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¿Necesita el mundo una nueva estación espacial?

Andrei Kisliakov
Redacción
sábado, 16 de septiembre de 2006, 00:11 h (CET)
Al parecer, por fin, la suerte si no sonrió, al menos dejó de burlarse del principal programa espacial internacional: Estación Espacial Internacional (ISS en sus siglas en inglés). El transbordador norteamericano de turno se acopló felizmente con la ISS y en breve a esta llegará una nueva, ya 14ª, expedición a bordo de una cosmonave rusa.

Por ahora no hay problemas. ¿Y mañana? Mejor dicho, pasado mañana, en el año 2015, cuando comenzará la verdadera labor. Pero entonces precismente Rusia planea desplegar la propia estación orbital de altas latitudes bautizada “Mir-2”. ¿Para qué? Naturalmente, a este respecto ya existe una aclaración del Roskosmos.

Lo determinan, en particular, varias manifestaciones hechas a finales del verano por represantantes de la cosmonáutica rusa.

Ante todo, procede señalar que al intervenir en el V Congreso Aeroespacial Internacional en Moscú, el subdirector del Roskosmos, Vitali Davydov, dijo que la construcción del segmento ruso de la ISS culminaría en 2011 con el lanzamiento de un módulo de configuración científica. Sin embargo, en la citada intervención Davydov apunta que “en el período comprendido entre 2016 y 2025 se proyecta concluir la explotación de la ISS...”.

En principio, los plazos que ascienden a una década, asombran, pero pone en guardia la posibilidad de poder trabajar a pleno rendimiento en la estación solamente 4 años o tal vez menos. Además, sería difícil hablar de una labor seria y, con más razon, hacer planes grandiosos, cuya realización requiere al menos diez años, cuando de un día a otro podrá comenzar el proceso de desactivación de la ISS.

Entretanto, apelando al citado Congreso, el jefe de la mayor corporación espacial rusa “Energuia”, Nikolai Sevastiánov, esbozó las perspectivas del uso del complejo orbital como plataforma de despegue de las expediciones tripuladas interplanetarias precisamente en el período de 2011 a 2015, cuando se preve realizar cuatro expediciones a la Luna a bordo de la cosmonave modernizada ”Soyuz” lanzada desde la ISS.

Cabe señalar que solamente la última expedición presupone desembarcar a cosmonautas sobre la superficie del satélite de la Tierra. Dicho en otros términos, podemos decir que las verdaderas exploraciones conforme al programa lunar ruso que últimamente es objeto de acalorados debates en la entidad “Energuia”, no comenzarán antes que ¡el programa que preve precipitar la propia ISS en el océano!

Hoy no vamos a examinar el aspecto internacional del programa de la estación, señalando solamente que, sin lugar a dudas, los recursos financieros rusos no serán suficientes para utilizar en pleno volumen el complejo con los fines científicos, sin hablar ya de las expediciones pilotadas.

Sin embargo, el Roskosmos quiere organizar el trabajo según su propio plan. A continuación mencionaremos lo dicho en el Congreso por Anatoli Permínov, dirigente de esa entidad:

“En los años 2016-2025 se proyecta concluir la explotación de la ISS y comenzar a idear una nueva infraestructura orbital tripulada que tenga por base una estación espacial pilotada multipropósito de altas latitudes.

La creación de tal sistema con la inclinación orbital de un 70%, aproximadamente, asegurará la vigilancia de todo el territorio de Rusia y de las regiones adyacentes, mientras que ahora el segmento ruso de la ISS permite vigilar en total del 6 al 7% del territorio del país. Esto hará posible aumentar en decenas de veces el volumen de las tareas que se cumplen en interés de un amplio sector de usuarios rusos. Se prevé crear a bordo de esa estación la producción experimental industrial de materiales, preparados y sustancias con las propiedades imposibles o difíciles de conseguir en la Tierra, desarrollar los métodos de monitoreo de la Tierra desde cosmos en interés de la economía y las necesidades sociales, así como asegurar el uso de los resultados de las investigaciones y experimentos con fines comerciales. Además, en el citado período serán ensayadas las tecnologías capaces de asegurar el envío de expediciones interplanetarias a la Luna y Marte”.

Resulta que a un mismo tiempo se ensayarán las tecnologías y se construirá una nueva estación vinculada, no sabe de qué manera, al complejo internacional. Pero el problema principal se refiere a los recursos relacionados con esa labor. A decir verdad, el Roskosmos no descarta “la participación de partenaires extranjeros en el proyecto de crear una estación exclusivamente rusa que será bien acogida por nosotros”, hace constar con optimismo Igor Panarin, dirigente del servicio de prensa de la Agencia.

Sin tomar en consideración a Bielorrusia y Kazajastán, esos consocios más seguros y valiosos de Rusia en materia de la exploración del espacio, la “vigilancia de todo el territorio de Rusia” podría intersar solamente a los “caballeros de capa y espada” de los correspondientes servicios extranjeros. Pero dudosamente esto sea bien acogido.

A propósito, en lo relativo a la vigilancia, conviene preguntar: ¿será de veras necesaria esa vigilancia visual? Todo el mundo utiliza con éxito y obtiene dividendos de los satélites de teledetección y monitoreo de la superficie terrestre que trabajan en régimen automático.

El amplio uso de los satélites de configuración científica con fines comerciales y más aún, los satélites de comunicaciones crea, a la par con la adecuada financiación estatal, las premisas materiales necesarias para resolver con éxito los problemas globales en la esfera de la cosmonáutica.

Sin embargo, se da una prioridad mayor a los grandiosos planes en detrimento de la indispensable labor rutinaria. Por consiguiente, si el Estado no se inmiscuya en ese proceso, en fechas próximas los productores rusos de satélites de comunicaciones podrán ser incompetitivos en el mercado mundial.

Si esta práctica prosigue, no se logrará pasar por alto el problema relativo al futuro de la cosmonáutica rusa.

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