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Opinión
Etiquetas:   Reflexión   Política   Pedro Sánchez  

Las elecciones tragicómicas y el pírrico triunfo socialista

​Mención aparte merecen las maneras torticeras de las que se ha valido el PSOE para conseguir el voto de los españoles
Miguel Massanet
jueves, 14 de noviembre de 2019, 08:30 h (CET)

Cuando alguien no mide bien sus decisiones, no tiene previsto lo que puede pasar en una apuesta tan atrevida, incierta, inoportuna o innecesaria como es convocar una consulta pública, cuando se han tenido en las manos todos los resortes para poder formar un gobierno mayoritario, conseguir apoyos a poco coste o aprovechar las debilidades de los otros para ganar tiempo, fortalecerse y consolidarse en una posición de ventaja y, contraviniendo lo que dicta el sentido común, la más elemental prudencia y lo que las experiencias de otros han revelado como un error, un político se lanza a la palestra sin llevar puesta la armadura, con la lanza crujida y el yelmo del revés, no puede esperar que la fortuna le brinde el resultado que esperaba conseguir y debe de enfrentarse a la realidad que, en estos casos, suele ser especialmente dura con el temerario que lo intenta.

Hemos votado, hemos abierto las urnas y ¿que nos hemos encontrado en su interior? Dice la mitología griega que el dios de dioses Zeus, disgustado porque Prometeo había intentado robar el fuego divino para dárselo a los hombres, ordenó crear una mujer, extraordinariamente bella, que se llamaba Pandora y a la que se la dotó de múltiples cualidades y, entre ellas, el don de la mentira,. El propio Zeus le entregó una caja para que se la llevara cerrada a Epitemeo, hijo del titán Jápeto y de la oceánide Clímene. Pandora no sabía que el interior de aquella caja, que se le hizo prometer que no abriría, contenía todos los males capaces de contaminar el mundo de desgracias e, ignorante de ello, hubo un momento en el que no pudo contener la curiosidad y la abrió. Todo su contenido de males y desgracias se esparció por todo el género humano. Algo parecido se puede decir del resultado de estas elecciones que, si se programaron para que el PSOE saliera triunfante y con una mayoría, si no absoluta, al menos lo suficientemente importante y amplia para no tener que buscar demasiados apoyos para poder gobernar con comodidad; la triste realidad ha sido que, de las las urnas, no ha salido más que una endiablada combinación y atomización de distintas opciones políticas que, si antes ya fue imposible llegar a acuerdos para la investidura del señor Sánchez, no vemos como ahora, con tres escaños menos en lugar de la gran mayoría plebiscitaria que esperaba; con su apoyo preferido, Podemos, con un resultado peor que le ha hecho perder diez escaños; sin el recurso de apelar a un acuerdo con el partido de Ciudadanos, descabezado por la dimisión de Rivera y capitidisminuido por el gran batazo electoral, que lo ha dejado reducido a diez míseros escaños para afrontar la próxima legislatura y convertido en una formación inoperante para constituir un apoyo efectivo para el PSOE.

Sin embargo, aunque la derecha, como es habitual en ella, se ha perdido en disputas entre los partidos afines en su ideario, lo cierto es que ha conseguido unos resultados bastante favorecedores y que hubieran podido ser mucho más rentables si, en lugar de enfrentarse los unos a los otros, hubieran decidido aunar fuerzas. Vox, por la que nadie, cuando se puso en marcha este periodo electoral en el que llevamos extraoficialmente una serie de meses, hubiera apostado un euro en su favor, respecto, a sus posibilidades de conseguir un resultado como el que obtuvo en las elecciones autonómicas y municipales de Andalucía, ha dado el gran aldabonazo el plantarse como tercera fuerza política en el Congreso de Diputados con 52 escaños. Es evidente que un resultado de la derecha como el que se ha producido no era lo que se esperaban los socialistas que, aparte de perder más de 700 mil votos, han tenido que soportar la humillación de quedar por debajo de los resultados del pasado mes de Abril.

No saben perder, no son capaces de admitir sus errores y se mantienen en su postura soberbia supina, intentando aparentar que todo marcha sobre ruedas para su formación y que, si algo va mal, no es por culpa suya, sino que se debe a que los demás partidos no se prestan a colaborar con sus políticas. Tenemos que escuchar al señor Ábalos decir una memez semejante afirmando que si hay más paro es debido a la “confianza que ahora tienen los españoles en encontrar trabajo” y, señores, semejante barbaridad la dice nada más y nada menos que un señor ¡¡un ministro en funciones!! O, a la vicepresidenta en funciones, señora Carmen Calvo, pidiendo al resto de partidos que presuntamente van a formar parte de la oposición “que arrimen el hombro sin exigir contraprestaciones”. ¡Si señora y que todos renuncien a lo que estiman que son las políticas que mejor le podrían convenir a España, cuando la que ustedes, en materia de endeudamiento, déficit público y gasto público, con especial fijación en una aumento desproporcionado en gastos sociales que proponen, piensan poner en práctica, cuando el país se sabe que no está en condiciones de endeudarse más y ya se nos ha advertido desde Bruselas, en repetidas ocasiones, de que los números que el gobierno presentó ante los comunitarios, relativos al 2020, no cuadran de ninguna manera, pese a que el Gobierno ya ha anunciado importantes subidas de los impuestos.

Mención aparte merecen las maneras torticeras de las que se ha valido el PSOE para conseguir el voto de los españoles. Empezó por ir prometiendo mejoras a diversos colectivos, a aumentar salarios a funcionarios, a contratar a nuevos servidores públicos y a intentar venderse como el único partido que, con sus políticas económicas, estaba en condiciones de llevar a España, de nuevo, a sus épocas más florecientes. Todos los ministros, sin excepción, se han prodigado ofreciendo el oro y el moro e intentando desacreditar mediante supercherías, descalificaciones y falsedades a los partidos de derechas y manteniendo una postura hipócrita de no injerencia en los temas de Cataluña, pese a que lo que ha sucedido en dicha autonomía ha revestido una gravedad muy superior a la que, en las restantes ocasiones en las que tuvieron lugar alborotos semejantes en dicha comunidad, se produjeron. Su negativa a tomar medidas excepcionales para impedir la repetición de los desórdenes que han tenido lugar en toda Cataluña, su negativa a aplicar el 155 cuando era evidente la necesidad de acudir a una medida que sirviera para calmar la revuelta catalana y la desfachatez del ministro de Interior, señor Marlasca, que prefirió considerar los incidentes que incendiaron las calles de Barcelona como simples casos de desórdenes públicos, sin mayor importancia Y no olvidemos la actuación vergonzosa, tendenciosa, prevaricadora y contraria al fair play y honestidad con los que un organismo público debiera de haber actuado, ajustándose a la verdad, cuando se sacó de la manga unas encuestas electorales, trabajadas por el CIS, en las que se les concedía a los socialistas un abanico de 130 a 150 escaños y a las derechas un número evidentemente menor para que el contraste sirviera de propaganda para el PSOE, que era el que, evidentemente, salía más beneficiado. Esperamos que su petición de dimisión sea lo primero que se haga para sacar, de un órgano tan prestigioso como era el CIS, a un personaje que ha utilizado su cargo para intentar perjudicar a los rivales de los socialistas mediante sus artimañas y trampas.

Doscientos millones de euros gastados inútilmente para que España, una vez más, se encuentre en una situación comprometida sin ninguna garantía de que, así como han quedado las cosas, exista alguna posibilidad lo suficientemente clara para que, de esta nueva etapa, surja una persona con verdaderas posibilidades de salir investido para hacerse cargo del gobierno del Estado español. ¿Cuánto tiempo se calcula que va a tardarse en que el Rey decida proponer a un nuevo candidato para formar gobierno? Y ¿cuánto en que, el candidato, consiga los apoyos precisos para conseguir ser investido? Porque, señores, así como han quedado los partidos en los que se podía confiar para apoyar a Sánchez, va a ser difícil que la suma de escaños precisa se consiga y, máximum, si como parece querer insinuar el señor Sánchez, quieren que se apoye a su candidato, sin que ello suponga para ellos el tener que comprometerse a mantener unas políticas determinadas o existan algunos temas de carácter nacional que se conviertan en tabú para ellos a cambio del apoyo de otros partido o, simplemente, si se les pide su abstención en la sesión de investidura del candidato.

Me temo que las llamadas a la “responsabilidad” que con tanta frecuencia parece que hacen las señoras ministras en funciones, no suponen la aceptación del fracaso que significa para su partido el hecho evidente de que no solamente no ha alcanzado las metas previstas sino que, para mayor abundamiento, ha tenido que ceder tres escaños de los que tenían anteriormente. Resulta ofensivo, petulante, ridículo y absurdo que, en el PSOE, quieran escenificar la pírrica victoria que han conseguido como un gran triunfo y no tomen conciencia de que, con ella, se ha aumentado la gran división que se ha producido entre el resto de las izquierdas y las cuentas pendientes que existen, en la actualidad, entre socialistas y podemitas a causa de las humillaciones a las que fueron sometidos, estos últimos, cuando intentaban llegar a acuerdos con ellos para apoyar la investidura de Sánchez. Tiempo habrá para más comentarios y, con toda seguridad, motivos para que los españoles vuelvan a acusarse de votar sin valorar las consecuencias de hacerlo sin reflexionar sobre ello.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, hemos podido comprobar cómo somos capaces de tropezar “n” veces con la misma piedra, sin que las laceraciones que semejante accidente nos producen nos sirvan de recordatorio, de aviso y de escarmiento para que, en posteriores ocasiones, seamos más precavidos en la toma de nuestras decisiones. Porque, lo quieran reconocer o no, seguimos estando al borde del precipicio al que, las ideas cerradas, necias e irrealizables del señor Pedro Sánchez, acaben por llevarnos de nuevo, como en el 2011 Zapatero, a las puertas del crash económico.

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