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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Política de tierra quemada

Santi Benítez
Santi Benítez
domingo, 17 de septiembre de 2006, 22:19 h (CET)
Es posible que una de las imágenes más tremendas que recuerdo de mi niñez sea haber visto como los montes del centro de la isla de Gran Canaria se carbonizaron en sólo una noche, allá en XXXX. Y lo recuerdo bien porque nos pasamos casi dos días subidos en aviones para llegar a la isla y encontraros con los tocones ennegrecidos de los árboles, la tierra cubierta de cenizas y ese olor a muerto que deja el fuego. En aquella época los propios vecinos apencaban con cualquier cosa que estuviera a su alcance, desde baldes de agua a ramas, para apagar, por sus propios medios los incendios. No habían cuadrillas y ni siquiera existía el más mínimo plan de contención. Sólo la ciudad de Las Palmas tenía un equipo de bomberos y tardaban casi dos horas en llegar a la cumbre, aparte de que simplemente contaban con un viejo camión de manguera que transportaba unos cuantos litros, pocos, de agua.

Las cosas han cambiado desde entonces. Existen cuadrillas anti incendios que hacen guardia desde los puntos más altos de la cumbre, incluso de noche, que retiran periódicamente lo que por estos lares se conoce como pinocha; las agujas secas de los pinos, existen planes de contención y los aviones y helicópteros cisterna se desplazan a cualquier parte del archipiélago en cuestión de minutos, como ha sido el caso de El Hierro. Además, no se duda en movilizar incluso al ejército cuando es necesario para participar en las tareas de extinción.

En este artículo no voy a explayarme en la precaria situación laboral de las personas que trabajan en las cuadrillas que trabajan en esta isla, dependientes, en su inmensa mayoría, del Cabildo de Gran Canaria gobernado por el PP, aunque alguien debería romper una lanza por esta gente que trabaja muchas horas en condiciones infrahumanas – por ejemplo, la persona que hace guardia de noche en lo alto de una cumbre lo hace a la intemperie. Lo que si quisiera es dejar claro que si se produjera un incendio como el de XXXX, y no hubiera efectivos suficientes porque el PP, por razones "políticas", dilatara en el tiempo las contrataciones, es muy posible que el Señor Soria, Presidente del Cabildo grancanario, tuviera que abandonar la isla ante un inminente peligro de linchamiento.

Ya el año pasado el PP intento sacar rédito político de la muerte de once personas pertenecientes a una cuadrilla que trabajaba en Guadalajara con efectivos bajo mínimos gracias a los sucesivos recortes presupuestarios que, durante sus desastrosas legislaturas, fue realizando el PP. Tampoco voy a entrar en la petición de ayuda hecha a la Comunidad de Madrid, en donde Doña Esperanza Aguirre dio la callada por respuesta. Esta panda de impresentables tuvo la cara dura de pedir hasta una comisión de investigación parlamentaria por aquellas muertes, producto, a todas luces, de años y años de reducir efectivos en la medida que se reducían las asignaciones presupuestarias. Para ser exactos, más de un treinta por ciento entre 1996 y el 2004.

Ahora nos encontramos con que, ante un Verano terrorífico en cuanto a incendios en Galicia, el PP pidió a los Ayuntamientos en los que gobierna que dilataran la contratación de efectivos. Se podrá decir y elucubrar lo que se quiera, pero si alguien niega que la razón para ello fue que, en caso de incendio, no hubiese los suficientes efectivos en una Comunidad Autónoma en la que perdieron el gobierno, miente como un bellaco.

No sé si alguien pagará, políticamente hablando, tamaña barbaridad, es más, no me interesa. Lo que sí sé es que alguien debería pagar en los tribunales, y de forma penal, la dejación de responsabilidades; el haber puesto en peligro las vidas de las cuadrillas al estar bajo mínimos porque al politicucho de turno le dio la gana, haber puesto en peligro las vidas, casas y pertenencias de los ciudadanos que han sufrido esos incendios, y el costo medioambiental. Estos "señores" tienen que aprender, de una vez por todas, que España no es su feudo privado, que Los Santos Inocentes es sólo un buen libro que refleja el pasado, no el futuro de este país.

Tanta culpa tiene el que prende la llama como el que se queda mirando mientras todo arde sin siquiera orinar, sobre todo si su responsabilidad es esa, como mínimo, orinar. Y sino lo hace, algún juez debería bajarle los pantalones, digo yo.

Suena de fondo "Light my Fire", de The Doors.

Buenas noches, y buena suerte.

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