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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

México y Bolivia

Isaac Bigio
Isaac Bigio
domingo, 17 de septiembre de 2006, 03:48 h (CET)
El 1 de diciembre de 1934, por una extraña coincidencia, juraron a su cargo nuevos presidentes: Lázaro Cárdenas en México y José Luis Tejada en Bolivia.

En México, Cárdenas duró en ese cargo seis años, hasta el 1 de diciembre de 1940. Inauguró una era en la que México tuvo doce presidentes —todos ellos electos por un sexenio exacto—, que acababan y terminaban en el puesto en esa misma fecha, que nunca fueron reemplazados por un vicepresidente ni por un golpe militar o parlamentario, y que nunca más fueron reelectos.

En Bolivia, Tejada fue nombrado presidente por un golpe, y el 17 de mayo de 1936 fue depuesto por otro cuartelazo. Duró sólo un año y medio. Desde entonces hasta hoy, Bolivia ha tenido 45 gobiernos distintos: un promedio de uno cada año y medio. Ninguno ha sido como en México; la mayoría de ellos fueron nominados o depuestos por golpe, huelgas o acción parlamentaria.

De todas las naciones latinas, México tuvo el sistema más estable y continuo, mientras que Bolivia ha tenido el más inestable.

Mas, hoy en México se ha quebrado la base de su modelo basado en el ‘partido único revolucionario’. El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó de 1928 al 2000, primero reemplazó la economía nacionalista, que había creado, por una de libre comercio con EE.UU., y luego se convirtió en tercera fuerza.

México ha pasado de un nacionalismo ‘unipartidario’ a un ‘liberalismo’ multipartidario en el cual dos candidatos se proclaman vencedores. Mientras el 1 de diciembre próximo Felipe Calderón jurará como presidente, Andrés Manuel López Obrador lo desconocerá planteando un ‘gobierno paralelo’. Esto podría abrir la posibilidad de que México vaya adquiriendo algunos rasgos que se han visto en Bolivia, donde muchas veces las calles pasan a tener tanto o más poder que el Congreso.

Bolivia, en cambio, atraviesa por un proceso en el cual busca cambiar un sistema basado en una economía de libre comercio (México fue ejemplo en el continente al firmar el tratado de libre comercio con EE.UU. en 1994) y de democracia con muchos partidos chicos. Morales emula a Cárdenas (quien nacionalizó los carburantes y desarrolló reformas agrarias y sociales) y quisiera que Bolivia fuese dominada por un ‘partido revolucionario’ que monopolice el poder y acentúe cambios ‘antiimperialistas’.

Este 1 de diciembre Calderón querrá jurar por un sexenio, aunque los ‘lopiztas’ querrán que él sea como el liberal boliviano Tejada: alguien que no dure mucho en su cargo. En Bolivia, en cambio, Morales quiere una nueva Constitución que establezca un sistema tipo Cárdenas.

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