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Poesía en abastos

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 17 de septiembre de 2006, 22:19 h (CET)
Son las 6,30 de la mañana, suena el despertador con insistencia hasta que de un manotazo alcanzo el botón que hace enmudecer ese timbre que se mete hasta lo más hondo de mi cerebro indicándome que ha finalizado ya la hora del descanso y comienza un nuevo día. Unas horas antes me había dormido con la radio en marcha, había dejado puesta una emisora donde es posible escuchar buenas y antiguas canciones pero en el fragor de la duermevela nocturna algún roce hizo que el dial se desplazará y es la voz de Jiménez Losantos quien desde la emisora de los obispos me da la bienvenida a un nuevo día. Así que entre tantas malas noticias, ya saben, ruptura de España, el “maricomplejines” de Rajoy, Federico dixit, que no pone lo que hay que poner encima de la mesa, lo malos que son los periodistas de ABC y lo buenos que son los que escriben bajo la égida de Pedro J. y los misterios de la confabulación etarra-islamista-socialista para robar al Partido Popular la propiedad del cortijo que tenían en Moncloa me miro al espejo del baño con cara de crispado pensando que vivo en un país diferente al que con el dinero del episcopado, ¿o es nuestro? se reseña cada día. Menos mal que al rato suena el intercomunicador del patio y me anuncian la llegada de un libro de poemas. Y pienso que, al menos, la poesía servirá para quitarme toda esa crispación que me han puesto encima de buena mañana.

Hace más o menos un año el Ayuntamiento de Valencia, por medio de la Junta Municipal de Abastos, tuvo la idea de convocar un concurso de poesía con el titulo de “Poesía en Abastos”. Había que enviar un poemario con un máximo de 300 versos y el jurado tendría en cuenta además de la calidad global la capacidad del poemario para comunicar a través de su lectura en recital para público en general. Vistas las bases y dado que siempre he sido de la opinión que los poemas deben llegar al lector sin que a este le sea necesaria la utilización del diccionario para su comprensión decidí enviar mi poemario “De recuerdos y exilios” y es el que hoy ha llegado a mis manos, en forma de libro, junto con los de los otros cinco premiados.

Lo interesante de esta convocatoria, además de la edición, ha sido que a lo largo del 2006 los seis premiados junto con otros poetas invitados y con más renombre hemos leído nuestros versos a un público no especializado pero sí amante de la poesía. En cada lectura entre cincuenta y setenta personas de toda condición y edad han acudido a la Biblioteca Eduard Escalante para escuchar unos versos que, generalmente, hablaban de la vida cotidiana. Mis compañeros de edición son Carolina Otero Belmar, José López Martínez, José María de Juan Alonso, María Calvo Palomares y Miguel Ángel Ríos Padilla. Hombres y mujeres de toda edad y condición, el más mayor nacido en 1938 y la más joven en 1979. Se han utilizado las dos lenguas oficiales en esta Comunitat tanto entre los poetas ganadores como entre los poetas invitados y cada cual ha hablado en la que le era más propia, incluso en los coloquios, sin ninguna clase de problema. Todo ello ha sido posible gracias a Vicent Camps un funcionario municipal que se ha desvivido para que todo llegara a buen puerto.

El titulo de mi poemario “De recuerdos y exilios” viene dado por el contenido del mismo. Son poemas de mi infancia y adolescencia, de ahí los recuerdos, y el exilio fue voluntario, por amor, y en los poemas se reflejan mis recuerdos de los verdes de los valles de Andorra y la sequedad de Los Monegros. A continuación les dejó una muestra de una poema que podría ser reescrito cada día:

DIES IRAE

Ruanda, Ogaden, El Zaire

como antes Hiroshima, el Maine, o Nagasaki,
Sarajevo, Timor, Kosovo
Como fueron Brunete, el Ebro, las Ardenas,
Chechenia, Belfast y las calles del Harlem,
No olvidemos Treblinka, los muros de Paterna,
Saigón, El Salvador, Kabul.

¡ Oh Dios ¡ cuanta geografía triste
aprendida en los atlas más duros

De la guerra.


La poesía me sirve, aunque sean malos tiempos para la lírica, para dejar atrás tanta mala baba como nos hacen tener a lo largo del día. Cada noche, antes de dormir, me acerco a Benedetti o Ausiás March, a Neruda o Martí Pol, a Octavio Paz o Gabriel Ferrater. Lo malo es cuando al despertar el dial se ha movido y escucho la voz de Federico, y no precisamente la de García Lorca.

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