Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Etiquetas:   -   Sección:  

Ni la madre que la parió

Rafa García, Periodista
Redacción
sábado, 30 de septiembre de 2006, 22:00 h (CET)
A principios de verano, una joven de poco más de veinte años acudió en Burgos a una consulta ginecológica para pedir que le recetasen la píldora anticonceptiva. Necesitaba el tratamiento para poder gozar de su cuerpo en libertad, y con total relajación.

Todo hacía indicar que el encuentro médico – paciente sería breve, un mero trámite. Pero no fue así. La doctora, anteponiendo sus criterios morales a los profesionales, se resistía a atender la solicitud de la paciente. El ambiente se fue caldeando, hasta que con manifiesto desagrado, la ginecóloga no tuvo más remedio que claudicar. Dio su brazo a torcer después de la intervención del padre de la joven, que se encontraba en la sala de espera. Este ciudadano espetó a la doctora que no permitiría, bajo ningún concepto, que a su hija le ocurriera lo mismo que le había sucedido a él en la década de los ochenta. Como habrán adivinado, la protagonista de esta historia llegó a este mundo por sorpresa; sus padres, obviamente, se casaron “de penalti”.
Y es que aquella España era muy distinta a la que hoy conocemos; aunque ya empezaba a popularizarse el uso del televisor en color, la vida seguía siendo en blanco y negro. Entonces no se toleraba lo que hoy asumimos con total normalidad; yacer fuera del matrimonio era pecado, y que se enterara la vecindad, una vergüenza. Si había bebé de por medio, la embarazada quedaba rápidamente etiquetada. Términos como desvergonzada o puta podían ser pronunciados con total naturalidad por el cabeza de la familia agraviada. Después de lustros y lustros de nacional – catolicismo, las cosas no podían ser de otro modo. No debemos olvidar que unos locos con pistolas y uniforme intentaron dar marcha atrás a la máquina del tiempo el 23 de febrero de 1981, asaltando por la fuerza el Congreso de los Diputados, cuando se votaba la investidura como presidente del Gobierno de Leopoldo Calvo – Sotelo.
La represión social resultaba asfixiante, aunque nuestro país estaba convocado a un cambio cívico y político. La abrumadora victoria de Felipe González en las elecciones generales del 28 de octubre de 1982 supuso el pistoletazo de salida de una carrera que había de protagonizar la juventud más vanguardista de la época. La “movida madrileña” se puso al frente, enarbolando las banderas de la rebeldía y la libertad. Las generaciones más veteranas, y los jóvenes menos avanzados, asistían atónitos al comienzo de un nuevo tiempo.
Una nueva época que en materia sexual tardaría en llegar, porque no todos los jóvenes residían en Madrid, o pertenecían a la “movida”. Y porque los más veteranos necesitaban tiempo para poder digerir tan sustanciales cambios de costumbres.
En 1989 se produjo un hecho sin precedentes: el Gobierno, en un intento desesperado por frenar el avance mortal del SIDA, puso en escena una generosísima campaña de publicidad titulada “Póntelo, pónselo”. Por primera vez se hacía un alegato institucional a favor del preservativo, en el que la mujer tenía un papel activo. Las chicas no sólo debían incitar a sus parejas al uso del profiláctico; si era preciso, debían pasar a la acción, y ponerlo ellas con sus propias manos. El escándalo fue mayúsculo, y la ministra promotora de la campaña, Matilde Fernández, se convirtió en el blanco de las críticas de los sectores más reaccionarios. A partir de ese momento, muchos se refirieron a ella como “Matilde condones”. La promesa de Alfonso Guerra parecía cumplirse; a España no la iba a conocer “ni la madre que la parió”.
Con episodios de este tipo, con el paso del tiempo, con las nuevas ideas llegadas desde la Unión Europea, y el incremento del nivel cultural de los españoles, se ha podido llegar a esta nueva situación, en la que con total naturalidad, un padre acompaña a su hija al ginecólogo para solicitar la píldora anticonceptiva. No digo que esto ocurra en todas las familias, pero lo que sí afirmo es que antes no sucedía en ninguna.
Los tiempos han cambiado, y también la mentalidad de las personas. Les referiré un ejemplo que conozco bien. Hoy es muy permisiva en material sexual una señora llamada Petra, que se encuentra al borde de la jubilación, y que otrora se mostraba con excesiva intransigencia. Hace treinta años, esta señora coincidió en Bilbao con una prima suya, viuda, con cinco hijos, y que en su día se había casado embarazada. Tenía cinco vástagos y algo más, porque la prima en cuestión estaba nuevamente embarazada, y dispuesta a casarse otra vez por la vía rápida. Petra, al contemplar la espectacular tripa de su prima, comenzó a amonestarla con vocablos muy fuertes. La embarazada, acosada, se defendió diciendo que únicamente se había acostado una vez con el hombre que la había dejado encinta. Petra, colérica gritó: “no me mientas, ¡semejante bombo, no puede ser de una sóla vez!”

Noticias relacionadas

De Guindos niega que la sombra de la financiación ilegal ponga en riesgo al Gobierno

Sostiene que la publicación de los papeles no afectará a España en los mercados

Solana espera que la trama Bárcenas no haga caer al Gobierno

El exministro socialista es partidario de que se produzcan dimisiones cuando hayan imputaciones

Rajoy abandona la cumbre europea sin articular palabra sobre Bárcenas

Ha pedido esperar a la rueda de prensa posterior al Consejo europeo

El estado de salud de Mandela es "crítico"

Los médicos califican de falsa las noticias de un supuesto infarto

El Gobierno reabre la plaza Taksim tras el violento desalojo

La Policía impide todavía el tráfico rodado
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris