pan, fruto de su trabajo, y agua que proviene de una fuente pura. Si desean una comida más abundante, sus exquisiteces son frutas, y se sienten tan satisfechos como ante una mesa de reyes».

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