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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La risoterapia

Francisco Arias Solís
Redacción
domingo, 17 de septiembre de 2006, 10:32 h (CET)
“Y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.”


Manuel Machado

Al fin una noticia concerniente a la alegría de vivir. La risa sirve para algo más que para poner en solfa nuestra propia sombra y la del vecino. La risa sirve para curar múltiples patologías y supone según los expertos, un beneficio para el funcionamiento de ciertas partes del organismo. La “risoterapia” (así se llama la nueva técnica de terapéutica por risa) ha causado furor en Estados Unidos y los hospitales ya tienen personal contratado entre el mundo de los payasos y chistosos y proyectan películas cómicas a determinados enfermos. Como la realidad americana no debe producir mucha hilaridad, de ahí que se busquen profesionales del sector para que la cosa sea lo más científica posible.

Sin embargo, en España, que nos reímos de casi todo, no hemos acabado de entrar en el tema de las virtudes terapéuticas de la risa. La razón del retraso puede residir en el abuso que los canales televisivos hacen del chascarrillo, lo que obliga a los españoles a tener puesta la máscara de la risa hasta en la vida íntima y ello mejora su salud de forma espontánea. Me pregunto, sin embargo, si aparte de los chistes televisivos existen en nuestro país motivos de risa que refuercen esta espontánea terapéutica. A primera vista ninguno. A segunda y tercera, muchos y muy variados.

Nuestra musculatura del aparato respiratorio puede verse mejorada al contemplar, por ejemplo, el enésimo caso de corrupción. Nuestra presión arterial puede relajarse de forma beneficiosa tras el discurso de algunos políticos. Los parados pueden sufrir un ataque de risa cuando ven que después de meses, incluso de años, buscando trabajo les ofrecen un “contrato basura” para un par de días. Los jóvenes que buscan vivienda pueden troncharse del risa cuando les dicen el precio del “pisito”. Los presos se morirán de risa cada vez que sale un corrupto de la cárcel, mientras ellos, permanecen allí de por vida, sin unos buenos amigos que le paguen las fianzas.

Estamos, pues, en condición de afirmar que motivos que induzcan a la risa no nos faltan y que por ellos se justifica que los expertos nacionales en “risoterapia” no pasen de la media docena. Ahora bien si las Comunidades Autónomas se deciden a incluir esta especialidad en sus catálogos de prestaciones sanitarias se abrirá un mercado laboral insospechable para los graciosos de turno.

Incluso aseguran los expertos que los ataques de risa tienen el mismo efecto que correr la milla urbana, con lo que puede truncarse definitivamente la incipiente inclinación de los españoles por el deporte y quedarnos todos sentados en un sillón a mayor gloria de nuestra salud. Por cierto, que los motivos anteriormente expuestos para la risa sirven también para llorar (de risa, claro). Que la risa mate a la alegría nos parece algo muy fácilmente experimentable. Y no sólo porque su mueca expresiva, con la contracción muscular del rostro, acaba en lágrimas –lágrimas de risa, llorar de risa-, sino porque en su viva expresión más viva la risa nos parece o se nos aparece como mueca dolorosa de muerte (nos morimos de risa). Y como dijo el poeta: “No te asustes compañera / que los hombres como yo, / si lloran, es de alegría, / si ríen, es de dolor”.

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