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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

No se puede dialogar de lo indialogable

“La traición se comete muchas más veces por debilidad que por un designio premeditado de traicionar”, F. la Rochefoucauld
Miguel Massanet
jueves, 31 de octubre de 2013, 07:41 h (CET)
Cuidado, mucho cuidado con lo que se está gestando en las cloacas de la política. Los ciudadanos de a pie estamos con la mosca detrás de la oreja ante una serie de síntomas, medias noticias y preocupantes informaciones relacionadas con unos presuntos contactos, a través del señor Pérez Rubalcaba, entre el gobierno del señor Rajoy y el gobierno catalán. Sí, es verdad que está proliferando en determinados sectores políticos y puede que haya trascendido hacia aquellos ciudadanos más tibios, menos patriotas o contrarios a la unidad de España, la especie de que se buscan salidas al tema catalán por medio de algún subterfugio legal, una determinada interpretación sesgada de la Constitución o mediante la cesión a demandas de la Generalitad de un régimen económico especial para Catalunya, que limite su solidaridad con el resto de autonomías del Estado; sin embargo, nadie se lleve a engaño, cualquier cesión respecto de las demandas de los nacionalistas catalanes, no conduce a otro resultado que el darles alas en su empeño irrenunciable: lograr la independencia de España.

A estas alturas de la cuestión el que, el señor Rajoy y su equipo de gobierno, pudieran seguir pensando en que, cediendo a las demandas económicas o consintiendo por medio de alguna componenda política o cualquier tipo de consulta pública en Catalunya, pueden darle carpetazo a la cuestión independentista es que no tienen ni idea de lo que se está cociendo en esta olla a presión en la que la tolerancia, la pasividad, la incuria y la falta de una valoración precisa de lo que ha venido siendo el proceso catalán de adoctrinamiento, a las nuevas generaciones, en orden a la idea de que “España roba a Catalunya, de que el castellano es una lengua impuesta en contra del catalán y de que, la independencia, a pesar de lo que ellos llaman “la campaña del miedo” que se viene “!impulsando” desde Madrid, es la única salida para que, de verdad, los catalanes puedan librarse del “yugo” del resto de España; no se puede atribuir más que a ignorancia, temor a los resultados que se pudieran derivar de la aplicación de la Constitución y a la intención de sostener la equivocada idea de que, dejando pasar el tiempo y jugando al tancredismo, es la mejor forma de que se solvente, por aburrimiento, el problema catalán. Error tras error, ¡un grave fallo de apreciación!.

Resulta inaceptable que se siga hablando de diálogo, se insista en darle vueltas a un tema que no entra en el ámbito de la Constitución o se apele a mantener contactos, ya fueren secretos o ya fueren a través de la intermediación de Pérez Rubalcaba, con los nacionalistas del Gobern catalán ( no podría haber buscado el señor Rajoy a un personaje más atrabiliario, peligroso, desleal y sectario para un cometido tan peligroso, una misión tan difícil y un juego de tanta trascendencia para toda España); contactos que a nadie favorecen más que al señor Mas que, saca pecho ante los catalanes, y a sus amigos de ERC que, con el señor Junqueras al frente, son los que, de verdad, vienen manejando los hilos de la rebelión que, con tanto éxito mediático y de adhesiones, vienen capitaneando contra el resto de la nación.

La postura de perdona vidas, de exigencias, de desprecio hacia el Gobierno central, de insultos y desplantes, de incumplimientos de las sentencias de los altos tribunales de la nación, de actuar con independencia de los intereses de la nación y de enfrentamiento directo contra el Estado de Derecho, es un hecho que se puede contemplar a diario en el Congreso, donde se les permite que, con toda libertad, sigan declarando su intención de independizarse de España por medio de los más provocativos gestos y obscenidades, sin que ello parezca alterar en lo más mínimo a sus señorías, que se limitan a contemplar el espectáculo como si tales marramachadas no estuvieran dirigidas contra el orden constitucional. En verdad, mucho nos tememos que, en España, al menos por lo que afecta a nuestros políticos, ya no hay nadie que tenga lo necesario para salir en defensa de la legalidad. Se permite que, en las manifestaciones, aparezcan banderas republicanas, símbolos separatistas, se cuelguen de las ventanas esteladas catalanas y se quemen los símbolos de la nación, con el beneplácito e indiferencias de las fuerzas del orden que deberían ser las que impidieran tales desafíos. Les pido que se den un paseo por Barcelona y podrán comprobar como, en un gran número de edificios, la bandera separatista ondea en muchas de sus ventanas. ¡Eso sí, no se le ocurra poner la española o escribir un rótulo en castellano! Se expone a que lo multen o lo linchen.

No nos podemos imaginar qué tipo de acuerdo es el que está en la mente del señor Rajoy o de la pizpireta señora Vicepresidenta; tampoco podemos intuir el tipo de diálogo, de este diálogo que parece que proponen desde toda la prensa de la oposición o nacionalista, cuando las dos cuestiones que se ponen sobre la mesa son: una financiación especial para Catalunya ( que, naturalmente, supone olvidarse del principio de solidaridad y supondrá una reducción de las ayudas al resto de autonomías) y la creación de una entidad autónoma ( puede que incluso de carácter federal) o asociada con España ( según el modelo de Puerto Rico con los EE.UU), que según dispone la actual Constitución de 1.978, son imposibles y, para poder acceder a ello sería preciso cambiar la Carta Magna o someter a referéndum el tema catalán, para que fuera la totalidad de los electores españoles los que opinaran sobre el destino de Catalunya.

En todo caso, el señor Rajoy y su equipo, saben perfectamente que los que votamos al PP estamos en contra de tales manejos, entre otras razones porque, cuando se postularon para ocupar el Gobierno, ofrecieron una actitud inamovible, unas actuaciones firmes y radicales en contra de los nacionalismos excluyentes. En Catalunya somos muchos cientos de miles los ciudadanos, no la mayoría por supuesto, que merecemos que se nos tenga en cuenta, se nos apoye y se nos defienda; no sólo en cuanto a nuestra integridad física, sino también en nuestros derechos como españoles; de modo que nos podamos sentir tan españoles como lo podríamos hacer en Madrid, Salamanca o Andalucía. Catalunya no es un este jurídico, como pretenden aquí, que esté fuera de España, que pueda dictar normas en contra de los derechos constitucionales de los ciudadanos españoles que residimos en esta tierra; que nos impida expresarnos en la lengua de Cervantes o condicione sectariamente la educación de nuestros hijos. El PP no puede convertirse en un partido exclusivamente puesto al servicio de una cúpula que muchos consideramos que nos está engañando y que juega con nuestro futuro. Queremos apoyo.

España, por mucho que se quiera ocultar, está pasando por una reválida en la que se va a determinar si continuamos siendo un país libre, europeo, implicado en el mundo occidental y capaz de mantener su unidad, solidaridad, sus peculiaridades culturales, sus leyes y su Constitución a salvo de los intentos separatistas o revolucionarios, empeñados en alterar el orden y las libertades a las que tenemos derecho todos los ciudadanos españoles. Así es, señores, como, desde nuestra visión ciudadana, vemos con preocupación el rumbo al que nos conducen quienes nos gobiernan. O, al menos, así es como nos lamentamos de nuestras cuitas.

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