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Rusia como una superpotencia petrolera, ¿una ilusión?

Alexander Pogorelsky
Redacción
domingo, 17 de septiembre de 2006, 10:32 h (CET)
Cierta coincidencia de circunstancias que hizo subir los precios de los agentes energéticos, determinó la vida no sólo de Rusia, sino también de todos los países limítrofes.

De grado o por fuerza, dichos Estados se vieron involucrados en la órbita económica de Rusia. En este contexto se hicieron ilusiones de que ese boom iba a ser eterno. De ahí provienen las ideas sobre la predominación y la superpotencia energética, de que sería posible imponer sus reglas del juego no sólo a los vecinos, sino, en principio, a Europa y a otros grandes Estados.

En realidad, es un error muy peligroso. Los propietarios de materias primas jamás impusieron su voluntad a los demás. Equivaldría a que Honduras, al aprovecharse del desequilibrio en la producción del plátano en el mercado mundial, se proclame gran superpotencia bananera. Pero existen profundas diferencias. En el plano histórico Rusia es una superpotencia tanto por sus aspiraciones como por las probabilidades. Sin embargo, es imposible pretender mucho utilizando como as ganador solamente su complejo petrogasífero.

Actualmente Rusia es un inmenso mercado para los productos de toda la CEI (Comunidad de Estados Independientes). Al mismo tiempo, Rusia produce mercancías que necesitan los países de la Comunidad; posee un gran atractivo para la migración y, por último, es un colosal centro cultural. La población de las ex repúblicas soviéticas sigue viendo películas rusas y leyendo novelas rusas. Y es imposible subestimar ese fenómeno.

A este respecto, conviene recordar la parábola sobre una vaca mala, según la cual no es buena la vaca que no da leche. La peor de las vacas es la que da un cubo de leche y, al instante, la vierte de una coz. En varias ocasiones Rusia se porta como la peor de las vacas en las relaciones con sus vecinos. Procede señalar que su conducta se refleja también en la política interior del país.

Conviene preguntar: ¿por qué Polonia se adelanta a Rusia en el espacio postsoviético, particularmente, en Ucrania? Porque desde el principio mismo los polacos consideraban como naciones las repúblicas soberanas, sea en proceso de formación y desarrollo. Y Rusia a lo largo de mucho tiempo ha tratado con espíritu de gran potencia a esos países, considerando a los líderes de los Estados independientes como una especie de dirigentes de las organizaciones regionales del partido. Ya va siendo hora de renunciar no sólo a las ambiciones prepotentes, sino poner cruz y raya a las deliberaciones sobre la Unión Soviética que se vio relegada al pasado. Eso equivaldría a exigir convertir la tortilla en pollo. De una u otra forma se vienen realizando los proyectos titulados de nuevos Estados independientes. A pesar de todo, Rusia tiene que respetar a esos países y su población.

Al hablar de los problemas que surgieron para Rusia en su desarrollo hay que reconocer que la dependencia petrolera precisamente crea situaciones escabrosas al país. Pues la Unión Soviética se desintegró no sólo porque abusaba de los mecanismos de fuerza dura y se involucró en la guerra desmesurada en Afganistán, sino ante todo porque se intoxicó con la droga del petróleo.

Hoy todos los integrantese la CEI están comprometidos. De Rusia el dinero a través de los obreros extranjeros que vienen a trabajar a Rusia y el obtenido por los suministros de mercancías se transfiere a los países limítrofes. Al mismo tiempo, no se debe echar de la cuenta el peligro relativo al descenso de los precios del crudo por la mera razón que de vez en cuando los precios pueden bajar, lo que para Rusia sería un rudo golpe. Pero para muchos países de la CEI esto degeneraría en una crisis. Baste imaginarse por un minuto que el 10% de la población de Tayikistán –fuertes hombres adultos- regresen sin dinero a la patria, sin perspectivas algunas de sobrevivir. ¡Cuánta sangre sería derramada!
Procede señalar que las ilusiones respecto a los recursos naturales rusos encierran también un grave peligro. Ante todo, Rusia no es tan rica en recursos naturales como parece. Dos tercios de esos recursos se encuentran en regiones de difícil acceso y un tercio, en el zócalo. No hay tecnologías de licuar el gas. Rusia no puede administrar libremente sus recursos porque depende de los suministradores. Los oleo- y gasoductos rusos suministran combustible a Europa. Eso es ahora. Pero si los compradores hallan un mercado alternativo, Rusia se convertirá en rehén de sus propios esquemas contratuales. Naturalmente, de ninguna manera debe Rusia renunciar a la riqueza petrolera donada por Dios y las investigaciones efectuadas en la época soviética. Pero sería ingenuo pensar que explotando esa riqueza se pueden desarrollar también los sectores alternativos de la economía: la industria transformadora y muchos otros. En general, ¿por qué no se puede abarcar todo? En eso precisamente consiste el error cometido por la URSS: tender el oleo-y gasoducto de mar a mar para poder competir con enormes buques cisternas que tardan mucho en alcanzar las costas al otro confin del país, lo que de hecho resultó más barato. En resumidas cuentas, Rusia se enfrasca en grandiosos proyectos que exigen energías colosales.

Actualmente Rusia tiene que desarrollar la ciencia y las investigaciones ante todo en el ámbito del complejo de combustible como garantía de que los procesos basados en éste sigan siendo ininterrumpidos.

Hay que reconocer honradamente que tal vez Rusia haya perdido para siempre una etapa de desarrollo industrial. Después de que China y la India comenzaron a progresar a una velocidad inverosimil, se redujeron mucho las posibilidades de Rusia de competir con ellas en el mercado exterior.

En lugar de los proyectos supercostosos, es necesario dar prioridad al desarrollo del potencial intelectual. En primer lugar, hay que prestar atención a la instrucción que ha de ser reformada a fondo y, lo que no es menos importante, a la educación. El éxito o el fracaso de Rusia en la creación de un modelo social atractivo dará respuesta a la interrogante de si seguirá siendo Rusia centro de atracción para los países que formaban parte de la ex Unión Soviética para que cada familia kazaja (promedio estadístico) sueñe con enviar a su hijo a estudiar no a Londres o París, sino a Moscú o San Petersburgo. Eso sí sería un auténtico logro.

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Alexander Pogorelsky, director del Instituto de Europa Oriental, para RIA Novosti.

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