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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Tonto el que trabaje

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 17 de septiembre de 2006, 22:19 h (CET)
Conste que muchos no necesitábamos que viniese la OCDE a decirnos que la Educación en España va mal. Los que trabajamos en las aulas lo vemos todos los días, lo comprobamos permanentemente en nuestro esfuerzo diario. Carecíamos de las cifras exactas, ésas que nos dicen que el 30% de los alumnos repite secundaria y que el 30% de todos ellos abandona sus estudios antes de tiempo. No sé quién es el culpable, probablemente todos aquellos que de una manera u otra participamos en el sistema educativo tenemos mucho que ver en ello, cada uno en un grado diferente según su responsabilidad, según su posición en el organigrama educativo.

Pero hay algo de lo que toda la sociedad es corresponsable en igual o parecida medida: el absoluto desprestigio del esfuerzo. La sociedad civil española carece del sentido de la responsabilidad, es algo que no hemos sabido transmitir a nuestros hijos, hemos creado la impresión de que todo nos ha de ser otorgado porque sí, sin méritos, trabajo ni dificultad; hemos fabricado la falsa impresión de que todo se nos debe porque entra en nuestros derechos, hemos creado una sociedad hedonista en la que conceptos como esfuerzo, trabajo, sacrificio y obligación carecen de valor. Tonto el que trabaje.

Está en nuestro ambiente que lo importante es divertirse y gozar de la vida, que lo fácil es llegar al éxito, a cierto tipo de éxito, que lo importante y trascendente es divertirse y ser permanentemente irresponsables. Nuestras televisiones están llenas de personajillos de medio pelo cuya vida, o aquella parte que nos enseñan, aparece como ejemplo que se ofrece a los demás en medio de brillos, colorines y luces refulgentes. La dolce vita inunda la sociedad, trasciende la escuela y llega a multitud de hogares en los que la idea que se trasmite a los chavales es ganar mucho dinero cuanto antes. Se echa de menos un cierto sentido trascendente de la vida.

Se nos ha llenado la cabeza con ideas, muy válidas por otra parte, sobre nuestros derechos, pero nadie nos ha hablado suficientemente de nuestras obligaciones. Todos tenemos derecho a todo, todos sabemos enumerar nuestros derechos pero nadie ha realizado el mismo hincapié en recordarnos nuestras obligaciones y compromisos con los demás y con nosotros mismos; que no nos hablen de nuestras obligaciones, no, no. Sólo una minoría selecta de padres parece haber comprendido esto y lo trasmite a sus descendientes. Por cierto, ¿tomaron ustedes nota la semana pasada de la barbaridad de dinero que los padres españoles entregan como propina a sus hijos? Pues eso, viva la vida, cigarras.

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